Primer Bat – Morir a los 27

Posted on mayo 14, 2018, 3:25 pm
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ERNESTO RAMÍREZ VICENTE

Dice la leyenda que, en marzo de 1936, el cantante de blues Robert Leroy Johnson, inició la maldición.

Irritado consigo mismo por la falta de reconocimiento de sus canciones y enfadado con Dios por haberle quitado a su querida esposa Caleta y a su hijo, caminó a medianoche por el cruce de la autopista 61 con la 49, muy cerca de la plantación de Kelly, en Clarksdale, Missisippi. Allí, a la luz de la luna, invocó al diablo con una oración que había aprendido de un viejo esclavo. Le pidió que sus dedos fueran veloces. A cambio, su alma sería propiedad del demonio.

Bully Down, compañero de fatigas de Johnson, recuerda que “desde aquel pacto, la expresión en el rostro de Robert cambió. Sus dedos acariciaban las cuerdas de su vieja guitarra como nunca y cuando cantaba rompía con una voz quebrada, expresiva, que se metía en tu alma pecadora como el propio diablo”.

A los pocos meses, grababa sus primeras canciones en el Ganter Hotel de San Antonio, en Texas, gracias al productor de blues Donald Law de Columbia records. En 3 días, grabó 17 canciones, la mayoría de ellas en una sola toma. Al año siguiente, en Dallas, grabó otras 12 en solo 2 días de estudio. Esas 29 canciones casi improvisadas son el legado de un músico irrepetible que ha sido capaz de influir en la carrera de Eric Clapton, de los Rolling Stones, de Led Zeppelin, de Bob Dylan, de Jimi Hendrix o de Neil Young.

Robert Johson murió cerca de Greenwood, en Missisippi, el 16 de agosto de 1938. Tenía 27 años. No hubo autopsia. Hay muchas teorías sobre su muerte. Unos dicen que de neumonía. Otros que de sífilis. La versión de su amigo y otro gran bluesman, que tocaba con él aquellos días, Sonny Bobby Wiliamson, es que fue asesinado por un marido cornudo que le puso unas gotas de estricnina en su botella de whisky como venganza por haber seducido a su esposa.

Hay tres lápidas en Greenwood dedicadas a Robert Johnson, sobre tres supuestas tumbas. No parece que ninguna sea auténtica. Se cree (al menos lo cree Sony, que edita sus grabaciones) que el guitarrista fue enterrado bajo un árbol, sin lápida ni cruz, al lado del cruce de caminos, hoy convertido en lugar de peregrinación.

Así se inició la maldición del “club de los 27”. Aunque habría que diferenciar los que murieron por casualidad y los que lo hicieron a propósito. Algunos incluso comparten día de la muerte, que no del año: Brian Jones y Jim Morrison. Otros coinciden en la semana. Hay cosas turbias, y últimas noches absolutamente dantescas que 30 o 40 años después se siguen investigando y con la llegada de nuevos miembros al selecto club -Kurt Cobain, Amy Winehouse o el reciente apenas el 20 de abril de 2018, el DJ Avichii- las investigaciones seguirán dando de qué hablar.

El inconfundible sitar hindú de Paint it black, o el místico xilófono-marimba africano de Under my thumb, de los Rolling Stones, se lo debemos al músico que en general introdujo a sus majestades satánicas en la arquitectura de la psicodelia musical: Brian Jones.

 

Tenía 3 años cuando muere su hermana de 18 meses. Fue padre ya a los 15 años. Dejó de estudiar, se fue de viaje y se convirtió en músico cakkejero hasta que en Londres descubre el blues y se decide a transformarlo mediante un rock and roll de estilo propio. A los 19 años, ya tenía tres hijos con tres mujeres distintas.

Cuando en 1967 Keith Richards le “quita” a su novia Erika Pallenberg fue como perder de nuevo a su hermana pequeña. Su inseguridad aumentó cuando todos los focos pasaron de él a Mick Jagger y sintió celos también de eso. Fue bastante duro para él pasar de ser el fundador y líder de los Stones a estar a la sombra de Jagger y Richards, como también lo fue para estos armonizar con la discordia entre egos y envidias aparejadas a la fama, el talento o las mujeres con las que estaban. Comenzó a drogarse más.

