SHORTSTOPCASI TODO ES OTRA COSA– ES LA SOCIEDAD LA QUE OPERA, NO EL GOBIERNO

Posted on septiembre 23, 2017, 8:26 pm
Eres reflejo de verdad, perdón, fortaleza y vida,
eres espejo de quienes vemos en ti la oportunidad
de levantarse y renacer.
Me duele mi ciudad, me duele Coapa.
(KPSV)

ADRIÁN ARÉVALO

La noticia de la mañana era que, en este 32 aniversario del terremoto de 1985 iba a estar acompañada por un simulacro y sonaría la alerta sísmica.

Todo estaba programado para las 11:00 horas.

Todo parecía normal, un aniversario más, un simulacro de rutina y la vida sigue.

Del sismo pasado, pocos se acuerdan, suena a lejos, y con la distancia se esfuma la solidaridad, menos la incompetencia de nuestras autoridades, que cada día parecen esmerarse en demostrarla.

Sin embargo, a la una de la tarde con 14 minutos, se nos refrescó la memoria y el miedo. La tierra se movía, vencía a la alerta sísmica que acompañó esta descarga tectónica, y sometía a un hombre que alcé a observar desde el asiento de un autobús, en medio de una macabra danza de árboles y concreto.

El hombre se abrazaba a una columna de un edificio para aferrarse a la vida.

Del sismo del 85 todos tenemos una historia qué contar.

Del sismo del 2017 todos tendremos una historia qué contar.

Nunca olvidaremos este día infausto, ni lo que hicimos, ni dónde estábamos, incluso nos encontraremos con las historias de los arrogantes que dirán “ni lo sentí”.

Hace 32 años, estaba en unos multifamiliares de la Lagunilla, lugar donde nací.

Quienes estuvimos ahí vivimos el sismo entre el tronar del concreto, el estallar de los vidrios y los rezos del ateo; en una zona a escazas cuadras del edificio Nuevo León de Tlatelolco, cerca de fábricas textileras que se vinieron abajo, junto a vecindades enteras que colapsaron, estuvimos en el centro de una de las zonas más afectadas.

No, no se olvida.

Ahora el daño le tocó a mi segunda casa, la zona de Coapa, en la zona sur de la Ciudad de México, donde la vida me puso para vivir una segunda y muy feliz etapa de mi vida, donde disfruté la zona de establos, donde podía ir con la abuela a comprar leche bronca, donde la mancha urbana llegó de golpe y sin avisar.

Esa zona está lastimada, está herida, y duele su suerte.

Después de las 13:14, en medio de la confusión, llegaron a mis oídos versiones tan absurdas que llegaron de fuentes confiables que retrataban un escenario apocalíptico que afortunadamente resultó ser falso.

Lo que si fue cierto fueron las lágrimas de confusión y lamento, gente corriendo por las calles, rostros desencajados, el Metro parado, gente en las calles, un indigente le habla a la muerte, la reta, mientras abre un bote de basura.

Un silencio atroz en la ciudad que no calla.

Un silencio interrumpido por los gritos de las sirenas.

Los desvencijados radios son desempolvados, todo mundo quiere usar su celular y ninguno puede.

Ya casi se cumplían 40 minutos del movimiento telúrico, una patrulla se detiene y le pregunto ¿qué sabe de la zona?, al tiempo que dejaba su charola con unos tacos de suadero en el asiento y se disponía a bajar a comprar un refresco, me dijo que todo estaba bien, que había reportes de algunos derrumbes pero que nada para preocuparse.

Le creí, como creí los primeros informes apocalípticos.

La Terminal de Autobuses del sur, sin luz todo era un caos, las salidas y llegadas eran inciertas con retrasos de más de tres horas porque la Ciudad era un caos, porque nosotros somos un caos, porque la Ciudad sufría y quienes la amamos sufríamos con ella.

Encontrar transporte era imposible. Lo mejor fue caminar, y durante el andar pude ver el primer indicio de lo que presagiaba una tragedia: el centro comercial Soriana había colapsado.

