CUARTO BAT – El PASAPORTE PARA EL ANTRO

Posted on junio 13, 2017, 6:28 pm

VALENTINA GUTIÉRREZ*

Pensando en voz alta, con el sabor amargo que deja la reedición del viejo cochinero electoral, y el poco caso que hacen los abstencionistas para ir a la urna y elegir, me pregunté para qué sirven los más de 85 millones de credenciales de elector que ha emitido el Instituto Nacional Electoral (INE).

¿Neta, sólo la queremos para identificarnos?

No hay trámite que no exija original y copia de una identificación oficial. La favorita es la credencial del INE, ya que no todos tenemos pasaporte, cédula profesional y mucho menos cartilla militar (las tarjetas de afiliación al IMSS, al ISSSTE o al INAPAM nadie las acepta).

David Alejandro Delgado Arroyo, funcionario del hoy Instituto Nacional Electoral en distintas sedes al menos durante 14 años, calculó en 2014 que el costo de la credencial sería de 167 pesos y 65 centavos ese año, tomando en cuenta no sólo la impresión (que se estima en centavos), sino toda la maquinaria que se requiere para empadronar y validar la identidad de un ciudadano.

Dice el dicho que para comer y rascar, el trabajo es comenzar. Mientras me preguntaba si 167.65 era mucho o era poco (ya chole, pero sí, equivale a dos salarios mínimos), me topé con que la elección de la Presidencia en el Proceso Electoral Federal 2012 costó 328 millones 608 mil 267.50 pesos, según datos del Instituto Federal Electoral (http://pac.ife.org.mx/2012/eleccion_en_numeros.html#)

Como una cosa lleva a otra, topé —sin querer, porque ya estamos en el no querer saber nada— con que el proceso electoral federal para 2018 tiene un presupuesto asignado de 699,534,390. Sí, costará bajita la mano, casi 700 millones de pesos (chequen el Presupuesto de Egresos del INE para el Ejercicio Fiscal 2017).

Ah, pero actualizar los procesos registrales electorales (revisión y validación del Padrón Electoral y las Listas Nominales), se llevará 218 millones 388 mil 554 pesos adicionales.

Llegados aquí, ¿a quién le importa la danza de números? Después de una jornada laboral extenuante y un viaje de dos horas o más de regreso a casa, esas cantidades no dicen nada, si acaso que estamos muy lejos de imaginar qué haríamos con la quinta parte de ese río de dinero que se escurre en las cloacas comiciales.

Por eso ya no quise saber que el INE tiene en este año sus arcas 15,071,176,879.00 (así se lee: quince mil setenta y un millones, ciento setenta y seis mil ochocientos setenta y nueve pesos), de los cuales se queda con casi 11 mil millones y le reparte 4,138,727,092 (cuatro mil 138 millones, 727 mil 92 pesos) a los partidos políticos nacionales, como financiamiento público.

De ahí sale para comprar votos y ojalá que para corromper autoridades electorales, porque si no les pagan, qué triste —de todos modos, a ojos de todos, ante las omisiones cometidas en las más recientes elecciones, ya nadie cree en su imparcialidad, y mucho menos en su honradez. Después del 4 de junio, la autoridad electoral está, como mínimo, bajo sospecha.

Luego de un baño de cifras, que lejos de dar claridad de pensamiento, enerva, se llega a la conclusión de que, como todo en México, el aparato electoral es muy caro. Por eso duele que lo desperdiciemos.

Y vuelvo a preguntar: ¿de veras sólo queremos la credencial de elector para cambiar un cheque, para rentar un departamento, para registrarnos ante Hacienda, para inscribirnos en la escuela? Peor todavía: ¿para que nos dejen pasar al antro?

En la elección federal de 2012, para elegir al Presidente de la República Mexicana votó el 63.34 por ciento de los 79 millones 454 mil 802 ciudadanos y ciudadanas registrados en la Lista Nominal. ¿A dónde se fue el 36.66 por ciento ese día?, ¿acaso a hacer memes?

Al 9 de junio de 2017 el INE tiene una Lista Nominal con 85 millones 606 mil 522 ciudadanos inscritos. Por cierto, el 52 por ciento de ellos mujeres. Sin embargo, el Padrón Electoral es de 86 millones 885 mil personas. Algunos no han ido, pues, a recoger su credencial de elector ni siquiera para identificarse.

Si no la van a usar, que no tiren también el dinero a la basura. Con el futuro de una nación es suficiente.

***

* Valentina Gutiérrez es licenciada en Periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y maestrante de Periodismo Político por la misma institución. En tres décadas de ejercicio profesional ha nutrido su espíritu en redacciones de la Ciudad de México, Sonora y Tamaulipas.

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