La casa donde ocurrió la tragedia y que compró Brian Jones era de A.M. Milne, que había escrito las maravillosas historias de Winnie the Pooh. Y eso lo dice todo: era un niño intentando reclamar su infancia, algo parecido a lo que le ocurrió años después a Michael Jackson.

Jones no murió de sobredosis. Su última noche fue una de las más misteriosas del club de los 27. Jones era adicto al consumo de drogas, sobre todo al LSD. Hay una serie de personajes muy oscuros que rodeaban al grupo en esta etapa de los Stones. Uno de ellos era el tour manager, Tom Keylock y sobre todo su secretario, Frank Torowood. Este fungía aquel día, el 2 de julio de 1969, como el jefe de una cuadrilla de albañiles que estaban reformando la gigantesca casa donde estaba la famosa piscina. Torowood llegó a confesar en su lecho de muerte que él mismo había ahogado allí a Brian Jones.

Hacía 15 días que los Stones le habían expulsado de la banda por sus problemas con la visa en Estados Unidos (posesión de narcóticos) que les impedía salir de gira con él, pero a condición que siguiera ganado el 20% de las ganancias. Esto añade tibieza y morbo al asunto y se ha llegado a especular con la conspiración del propio grupo para acabar con él. Fuera cierto o no, los Stones ya nunca volverían sonar igual.

Es cuando menos sospechoso que Jagger y Richards no fueran al entierro de Jones, que es de los pocos británicos que forman parte del club, ya que la mayoría de ellos son estadounidenses. Y es normal, ya que en USA, en los años de la contracultura se consumían más drogas y por tanto se moría más.

Brian Jones con los Rolling Stones, en 1966.

Brian Jones con los Rolling Stones, en 1966.

 

James Marshall Hendrix nació en Seattle el 27 de noviembre de 1942. Su niñez fue horrible, de proporciones dickensianas. Su madre, una cabra loca, lo tuvo con 17 años mientras su padre peleaba en la Segunda Guerra Mundial. Tuvo tres hermanos con deformidades físicas, uno de ellos con ceguera, producto del consumo desenfrenado de la madre durante los embarazos.

La madre se fugó y Jimi tuvo que ejercer de padre prematuro. De ahí surgió su empuje y su increíble espíritu creativo, que tomó forma definitiva cuando pasó del caos familiar absoluto a la restricción absoluta del ejército.

Cuando se alistó en el batallón 101 de aviación en el Fuerte Campbell, en Kentucky, pronto se dio cuenta que lo suyo no eran las armas y visitó varias veces al psicólogo militar y para ser expulsado del cuerpo, se declaró homosexual. Aunque en entrevistas que concedió años después dijo que alegó problemas en la espalda producto de un salto en paracaídas.

Tras conseguir salir del ejército se mudó a Tennesee, aprendió tocar la guitarra Fender stratocaster para diestros siendo zurdo como nadie, encontró su sonido, el famoso wa-wa, al parecer orientado por Frank Zappa, y empezó a actuar en público en 1962 con un grupo que formó con su amigo Billy Cox, llamado The King Casual. Allí comenzó a deslumbrar con su magia y excentricidad virtuosa, llegando a tocar con los dientes o quemando en vivo la guitarra para asombro de los fans.

En 1966 formó otra banda bajo el nombre de Jimmy James and the blue flames. Durante esta etapa comenzó a consumir marihuana y LSD como la gran mayoría de músicos y de artistas de aquel momento. Tres discos le sirvieron para colocarse la corona en el altar de los guitarristas del rock.

El 18 de septiembre de 1970, en Londres, Hendrix, con 27 años, murió por la aspiración de su propio vómito. Jimi tenía una novia alemana llamada Monika Daniemann, una patinadora sobre hielo que padecía insomnio crónico y a la que habían recetado unas pastillas muy fuertes para dormir. Jimi había bebido bastante esa noche y sin fijarse en la etiqueta que estaba en alemán, tomó nueve de esos somníferos cuando la prescripción decía que solo se podía tomar media pastilla. La sobredosis fue mortal.

Años después, tras las investigaciones, se supo que en realidad Jimi no había muerto en ese momento sino que cuando le trasladaban en camilla necesitó girar la cabeza para poder vomitar al suelo. El camillero no le colocó en la posición adecuada y se ahogó atragantado, lo cual es bastante triste.

