CUARTO BAT – EL CLUB DE LOS AMARGOSOS

Posted on julio 03, 2017, 11:25 am

VALENTINA GUTIÉRREZ*

Todos queremos ser felices. Lo reconozcamos o no.

La felicidad no es una frivolidad ni un lujo. Es, más bien, dice la Organización de las Naciones Unidas, un profundo anhelo compartido por todos los humanos.

Es tan grande ese anhelo, que hasta existe el Día Internacional de la Felicidad.

La ONU publicó un primer reporte sobre el estado de la felicidad en el mundo –medida en realidad entre 155 países miembros- en 2012 y el más reciente en mayo pasado. En el nuevo ranking México cayó al número 25, luego de ocupar el sitio 21 en 2016 y el 14 en 2015.

¿Por qué los mexicanos somos cada vez más infelices?

Escurridizo concepto, la felicidad está considerada la medida adecuada para tasar el progreso social y trazar los objetivos de la política pública. Para saber qué tan feliz es una nación, la ONU mide seis variables: el PIB per cápita, los años de esperanza de vida, el apoyo social, la confianza (percepción sobre la corrupción en el gobierno y los negocios), la libertad percibida por la población para vivir y la generosidad.

En esa lista de resultados, México aparece con niveles de bonanza por arriba de países como Francia (sitio 31), España (34), Italia (48) y Rusia (49), a 11 puntos de distancia de Estados Unidos (ocupa el puesto número 14) y a 13 puntos de Costa Rica (ubicada en el sitio número 12). Sí, los ticos son los que sienten que viven más chido en América Latina.

Como me alineo del lado de los amargosos, busqué razones para la pérdida de la felicidad mexicana, un pueblo siempre tan alegre. Con tres indicadores tenemos, para no marearnos y perder horas/dicha:

La caída del PIB per cápita se ha mantenido año tras año: Si en 2014 la riqueza producida por habitante alcanzaba los 10 mil 831 dólares, en 2015 el valor se redujo a 9 mil 445 dólares y en 2016, de plano, a 8 mil 541 dólares.

Los mexicanos aspiramos a vivir más o menos 76-72 años, contra los 84 años de oportunidades que tendría un noruego, hoy por hoy el país más feliz de la Tierra, o los 79.4 de los habitantes de Costa Rica.

De acuerdo con el Índice de Percepción de la Corrupción 2014, de Transparencia Internacional, México estaba en el lugar 103 entre 175 países, con apenas 35 puntos de confianza de los 100 posibles. Ese año, también fue considerado el más corrupto de los 34 países miembros de la OCDE. Aunque en 2015 escaló a la posición 95, el año pasado la percepción sobre la corrupción lo hizo retroceder al sitio 123. No, la corrupción tampoco tiene freno.

(No pecaré recordando la inseguridad, la violencia, la impunidad, la eliminación de la Selección de México de la Copa Confederaciones 2017 ni mucho menos las inundaciones en Polanco).

La ONU se ha pronunciado en contra de lo que ha llamado la «tiranía del PIB», bajo el argumento de que importa más la calidad del crecimiento que la riqueza en sí. Les pregunté a un adolescente de 14 años y a un joven de 23 qué necesita México para que sus habitantes sean más felices y al unísono contestaron: “Dinero”.

Su interpretación es que se necesitan más puestos de trabajo (producción de riqueza), menos delincuencia (más seguridad), que no haya corrupción (eso sí, aclaró el de 23, ni del gobierno ni de la sociedad) y, de plano, “otro gobierno”.

México tenía en 2014 unos 123 millones de habitantes -–ahora seríamos 129 millones– y 55.3 millones de personas vivían en la pobreza según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

De acuerdo con las cifras más recientes del INEGI, 3.5 por ciento de la Población Económicamente Activa en México no tiene empleo (unos 330 mil mexicanos que están buscando trabajo), pero de los millones que sí laboran, el 57.3 por ciento tiene un empleo informal. Casi todos los trabajadores, el 94 por ciento de la población ocupada, ganan menos de 12 mil 166 pesos al mes.

Ya sobra abrumarnos pensando que tres cuartas partes de la población mexicana no tiene beneficios de seguridad social, y para qué amargarlos pensando que las estimaciones para las generaciones futuras son que se jubilarán con el equivalente al 30 por ciento de su último salario (otros no nos jubilaremos nunca).

Dice un dicho popular que el dinero no compra la felicidad, pero cómo ayuda. Quizá por eso, cuando en 2014 –éramos más felices que hoy día, recuerden– se aplicó la Encuesta Nacional de los Hogares, se estableció que la salud emocional de la mitad de los mexicanos ¡de siete años en adelante! no era buena, pues se habían sentido preocupados o nerviosos. Incluso una tercera parte había experimentado depresión.

En su mensaje de 2013, la primera vez que se celebró el Día Internacional de la Felicidad, la ONU dijo que “en todo el mundo las personas aspiran a vivir una vida feliz y plena, libre de temores y necesidades y en armonía con la naturaleza”. Pero aceptó: “sin embargo, el bienestar material básico sigue siendo difícil de alcanzar para demasiadas personas que viven en la pobreza extrema. Muchas más, están expuestas a la amenaza constante que suponen las crisis socioeconómicas recurrentes, la violencia y la delincuencia…”.

Por eso, mexicanos, yo no los culpo si de la nada, de repente –como quien no quiere la cosa–, sueñan que habrá una vez en que un ser muy bello viene y les planta un beso en la boca.

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* Valentina Gutiérrez es licenciada en Periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y maestrante de Periodismo Político por la misma institución. En tres décadas de ejercicio profesional ha nutrido su espíritu en redacciones de la Ciudad de México, Sonora y Tamaulipas.

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