Desnutrición y obesidad, dos caras del fracaso

Staff/GC
Posted on diciembre 27, 2019, 6:28 pm

Sistemas alimentarios incapaces de proveer dietas saludables, seguras y accesibles; programas contra la desnutrición que han incrementado los riesgos de obesidad y de enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación; la desaparición de mercados de alimentos frescos contra el incremento en la venta de alimentos procesados ​​envasados conforman el coctel del fracaso de los sistemas alimentarios que ha derivado en una nueva realidad nutricional donde la doble carga de la malnutrición (la coexistencia de la sobrenutrición [sobrepeso y obesidad] junto con la desnutrición [retraso del crecimiento y emaciación], en todos los niveles de la población: país, ciudad, comunidad, hogar e individuo) se presenta en todos los países, independientemente del nivel socioeconómico.

“A pesar de algunos avances, el mundo no está en camino de cumplir con los objetivos y metas acordados a nivel mundial para la nutrición. Si bien más de 149 millones de niños tienen retraso en el crecimiento, el sobrepeso y la obesidad en la niñez aumentan en casi todas partes, y las dietas subóptimas son responsables de una de cada cinco (22%) muertes de adultos en todo el mundo”, advierte un manifiesto firmado por los especialistas Francesco Branca, Alessandro Demaio, Emorn Udomkesmalee, Phillip Baker, Victor M Aguayo y Simón Barquera, entre otros.

De acuerdo con el escrito “Un nuevo manifiesto nutricional para una nueva realidad nutricional”, la desnutrición tiene como común denominador a sistemas alimentarios que no proporcionan a todas las personas dietas saludables, seguras, asequibles y sostenibles.

“Los costos económicos, sociales y ambientales de la inacción obstaculizarán el crecimiento y el desarrollo de los individuos y las sociedades en las próximas décadas”, advierte el manifiesto. “Aunque las nuevas alianzas estratégicas son esenciales, debemos reconocer el daño y la desconfianza que resultan de las alianzas incompatibles con las partes interesadas cuyo comportamiento va en contra de la salud humana o planetaria”.

Aunque reconoce que la industria alimentaria tiene un papel importante en la implementación de los cambios que requieren los sistemas alimentarios, no se puede permitir que las empresas influyan en la formulación de políticas públicas.

“Este esfuerzo de múltiples partes interesadas para terminar con la desnutrición debe priorizar el compromiso, la inclusión y el empoderamiento de los titulares de derechos, como las mujeres, los pequeños agricultores, los jóvenes y los grupos marginados. Cualquier acción política o acuerdo de gobernanza debe comenzar con la pregunta: ¿a quién sirve nuestro sistema alimentario en última instancia y con qué propósito?”, cuestiona el manifiesto publicado en The Lancet.

Este nuevo movimiento propone exigir cambios radicales a nivel local, regional y global, que de manera colectiva se pueden lograr por el futuro de los niños, niñas y las nuevas generaciones, señala el doctor Simón Barquera, director del Centro de Investigación en Nutrición y Salud (CINyS) del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).

El manifiesto agrega que la prevención de la desnutrición, especialmente en los primeros 1000 días, tiene beneficios económicos y de salud para toda la vida.

“Para que los sistemas alimentarios ofrezcan dietas saludables, seguras, asequibles y sostenibles para todos, debemos abordar los factores que incentivan el crecimiento interminable del mercado y el consumo sobre la salud humana y planetaria. Un cambio significativo requerirá una acción en todos los sistemas alimentarios, desde la producción y el procesamiento, pasando por el comercio y la distribución, la fijación de precios, la comercialización y el etiquetado, hasta el consumo y el desperdicio, impulsados ​​de abajo hacia arriba por las comunidades, ciudades, regiones y naciones. Todas las políticas e inversiones relevantes deben ser radicalmente reexaminadas”, recomiendan los especialistas.

Junto con el manifiesto, The Lancet publica una investigación que reclama un nuevo planteamiento para contribuir a reducir simultáneamente la desnutrición y la obesidad, ya que ambos problemas están cada vez más conectados entre sí debido a los cambios vertiginosos registrados en los sistemas alimentarios de los países. Ello es especialmente importante en los países de ingresos bajos y medianos, se desprende del informe, pues más de una tercera parte de esos países presentaban formas superpuestas de malnutrición (45 de 123 países en la década de 1990 y 48 de 126 países en la década de 2010), especialmente en África subsahariana, Asia meridional y oriental y el Pacífico.