Jimi Hendrix conoció a Brian Jones y tocó con él, así como con Janis Joplin y también con Jim Morrison, una canción llamada “Morrison lament”. No hay que olvidar que estos artistas frecuentaban los mismos hoteles, comían en los mismos bares y compraban drogas a los mismos “dealers” y coincidieron en conciertos y macro-festivales del amor y paz como Monterrey o Woodstock. Incluso las discográficas hacían el papel de dealers proporcionando todos los caprichos imaginables a sus estrellas, que eran una gran fuente de ingresos. Este es un aspecto muy importante en comparación con la ética de la industria musical actual.

La horda y la sorna anti-sistema hippie se enriquecía con la inconfundible voz negroide, blusera y contestataria de una mujer blanca llamada Janis Joplin. Miembro también de los 27, es probablemente la primera mujer en la historia considerada una estrella del rock. Igual que otro del club, Alan Wilson (Canned Heat) nació en 1943 y murió también en 1970.

Janis nació y se crio en un hogar “normal”. Lo que no era normal era el nivel de intolerancia y racismo que existía en Texas. Desde muy pequeña, influida por la educación liberal de sus padres, comenzó a ser hostigada y atormentada por sus comentarios y actitud en contra del racismo texano. Estudió en una escuela también supuestamente normal, pero allí se encontró con el machismo imperante: en la universidad la nombraron el “hombre más feo”, lo que provocó que desde adolescente, antes de convertirse en artista, empezara a beber alcohol compulsivamente y a auto-medicarse cada vez con más frecuencia.

Fascinada por el blues y el jazz, y por problemas en su casa, se alejó de los estudios universitarios y formó varios grupos: Big brother and the holding Company, Cosmic Blues Band…

En los casos de este club que claramente no son asesinatos o suicidios, siempre hay que pensar que las sobredosis son síntomas de algún problema psicológico o emocional que hay detrás. Según la cantante Patty Smith, que coincidió con Joplin en el Chelsea Hotel de Nueva York, cuenta que Janis era una persona muy insegura con los hombres a pesar de su bisexualidad. Cuenta que una noche tuvo que consolarla porque después de haber filtreado toda la noche con un hombre, éste se fue con otra que era más guapa que ella.

La madre de Janis también decía que era una mujer infeliz e insatisfecha y por eso abusaba de las drogas. En la madrugada del 3 al 4 de octubre de 1970 apareció muerta con una sobredosis de heroína y alcohol. En estos casos es más sensato pensar que por ser drogas experimentales en ese momento muchos de los consumidores desconocían las consecuencias y la medida exacta de las dosis, y menos si lo mezclaban con otras drogas que no fueran tan potentes y mortíferas como la marihuana o el alcohol.

Leonard Cohen, que como sabemos no forma parte de este club, tiene un tema llamado Chesea Hotel number 2 que habla del encontronazo sexual fortuito que tuvo allí en el ascensor con Janis Joplin. En ella dice que “somos feos pero todavía tenemos la música”.

También Patty Smith nos habla de Jim Morrison.

Me remordió la conciencia por haber casi olvidado la influencia tan importante de Jim Morrison. Él me había dado la idea de fusionar poesía y rock and roll y decidí comprarle el álbum y hacerle una buena crítica. Cuando regresé a Nueva York comenzaron a llegar de Europa noticias fragmentadas de su fallecimiento en París. Durante un día o dos nadie estuvo seguro de qué había sucedido. Jim había muerto misteriosamente en una bañera el 3 de julio, el mismo día que Brian Jones pero de 1971.  

Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver

Todos sabemos que James Douglas Morrison era el prototipo de joven rebelde y antisocial, que a la larga contribuyó a que la multitud se fascinara con sus actos contestatarios.

Su padre era un almirante de marina muy estricto, con todo lo que esto conllevaba. No le golpearon en casa, pero recibió reprimendas verbales tremendas al estilo militar hasta que lloraba avergonzado, lo cual es tan abyecto como la violencia física.

