CUARTO BAT – LA REALIDAD SOBRE LA SEMÁNTICA

Posted on mayo 30, 2017, 2:01 am

VALENTINA GUTIÉRREZ*

La prima de un amigo muy dada a los apapachos se enroló en un empleo donde la líder era una mujer. Activista y feminista.

La primera y más dura lección no fue encarar 24 horas de jornada laboral, sino aceptar que en su vida cotidiana quedaban prohibidos los diminutivos —amén de los términos cariñosos—, por discriminatorios.

Desde distintos ámbitos (académicos, políticos, gubernamentales y sociales) hay una batalla que dura años para desplazar el lenguaje que discrimina y dar lugar a uno incluyente.

Tanto la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres como el Instituto de las Mujeres, por ejemplo, crean lineamientos y configuran manuales para cambiar la realidad desde la semántica.

No es una lucha menor. Y ojalá fuera fácil.

Las mujeres representan casi la mitad de los 123 millones de personas que habitan el país y según las cifras oficiales, 8 de cada 10 tienen un empleo.

En estos momentos, alrededor de 19.9 millones de mujeres desempeñan, en algún punto del territorio nacional, sus actividades laborales. A la semana habrán cubierto en conjunto 2 mil 930 millones de horas de trabajo.

Es un montón de tiempo y no es equitativo ni respecto al tiempo que los hombres dedican a sus ocupaciones (igual que ellas nada, poco o muy bien) remuneradas ni al monto de las percepciones.

Aun así, se cree, nadie o muy pocos ven a las mujeres. Por eso, dice el activismo, hay que nombrarlas. Visibilizarlas (sacar a la luz lo que no puede verse a simple vista, como con los rayos X los cuerpos ocultos, o con el microscopio los microbios, según la Real Academia Española).

Se parte de la premisa que uno de los instrumentos más sutiles de discriminación contra la población femenina es la lengua. “Nada de lo que decimos en cada momento de nuestra vida es neutro: todas las palabras tienen una lectura de género”, afirma la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en la presentación de los Manuales para el uso del lenguaje incluyente y no sexista disponibles en su sitio oficial.

El uso sexista de la lengua transmite y refuerza relaciones asimétricas, inequitativas y jerárquicas entre los sexos, se argumenta.

Más allá de la semántica y la lingüística, está la realidad. A escala mundial, se calcula que la brecha de remuneración entre hombres y mujeres es de un 23 por ciento. Eso significa que las mujeres ganan 77.1 por ciento de lo que ganan los hombres, de acuerdo con indicadores de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Un ejemplo burdo: una mujer cobrará 61.71 pesos por jornada laboral pagada a un salario mínimo que para el hombre representará 80.04 pesos.

La circunstancia no es privativa de México. La propia OIT afirma que en los mercados laborales mundiales la desigualdad entre mujeres y hombres persiste en lo que respecta a las oportunidades, al trato recibido y a los resultados obtenidos. Desde mi punto de vista, ésa es una de las pruebas más dolorosas de las asimetrías e inequidades entre los sexos. El lenguaje qué.

Los esfuerzos, los logros educativos y de capacitación de las mujeres no se han traducido en una mejora de su posición en el trabajo. En comparación con los hombres, tienen más probabilidades de quedar desempleadas, suelen verse obligadas a aceptar puestos de peor calidad y a menudo trabajan más horas para demostrar su valía y disposición.

Incluso conozco casos de mujeres que acuden a su centro laboral enfermas, se privan de un festival escolar o aplazan indefinidamente trámites, aunque sean urgentes, para evitar pedir incapacidades o solicitar permisos en un intento por demostrar que valen lo mismo que un trabajador varón.

Además de todos esos datos, ya es más que visible que la población femenina emplea un montón de tiempo en sus ocupaciones no remuneradas. De acuerdo con el INEGI, en 2014 el valor económico de las labores domésticas y de cuidados fue de 4.2 billones de pesos, cifra que equivale a 24.2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país. De esta estimación, el trabajo no remunerado de las mujeres asciende a 3.1 billones de pesos; es decir, si les pagaran producirían el 18 por ciento del PIB.

Para esas circunstancias ya hay lenguaje acuñado: son chingaderas (acción ruin, según la Real Academia de la Lengua Española).  Inequidad. Laboral y social y política.

El pronóstico para revertir la tendencia no es halagüeño: de prevalecer las circunstancias actuales, serán necesarios 70 años para colmar la brecha salarial por razón de género, según la OIT. En pocas palabras, eso no lo verán mis ojos. Ni los tuyos.

***

* Valentina Gutiérrez es licenciada en Periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y maestrante de Periodismo Político por la misma institución. En tres décadas de ejercicio profesional ha nutrido su espíritu en redacciones de la Ciudad de México, Sonora y Tamaulipas.

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