Cuetlaxóchitl, una flor para los guerreros

Staff/GC
Posted on diciembre 21, 2019, 7:00 am

Se pensaba que los guerreros mexicas regresaban a la tierra a absorber la miel de la Cuetlaxóchitl, por eso se colocaba en los altares dedicados a los combatientes muertos en cumplimiento de su deber.

Para los mexicas la Cuetlaxóchitl (ahora conocida como Nochebuena) simbolizaba la pureza y la nueva vida, atributos que retomaron los frailes al colocarla en los Nacimientos, previo a la celebración de la Navidad.

Hay evidencias de que en la época prehispánica la flor se usaba en los ceremoniales y se otorgaba como trofeo; además, los tlatoanis la cultivaban en sus jardines, como Nezahualcóyotl, quien fundó el primer jardín botánico del que se tiene noticia en el que reunió una espléndida colección y mandó pintar las plantas y flores que no podía obtener para que hubiera constancia de ellas.

La asociación con el rojo se debe a que este color posee una connotación de poder profundamente arraigada en la cultura mesoamericana.

Esta flor ritual se empleaba en varias celebraciones del amplio calendario festivo, sobre todo en la fiesta llamada Tlaxochimaco, dedicada a Huitzilopochtli, el Dios de la Guerra asociado al Sol.

Otros usos, además del ritual, los aztecas la cultivaban para extraer de sus pétalos machacados tinta para sus textiles y cueros, mezclados con la resina de los pinos -oxtle- y otros elementos. Además, a través del empleo de cataplasmas o fomentos, su sabia era aprovechada en el tratamiento de fiebres y algunas enfermedades de la piel.

La diversidad y belleza de plantas y flores impresionó a los conquistadores españoles, quienes advirtieron los múltiples usos que los indígenas les daban: ornamental, medicinal, como alimento y para ceremonias rituales.

El nombre original de la resplandeciente flor en náhuatl significa “flor que se marchita” y sus referencias más antiguas se encuentran en antiguos códices mexicanos, recopiladas por fray Bernardino de Sahagún en su obra Historia de las cosas de la Nueva España, según Laura Trejo Hernández, especialista del Instituto de Biología, de la UNAM.

En ese mismo documento, Sahagún refiere varios usos de la planta, como el medicinal y en las ceremonias sociales. En cuanto al primero hay referencias de que el látex de la flor incrementa la producción de leche materna, mientras que al colocarlo en la piel, es auxiliar para sanar infecciones como erisipela. “Sin embargo, esta aplicación no se ha investigado, por lo que hay que tener cautela ya que podría causar dermatitis tanto en las mucosas como en la piel”.

De acuerdo con las experiencias del médico y botánico español Francisco Hernández de Toledo, en el siglo XVI la nochebuena también se empleaba para aumentar la leche en las mujeres que amamantaban.

Durante la Colonia, los misioneros franciscanos la utilizaron para adornar las iglesias y belenes aprovechado su anterior uso ritual y observando que su florecimiento -el encendido color rojo de las hojas- sucedía durante las festividades decembrinas.

Posteriormente la flor de Nochebuena fue relacionada a la celebración católica del nacimiento de Jesús. Muy probablemente los franciscanos, asentados en Taxco, Guerrero, retomaron el uso ceremonial que introdujeron en la celebración de la Navidad católica en su afán evangelizador. De ahí que Taxco sea considerado punto central de la Nochebuena desde el punto de vista biocultural.

Juan Balme, un botánico del mismo periodo, mencionó la planta de flor de pascua en sus escritos. La describió como si tuviera grandes hojas verdes y una pequeña flor rodeada de brácteas, casi como protección. Las brácteas, dijo, se volvieron de un rojo brillante; Balme también encontró la planta floreciendo en las laderas y en los valles cerca de Cuernavaca.

Después surge un hecho decisivo en la historia de esta planta para adquirir fama en todo el mundo: En 1825 el Gobierno de Estados Unidos designó a Joel R. Poinsett como primer Enviado Extraordinario y Ministro ante México en aquellos convulsionados días de organización política que orillaron al presidente Vicente Guerrero pedir a Poinsett su salida en 1828.

En ese invierno, el diplomático y naturalista, admirador de Alejandro Von Humboldt y miembro de la Sociedad Científica Americana, convocó a colegas naturalistas a realizar una colecta de organismos vegetales y animales, siguiendo la ruta del Barón de Humboldt.

Datos no comprobados, indican que en esa colecta Poinsett y sus amigos encontraron las flores de Nochebuena en barrancas de Taxco y las envió a Estados Unidos.