Hay rumores de que Morrison también tuvo relaciones sexuales con Janis Joplin. Era una persona muy cercana también al mundo del cine y del teatro ya que había estudiado en Los Ángeles porque le apasionaba el mundo de la interpretación, que de hecho él llevaría al escenario. Fue guionista y director de una película experimental de 52 minutos llamada “Hwy, an american pastoral” co-dirigida junto a Frank Lisciandro, Paul Ferrara y Babe Hill en 1969.

Se acercó mucho también a la faceta literaria, al mundo de la poesía. Publicó varios poemarios y muchos más que salieron a título póstumo. En definitiva, el rock and roll se le quedaba pequeño ya. Tenía un corazón que no le cabía en el pecho, muy pasional, y era un muy buen consumidor de todo tipo de sustancias. Aunque su imagen quizá no era de persona cercana y corriente, era un tipo muy peculiar y muy digno, si atendemos a que una estrella universal como él contestaba las cartas de sus fans, a los que les expresaba su cariño y la importancia que tenían para él.

Encarnar al líder de la “banda protesta” pacifista más popular de Estados Unidos de entonces –The Doors– en contra de la guerra del Vietnam mientras su padre estaba a cargo de un portaaviones que bombardeaba el norte de ese país tuvo que ser un auténtico calvario para Morrison. Jim era muy popular, adorado por multitudes, rico y entregado al placer sin fin. Pero no era feliz. Y decidió detonar su propia autodestrucción.

La muerte le agarra en París porque después de la grabación del último disco, L.A.Woman. Quería escaparse un poco de todo junto con su novia Pamela Cuson y también evadirse de los problemas que le acarreaba con las autoridades la posesión y el consumo de drogas ilegales. Por aquella época escribía mucha poesía pero los misterios y conjeturas sobre su muerte se elevan a la enésima potencia.

El dueño de uno de los clubes de moda de entonces, “el rock and roll circus”, jura y perjura que Jim murió en sus lavabos por sobredosis y que entre varias personas le llevaron a su apartamento y le dejaron en su bañera.

La versión más extendida es que estaba con su novia en la cama y que ella por seguir el paso de él con el consumo de drogas tomó muchísimo más de lo habitual. Jim se levantó vomitando, se preparó un baño y como estaban en un nivel de adicción tan avanzado, con su dosis diaria preparada parece ser que se confundió y se metió la dosis de su novia, una heroína a la que él no estaba acostumbrado y fue lo que le mató en la bañera. Pamela Courson, que esa noche no pudo levantarse de la cama, fallecería tres años después por sobredosis de su propia dosis en una fiesta en su apartamento en Hollywood.

Luego los rumores no han cesado. Hace poco apareció Marianne Faithfull, ex novia de Jagger que iba y venía con los Stones durante todos los 60 que dijo que un camello (dealer) de famosos que era su novio que por entonces vivía en París fue el que mató a Jim Morrison en una visita a su apartamento por un ajuste de cuentas o algo similar. En cualquier caso, todo muy triste.

Jimi, Janis y Jim. ¿Tendrán algo maldito las jotas?

Jimi, Janis y Jim. ¿Tendrán algo maldito las jotas?

En un suspiro, en tres años, habían muerto figuras como Jones, Hendrix, Joplin y Morrison a la misma edad, lo que alimentó la leyenda del club de los 27. Pero durante más de 20 años el club cerró sus puertas y no admitía a nadie más relevante del mundo de la música hasta que apareció un muchacho de cara angelical con alma de diablo.

Está claro que a nivel sociológico, el consumo desenfrenado de heroína bajó, pero es fácil sacar conclusiones simplistas ya que hubo otra generación de jóvenes músicos que entraban en una dinámica de drogas y frenesí si no de tal intensidad como en los 60, sí igualmente “peligrosa”.

Kurt Cobain fue el niño arquetípico de padres divorciados. De hecho, todos los padres de los miembros de la banda Nirvana estaban divorciados. A Kurt eso nunca dejó de atormentarle y siempre estuvo enojado con sus padres.

Su madre tuvo la custodia por un tiempo pero no pudo lidiar con él y lo mandó a vivir con el padre, que no pudo lidiar con él y mandó a que lo cuidaran algunos familiares o amigos. Empezó a rebelarse ya en la escuela.