Quise documentar algo que me sorprendió. Cuando estaba en esa acción, una mano suave pero pesada tocó mi hombro.

Con una voz serena y de manera muy educada me pidió que apagara mi dispositivo porque había una fuga de gas en el edificio “y ahí están mis hijitos”, señalando una zona de lo que quedaba de un multifamiliar de 4 pisos.

Decidí unirme a las decenas de personas que ya estaban ayudando a retirar piedra y fierro en cadenas humanas interminables con la esperanza de rescatar a personas con vida.

Al cabo de una hora de seguir en la zona de los multifamiliares de Tlalpan, una carretada de aplausos sustituyó la penosa faena: se había localizado una persona con vida.

Las horas pasaban, y con ellas los botes con escombros, con pedazos de vida, fotografías, películas, zapatos, juegos de video, cuadernos.

Las mujeres dirigiendo, cargando botes con escombros, cargando fierro, llevando agua, lado a lado con su compañero de especie para un bien común.

Porque la mayoría de los hombres amamos a las mujeres, a nuestras hijas, hermanas, madres y novias.

Por eso amo a esta Ciudad, porque es como una mujer, delicada y determinada, bella y fuerte, porque es la madre que nos cobija y la amiga que nos levanta; porque es la que llora y se defiende. Porque es valiente, y aunque parezca que se cae se mantiene firme ante los retos que siempre habrá de librar.

Por eso, ese martes aciago mujeres y hombres, chicos y grandes, jóvenes y viejos salieron a la calle a dar la cara, a ponerse en acción, sin esperar que el gobierno diera el banderazo para actuar.

Al caer la noche la terminal seguía sin luz, las corridas tenían 4 horas de retraso con el estatus “si es que llegaban”.

Al querer regresar a Coapa ningún taxista quiso hacer el viaje porque, decían, era zona de desastre.

Galerías Coapa, un edificio en Calzada del Hueso y el Colegio Rébsamen eran escenarios de la tragedia.

Sin embargo, un terremoto no es una tragedia por si mismo. La verdadera tragedia es la corrupción, el valemadrismo de quienes construyen en lugres inadecuados y con materiales corrientes.

La tragedia es responsabilidad de esa gente que nunca pensó en sus semejantes, quienes por ganarse unos pinches pesos hicieron obras endebles, quienes por ganarse unos pinches pesos dieron un permiso a una obra irregular, quien por ganarse unos pinches pesos no superviso… y la cadena sigue.

Ante la tragedia, la sociedad, los afectados, están dando la cara, nuevamente, y los políticos aprovechándose de ellas.

Ahora los recursos están resguardados en el pantano de la codicia, vienen las campañas y nadie quiere soltar un pinche peso que no es suyo… ni para arreglar las tragedias que su misma corrupción provocan.

Así que cuando el Presidente sale a dar un mensaje a la nación con un fondo más falso que su buena voluntad a decir “Gobierno y sociedad hemos enfrentado con entereza…” me molesta bastante.

No señor Presidente, es la sociedad, en primerísimo lugar y el gobierno después, porque su gobierno no está listo para una contingencia como esta ni nunca la podría afrontar si no existiera una sociedad como la mexicana, de la que tanto se sirven y a la que tanto tratan con la punta del pie.

No es “hemos”, es “han”, porque yo no lo he visto a usted ni a ningún otro funcionario de su gabinete mover una piedra de ninguna zonas en desastre.

No se suban al barco y témanle a esta sociedad organizada que bien debería aprovechar esta inercia para que los mandemos de una buena vez y para siempre al carajo.

Villa Coapa resultó herida, pero sanará gracias a su gente, que salió a las calles y forjó lazos de hermandad desde la virgen hasta vaqueritos.

Me duele Coapa, pero se levantará, sin duda, y no por la ayuda de este pinche gobierno.

KPSV.

***

* Adrián Arévalo es periodista por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y cuenta con una maestría en Periodismo Económico, también por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Tiene una carrera de 20 años en el quehacer periodístico. Desde conductor y reportero en ABC Radio pasando Argo Producciones y el periódico Reforma hasta dirigir la revista Empresarialmente…

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