Hasta el momento, Trejo Hernández no ha localizado la fuente que asegure lo anterior, “aunque sí documentos donde se asienta que Poinsett envió colecta al Jardín de Bartram, de Filadelfia, la colección botánica más importante de la época. Hay cartas donde los Bartram, la familia de botánicos estadounidenses, comentan que recibieron cuatro cargamentos con esquejes (pequeños tallos en maceta), semillas, y otros ejemplares de otras plantas, aunque revueltas”.

Fueron los Bartram quienes recogieron las plantas y en sus invernaderos empezaron a cultivarlas. A finales de 1829 el Jardín hace una exposición de plantas, flores y frutos y presenta la Poinsettia que no era otra que la flor de Nochebuena, en honor al diplomático naturalista. Así fue como Estados Unidos adoptó esa planta de ceremonia, la cultivó y adaptó a sus festividades.

Al paso del tiempo, Robert Buist, un jardinero edimburgués, cultivó la flor en invernadero y la envió a su país de origen y de ese modo fue conocida en Europa. A principios del siglo XX llega a California Albert Ecke, un migrante alemán, que la cultivó de forma masiva, creó una gran cantidad de variedades mediante la innovación genética, e hizo el gran negocio de la floricultura estadounidense. Desde entonces la Poinsettia es fuertemente asociada con Estados Unidos y las fiestas de fin de año. “Tal vez ese éxito comercial y hortícola se deba a que en aquel país se han invertido grandes sumas de recursos tanto por empresas como por universidades para mejorar la flor”, indicó la investigadora de la UNAM.

Símbolo Mundial

En nuestro país, la Cuitlaxóchitl es conocida con distintos nombres. En Chiapas se le conoce como Sijoyo y en Durango como Catalina; en Guerrero, Michoacán, Veracruz e Hidalgo, como Flor de Pascua y en Oaxaca como Flor de Santa Catarina. También hay quienes la llaman Flor de Fuego o Bandera. Fuera de México, es conocida como Hoja Encendida en Centroamérica; como Corona de los Andes en Chile y Perú y simplemente como Flor de Navidad en Venezuela. En Argentina se le conoce como Estrella Federal, por haber sido el símbolo que en el siglo Diecinueve escogieron las fuerzas federalistas que combatieron a quienes pugnaban por la implantación del centralismo en ese país y es la flor nacional.

Actualmente, millones de hogares y espacios públicos son adornados con la flor de nochebuena, emblema de México y símbolo en todo el mundo, durante las celebraciones decembrinas.

La Sociedad Americana de Fitopatología (APS) señala que en la actualidad las flores de pascua se pueden encontrar en muchos colores y formas diferentes, desde mini flores de pascua hasta grandes plantas de muestras.

“Como testimonio de su éxito y popularidad, la flor de pascua no solo es la flor navideña más popular, es la planta en maceta número uno en los Estados Unidos, con más de 65 millones de plantas vendidas en todo el país en el año 2000.

Hace cinco años, un grupo de productores de Alemania y Holanda conformaron un consorcio que se ha convertido en el mayor productor de flores de Nochebuena. En China no se le asocia a los festejos, se le aprecia por su forma y color. En España, además de ser un elemento de las fiestas navideñas, es insignia de la amistad.

Aunque no se cuenta con estimaciones exactas de las ventas de nochebuena, se reporta para el 2018 a Europa como el primer productor de Nochebuena con 110 millones de plantas. Le sigue Estados Unidos con 50 millones de plantas. En tercer lugar se ubica México, con 19 millones de plantas. Aunque la mayoría procede de más de 300 patentes estadounidenses y de otros países, genera un número elevado de empleos; por ejemplo en 2017 generó tres mil puestos directos y se siembran 267 ha donde laboran 900 pequeños productores. Por otro lado, se sabe de la comercialización en pocas cantidades de las nochebuenas de sol, las mexicanas.

Después de México, el siguiente sitio lo ocupa China con 10 millones de plantas; a continuación Japón con 5 millones y Australia con menos de un millón de plantas.

En cuanto a las estadísticas de producción y recursos generados en el país durante 2017, el primer productor resultó Morelos con 790 mil plantas, lo que redituó 5 millones de pesos. Siguió Michoacán con 975 mil plantas y 3 millones de pesos. Luego la Ciudad de México con 593 mil plantas y 3 millones de pesos. Puebla produjo 938 mil plantas y reportó ganancias por 2 millones de pesos. Asimismo Jalisco comercializó 728 mil plantas y obtuvo 1 millón de pesos, en tanto que el Estado de México cultivó 103 mil plantas y ganó 1 millón de pesos.

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