Es significativo que en la familia de Cobain haya un extenso historial de trastornos y enfermedades mentales. Dos de sus tíos se suicidaron con un arma y uno de sus tíos-abuelos también se había disparado. Hoy sabemos que los traumas pueden ser también algo genético y si no se tratan, pueden repetirse de generación en generación.

Corre el año 1993. El grupo que revitalizó y popularizó a cotas muy grandes un nuevo estilo y sonido de los 90 llamado “grunge”, visita Brasil. Allí ofrecían dos conciertos y grababan unas demos de su siguiente Long Play. La banda de Cobain lo tenía ya todo y había recaudado suficiente dinero para poder gastarse en instrumentos, productores y estudios de gran calidad, pero todo aquello no parecía importarle demasiado al bueno de Kurt y sí le interesaba buscar un sonido que horrorizara a los fans del disco Nevermind. Por eso aquellas sesiones en Río de Janeiro nos muestran a una banda con un sonido muy muy crudo alejado todo lo posible de lo que el pop y los Beatles, entre otros, le habían influido a Cobain.

Tal era el bofetón que Cobain quería dar a la música, a los fans y a la industria discográfica que llamó a su tercer elepé, “Me odio y quiero morir”. Un humor negro que para los que no somos de Seattle a lo mejor no logramos comprender bien.

Unos dicen que Cobain estaba obsesionado con el club y que deseó fervientemente formar voluntariamente parte de él y otros que eso es una coincidencia, una leyenda y que se trató de un adicto más a la heroína que se deprimió y que por eso se voló la cabeza con una escopeta el 5 de abril de 1994. La carta suicida que Kurt dejó a Courtney Love y a su hija en común, Frances Bean, le decía a Courtney que tanto ella como la pequeña estarían mejor sin él y que las amaba.

De 1994 vamos al año 2011. También tenía 27 años y también le daba mucho a las drogas y se bebía todo: Amy Winehouse. Ella no revolucionó la música, apenas tiene dos discos, pero trajo de vuelta un sonido que estaba prácticamente perdido –el soul– con una prodigiosa voz. Hay algunos “puristas” que no aceptan poner en el mismo nivel a esta cantante con los anteriores, pero lo cierto es que reabrió la leyenda de la cifra mágica (o maldita) de los 27, el 23 de julio de 2011, cuando fue encontrada muerta a causa de una intoxicación aguda por ingesta excesiva de alcohol, provocada según la versión oficial, por una depresión amorosa prolongada.

Amy era la niña de los ojos de su padre Mitch, el taxista de una familia judía modelo del este de Londres. Su madre era farmacéutica. La angustia de Amy se disparó para no desparecer jamás cuando sus padres se separaron, porque ella era una niña feliz. Pero su padre engañaba a su madre. Nunca pudo entender que no fue por culpa suya. Su personalidad adictiva hizo el resto, para bien y para mal.

Un hecho importante es que Amy Winehouse fue quizá la primera estrella musical a la que una discográfica intentó “salvar”. El productor Lucian Grange habló con ella y la sugirió que viajara para que se recuperase de sus problemas con las drogas. Hay que mencionar que en el siglo XXI los conceptos de adicción y rehabilitación (Amy canta un tema llamado Rehab) están mucho más fijados en la cultura social y sobre todo médica-psicológica que en los años 60 y 70, aunque ya entonces hubiera temas como Heroine (Velvet Underground), Lucy in the sky with diamonds (The Beatles), Break on through (The Doors) Sister Morphine y Brown sugar (Rolling Stones), Cocaine (Eric Clapton), Like a rocket man (David Bowie) o Confortably numb (Pink Floyd), que más que una denuncia crítica eran cantos al hedonismo del consumo y al desarrollo de otros estados de la conciencia.

Amy se fue de viaje a una playa paradisíaca, pero con su padre, buscando reconstruir lo que se había roto en su interior y al exterior de su vida privada. Sin embargo, lejos de comprender a su hija, Mitch Winehouse se lo tomó como una especie de plataforma para su propia carrera personal. Y se convirtió en un paparazzi más que acosaba a la cantante con su cámara de video y las fotos compulsivas.

Amy regresó destruida. La puntilla pudo ser que el padre la visitó en su casa y ni siquiera se alarmó de los preocupantes síntomas depresivos de su hija impresos en un par de zapatos manchados de sangre. Nada de eso. Se preocupó más de contarle que había salido su primer disco como cantante.

