CATCHERGAYCETA C. – “CURA” INNECESARIA

Posted on julio 31, 2017, 1:44 am

RAÚL PIÑA*

Yolanda no sabe qué más hacer con «Mauricito».  La bruja «Samantha» le prometió que después de 4 limpias con hierbas traídas de Zacatlán y 13 velas encendidas en un cruce de caminos, a su hijo se le iba a quitar lo jotito.

Yolanda no ha visto ningún cambio en su hijo todavía. La hechicera sigue sacándole dinero en cada sesión y el jovencito no deja de mover las caderas como Miss en concurso y tampoco «amaciza» la mano como su madre le exige cada que lo ve platicar con sus compañeritos de clase.

“Samantha” ha encontrado una veta de oro en su ingenua clienta y no piensa dejarla ir.   Mauricito tiene apenas 12 años y seguro necesitará muchas sesiones más…

Leobardo regresa una vez más fastidiado de ver cómo su hijo Emmanuel no logra fajarse los pantalones y enfrentarse a sus compañeros de equipo en el futbol americano. Por más que lo anima, le grita, lo estimula y hace circo maroma y teatro, el chavito sigue siendo tímido y objeto de burla del resto de los jugadores. Emmanuel sufre cada que su papá lo lleva a entrenar y quisiera que esas dos horas pasaran rápido para irse a casa y peinarse frente al espejo haciendo mímica con las canciones de Selena Gómez.

Bertha no sabe qué hacer con su hija Claudia. Por más que le insiste que se ponga falda y se pinte un poco los labios, la adolescente prefiere jugar beisbol con sus vecinos y trepar árboles o andar en patineta como los “vaguitos” de la cuadra. Bertha no entiende que su hija, a los 14 años, no es igual a las otras niñas de su edad, pero insiste en verla como si tuviera futuro como modelo de pasarelas en Londres o Milán. No será así.

El pastor de su iglesia, ha prometido a los papás de Ramón que gracias a la palabra del señor y las oraciones, su hijo dejará de tener esos “malos” pensamientos y volverá al buen camino como todas las ovejas descarriadas de Dios. No estaría de más -sugiere el líder espiritual- practicarle una vez más un exorcismo. Dios y su misericordia ayudarán a esa pobre alma joven a ver la luz, conocer otra vida y buscar una mujer y tener hijitos como todos.

«Le vamos a curar esa sucia homosexualidad que no lo deja acercarse al reino de nuestro señor». Los padres de Ramoncito besan la mano del santo varón investido de verdad y gloria, y se retiran esperanzados en ver a su hijo «curado» de tan diabólica enfermedad.  No se van -obvio- sin dejar una buena cantidad de dinero para seguir con las «remodelaciones» de la iglesia. Dios bendiga su alma inocente.

Señoras, señores: ¡sus hijos no necesitan una «cura» para su homosexualidad! No es una gripa, no es un virus en el aire, no se “componen” en sus preferencias si ustedes le rezan a Dios, al Diablo o a la Virgen de la patita mocha. No se “enderezan” con llevarlos a jugar futbol, hacer karate o inscribirlos en escuelas militarizadas. ¡Por favor!  No es una enfermedad, no es un pecado, no es un castigo y mucho menos una prueba ni de Dios ni de nadie.

Por favor traten de apoyar a sus hijos e hijas, sean heterosexuales, homosexuales, bisexuales, transexuales o transgéneros, con todo el rigor del amor y de la comprensión que merecen por el simple hecho de habitar al igual que todos en éste planeta que nos ha tocado compartir.  Eduquemos a nuestros jóvenes a no temer, a ser gente de bien, a mirar de frente y a mostrarse orgullosos del camino que elijan.

Si logramos que nuestra juventud mantenga pasos dignos, lograremos que éste mundo sea un mejor lugar y que esté lleno de paz y de respeto entre quienes convivimos en él.

Amen a sus hijos con la misma intensidad con la que los procrearon. Un día se lo agradecerán a ustedes mismos.

***

* RAÚL PIÑA VÁZQUEZ. Raúl Piña es periodista egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Defensor irredento de los derechos humanos y de la diversidad, busca con su pluma abrir espacios, trincheras, tribunas que den voz a las minorías que buscan reconocimiento y respeto de parte de la sociedad.

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