SHORTSTOP – CASI TODO ES OTRA COSA – EL ROBO MÁS GRANDE DE LA HISTORIA

Posted on enero 29, 2018, 7:00 am

ADRIÁN ARÉVALO

En estos tiempos donde el odio a los mexicanos por parte del gobierno estadounidense es el pan de cada día, conviene compartir ciertos aspectos de la historia de un hecho que, a poco más de 170 años de distancia, es el robo de territorio más grande de la historia.

Con la anuencia y en nombre de “Dios todopoderoso” y a espaldas de la Virgen de Guadalupe, al amparo del cabildo eclesiástico en el interior del convento que se halla a espaldas de la Basílica Vieja, se firma el Tratado de Guadalupe Hidalgo, Tratado de paz, amistad y límites entre la República Mexicana y los Estados Unidos de América.

Hoy, este gobierno estadounidense encabezado por Donald Trump no solo ataca con su odio a los mexicanos, sino que se atreve, de forma ridícula, a contradecir la historia, presentando a Estados Unidos como una víctima de México, país que supuestamente le roba empleos, le impone tratados onerosos y le manda a sus “bad hombres” a través de la frontera.

Hay que recordar a este señor y quienes lo siguen cuál fue, exactamente, la primera nación en ser víctima del imperialismo americano:

El Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848 y por medio del cual México –invadido por el ejército estadounidense, ocupada su capital y tomados sus puertos y aduanas– se vio obligado a admitir la anexión de Texas y conceder a Estados Unidos más de la mitad de su territorio, que corresponde principalmente a los actuales estados de California, Arizona, Nevada, Utah y parte de Colorado, Nuevo México y Wyoming, 2.1 millones de km2.

De la noche a la mañana, los mexicanos se convirtieron en extranjeros en su propia tierra.

Como compensación, los Estados Unidos pagó 15 millones de dólares por daños al territorio mexicano durante la guerra (¡en abonos!).

Entre los aspectos del tratado, se encuentran los siguientes: se estableció al Río Bravo del Norte o Río Grande como la línea divisoria entre Texas y México; se estipuló la protección de los derechos civiles y de propiedad de los mexicanos que permanecieron en el nuevo territorio estadounidense. Además, Estados Unidos aceptó patrullar su lado de la frontera, y los dos países aceptaron dirimir futuras disputas bajo arbitraje obligatorio.

Hoy en día, se necesita hablar sobre la verdadera historia de aquella guerra que Estados Unidos, de forma conveniente, ha querido olvidar y lo único que ensalzan de aquella época es la batalla del Álamo.

La pregunta está en el aire ¿qué parte de la prosperidad histórica de Estados Unidos se basa en el desarrollo de los territorios habitados originalmente por mexicanos y arrebatados a México en una guerra de conquista?

Aquí un ejemplo claro: un 42 por ciento del total de la producción de minerales, sin contar el gas natural, petróleo y carbón, se producen en los territorios que perdió México.

Porque no hay duda de que fue una guerra de conquista. Así la vivieron muchos soldados, que leían la Historia de la conquista de México de William H. Prescott –el recuento de la expedición de Hernán Cortés para conquistar el imperio azteca– mientras avanzaban sobre territorio mexicano. Así la consideraron, con vergüenza y pesar, grandes personajes de la época. Esa “guerra en extremo indignante” (dijo John Quincy Adams) había sido “accionada por un espíritu de rapacidad y un desmesurado deseo de engrandecimiento territorial” (escribió Henry Clay), a partir de un ataque premeditado por el presidente James Polk gracias al cual “una banda de asesinos y demonios del infierno se permitieron dar muerte a hombres, mujeres y niños” (Abraham Lincoln).

“[El presidente James K. Polk] se queda corto para probar la justificación de la invasión [a México] y habría procedido con sus pruebas, de no ser porque la verdad no se lo permite”, estas palabras fueron parte del discurso del congresista Abraham Lincoln a la Cámara de Representantes en 1848, trece años antes de convertirse en el primer presidente republicano de Estados Unidos.