Y hace apenas unos días, el 20 de abril de 2018 otro músico, esta vez un famoso DJ sueco, Avichii (Tim Bergling) vino a engrosar las filas del club. Avicii, una de las grandes estrellas mundiales de la música electrónica (pop-house) fue encontrado muerto en un complejo hotelero de Mascate, la capital de Omán.

El músico había sufrido diversos problemas de salud relacionados con el consumo excesivo de alcohol. Fué muy conocido por colaborar con grandes artistas como Coldplay en A Sky Full of Stars, David Guetta en Sunshine, Lenny Kravitz en Superlove, Robbie Williams en The Days o Rita Ora en Lonely Together. En 2014 firmó Dar um Jeito (We Will Find a Way), el himno oficial del Mundial de Fútbol celebrado en Brasil, junto a Carlos Santana, Wyclef Jean y Alexandre Pires.

Supuestamente utilizó un trozo afilado de cristal de una botella de vino para hacerse varios cortes en el cuello y las muñecas que hicieron que se desangrase. El 26 de abril, en un comunicado, su familia declaró que el artista ya no tenía “fuerzas” para luchar y solo buscaba la “paz”. Tras anunciar en marzo de 2016 su retirada temporal de los escenarios, el DJ sueco intentó buscar “un equilibrio” en su vida para encontrarse bien y hacer “lo que más quería: música”.

Sabemos, a través de Platón, que su maestro Sócrates tuvo una convicción que considero importante para una reflexión final sobre la esencia existencial contradictoria de la juventud y que todavía pervive en la problemática del presente para el club de los 27. Ésta se basa en la identificación que hizo al respecto el filósofo Alain Baidou de dos enemigos internos en la dinámica de ser joven.

El primer enemigo es lo que podría llamarse la pasión por la vida inmediata, por el juego, por el placer, por el instante, por una aventura, una melodía, por una fumada de marihuana o por un juego idiota. Cuando todo esto se acumula, cuando es llevado al extremo, cuando esta pasión organiza la vida día a día, una vida suspendida en la inmediatez del tiempo, una vida en la que el futuro es invisible o, en todo caso, totalmente oscuro, entonces se alcanza una forma de nihilismo y una forma de concebir la existencia sin ningún sentido unificado. Una vida desprovista de significado y, por ende, incapaz de durar como lo que Baidou ha llamado “la verdadera vida”.

Lo que se denomina “vida” se convierte entonces en un tiempo dividido en instantes más o menos buenos, más o menos malos, de modo que, a fin de cuentas, lo único que puede esperarse de la vida es tener la mayor cantidad posible de instantes más o menos aceptables. Definitivamente, esta concepción disloca la idea de la vida misma, la dispersa, y por ello ésta visión de la vida es una visión de la muerte.

La segunda amenaza interna para el joven es aparentemente lo contrario. A saber, la pasión por el éxito, la idea de convertirse en alguien rico, poderoso, con una buena posición en el orden social existente. La vida se convierte entonces en una suma de esfuerzos para encontrar esa posición, sin importar que, con tal de lograrlo, uno deba someterse mejor que todos a ese orden existente. Ya no es el régimen de la satisfacción inmediata del gozo, sino el régimen del proyecto bien construido, bien eficaz del sistema imperante-statu quo-.

Todos estos artistas, de infancia traumática y hostil, a pesar de ser jóvenes, ricos, famosos y artísticamente consagrados, no sobrevivieron a la dialéctica contradictoria entre lo tormentosamente desadaptado y lo tormentosamente adaptado del espíritu rebelde a una existencia que ellos sintieron incompleta y frustrante.

***

*  Ernesto Ramírez Vicente. Ernesto Ramírez Vicente nació en Madrid, España, en 1973. Es licenciado en Geografía e Historia con especialidad en Historia del arte por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Historia por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México. Ha sido profesor de Historia del Cine y del Arte en su tierra natal a fines de los 90 y desde 2008, de Ciencias Sociales, Prehistoria, Historia Universal, Historia de España, Historia del arte, Cine, Sociología y Metodología de la investigación en México a nivel universitario…

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