Lincoln –como representante de Illinois– se opuso con firmeza a la invasión de Estados Unidos a México (1846-1848) y cuestionó en múltiples ocasiones al presidente Polk por la misma.

Y es que el presidente estadounidense de esa época, Polk era un seguidor del Destino Manifiesto, una filosofía estadounidense que sustenta la convicción de que Dios eligió a Estados Unidos para ser una potencia, una nación superior al resto del mundo. Y la forma de demostrarlo era extenderse por todo el continente que había sido asignado por la Divina Providencia.

Polk quería un mayor porcentaje del territorio mexicano del que le fue cedido. La guerra entre ambos países fue vista como injusta incluso por extranjeros. Unos 200 irlandeses se unieron al ejército de México durante la guerra porque no les gustó que Estados Unidos estuviera peleando contra un País más débil y en desventaja. Aún así México resultó perdedor.

Tras el bombardeo a la población civil de Veracruz, el general Robert E. Lee escribió a su esposa: “mi corazón sangra por los habitantes”. En sus memorias, Ulysses S. Grant lamentaba no haber tenido el “coraje moral para renunciar” a la que, desde joven, había calificado como “la guerra más perversa”. Para varios otros políticos y pensadores (incluido Henry David Thoreau) la guerra contradecía los valores democráticos y republicanos fundacionales de Estados Unidos y era contraria a la elemental ética cristiana.

En Texas, por ejemplo, a los mexicanos se les restringió el derecho al voto; en Nuevo México, fueron víctimas de la violencia y en California, las autoridades aprobaron leyes contra ellos, algunas de las cuales se les conoció como Leyes contra los Grasosos.

Un periódico de la época, el ‘Whig Intelligener’, tituló: «No tomamos nada por conquista… gracias a Dios».

Hoy los Estados Unidos deben a México y a ellos mismos una revisión de su primera guerra imperialista, no solo en las Universidades, sino en los museos y libros y no digamos su aparato mediático encabezado por Hollywood y Broadway que siempre han sido los verdaderos dictadores de la conciencia americana y del “american dream” para el resto del mundo.

En esa última parte se han hecho trabajos destacados para modificar la memoria colectiva de dos pecados de origen de la nación anglosajona: El racismo y la segregación de los afroamericanos y en menor medida el exterminio de los pueblos nativos americanos, falta un tercero que es la invasión a México y el robo de más de la mitad de su territorio.

Hoy, Donald Trump insulta el legado del primer presidente republicano, hay que recordarle que sus rabietas de “Make America Grat Again” son resistencias, es una imagen estereotipada o emblemas de un pasado vergonzoso que se ha mantenido en la oscuridad. Es hora de que ese pasado salga a la luz, sea reconocido y reivindicado.

Necesitamos estudiar lo que sucedió en esa guerra injusta, atroz, que fue inspirada por ansias de expansión territorial y prejuicios raciales.

Puntos relevantes del Tratado de Guadalupe

El Tratado consiste en 23 artículos, entre los acuerdos se destacan los siguientes:

  •   Se restablece la paz entre los dos países, se desbloquean los puertos mexicanos y se fija un plazo para retirar las tropas estadounidenses de territorio nacional.
  •   Se establece la frontera, se acepta que el Río Bravo del Norte es el límite con Texas. Hacia el Pacífico, la frontera se ubica al sur del puerto de San Diego.
  •   Se da libertad a los ciudadanos mexicanos de los territorios perdidos para elegir nacionalidad.
  •   Se garantizan los derechos de los mexicanos en los territorios anexionados
  •   El gobierno de Estados Unidos se compromete a resguardar la frontera para evitar el paso de tribus nómadas a México
  •   Se determina el pago de 15 millones de dólares a México.

***

* Adrián Arévalo es periodista por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y cuenta con una maestría en Periodismo Económico, también por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Tiene una carrera de 20 años en el quehacer periodístico. Desde conductor y reportero en ABC Radio pasando Argo Producciones y el periódico Reforma hasta dirigir la revista Empresarialmente…

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