“Nos enfrentamos a una nueva realidad nutricional”, ha declarado el doctor Francesco Branca, director del Departamento de Nutrición para la Salud y el Desarrollo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y autor principal del informe. “Ya no podemos clasificar a los países en dos categorías: países de ingresos bajos y con problemas de subalimentación, y países de ingresos altos y afectados solamente por la obesidad. Todas las formas de malnutrición tienen un denominador común: sistemas alimentarios que no pueden ofrecer a todas las personas una alimentación saludable, inocua, asequible y sostenible. Para cambiar esto se requieren medidas en todas las etapas de los sistemas alimentarios y que todas las inversiones y políticas pertinentes deben reexaminarse radicalmente”.

De acuerdo con la OMS, a nivel mundial, las estimaciones apuntan a que casi 2,300 millones de niños y adultos tienen sobrepeso y más de 150 millones de niños tienen retraso de crecimiento. “En los países de ingresos bajos y medianos, esos problemas emergentes se solapan en una misma persona, en las familias, las comunidades y los países.

El estudio señala que en la nueva realidad nutricional existen múltiples formas de desnutrición que se superponen de diferentes maneras y en diferentes lugares que, para enfrentarlas requerirá de nuevas formas de diseñar, focalizar e implementar programas y políticas para acelerar el progreso en la mejora de la nutrición a nivel mundial.

“El efecto de la desnutrición en las últimas cuatro o cinco décadas afectará nuestra salud durante muchos años futuros. Aunque el retraso en el crecimiento ha disminuido considerablemente desde principios de la década de 1990, el retraso en el crecimiento de las últimas tres o cuatro décadas tendrá un gran efecto décadas más tarde en el aumento de la grasa visceral y un mayor riesgo de enfermedades no transmisibles importantes”, señalan en “Dinámica de la doble carga de la desnutrición y la realidad nutricional cambiante”, firmada por Barry M. Popkin, Camila Corvalan y Laurence M Grummer-Strawn.

“Los cambios en las últimas décadas en la comercialización de alimentos, el acceso y la compra de alimentos procesados ​​envasados ​​han delimitado una nueva realidad nutricional en todo el mundo. El crecimiento de los alimentos al por menor y el control de toda la cadena alimentaria en muchos países por parte de los agronegocios, los minoristas de alimentos, los fabricantes de alimentos y las empresas de servicios de alimentos han cambiado notablemente. Este cambio ha sido acompañado por el aumento en el consumo de compras de alimentos ultraprocesados ​​en los países de bajos y medianos ingresos (LMIC)”.

Agrega que los alimentos ultraprocesados ​​y envasados, ricos en carbohidratos refinados, grasas, azúcar y sal, son relativamente económicos y a menudo están listos para comer juegan un papel importante en el aumento de la obesidad y las enfermedades no transmisibles.

“Un ensayo controlado aleatorio realizado por un equipo de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. Mostró que los adultos con peso normal perdieron 0,9 kg en 2 semanas cuando se alimentaron con una dieta de alimentos reales y ganaron 0,9 kg cuando se alimentaron con una dieta compuesta de ultra- alimentos procesados, siguiendo un diseño cruzado”, señala el estudio.

En medio de todo este fenómeno, advierten que los mercados de alimentos frescos desaparecen cada vez más, mientras que los minoristas -grandes y pequeños- de alimentos procesados los van remplazando en todo el mundo.

“En América Latina y el Caribe, las ventas de alimentos procesados ​​envasados ​​aumentaron de aproximadamente el 10% de todos los gastos en alimentos en 1990 al 60% en 2000. La mayor parte de este aumento parece estar en alimentos ultraprocesados y bebidas poco saludables y el crecimiento continúa en esta región. Aumentos similares en la penetración de los minoristas de alimentos modernos surgieron a diferentes velocidades en Asia, África y Oriente Medio (…) Las ventas de alimentos y bebidas no esenciales están creciendo rápidamente. Los datos del volumen de ventas de Euromonitor International muestran tendencias en el aumento de las ventas de alimentos no esenciales o basura y bebidas azucaradas en Chile, Sudáfrica, Filipinas y Malasia”, ilustra el estudio.

Estos resultados muestran que las ventas de bebidas azucaradas ya eran altas en los países de bajos ingresos para 2017. El rápido crecimiento de la comida chatarra y las bebidas azucaradas en estos países ejemplifica cuán agresivo es este sector alimentario. India y China son dos de los cinco principales mercados para los fabricantes de bebidas azucaradas y se espera que las bebidas azucaradas se conviertan en los principales mercados de estos países en la próxima década.

Los autores han utilizado datos derivados de encuestas realizadas en los países de ingresos bajos y medianos en las décadas de 1990 y de 2010 para estimar los países que registraban una doble carga de malnutrición (es decir, más del 15% de la población con emaciación, más del 30% con retraso del crecimiento, más del 20% de las mujeres con delgadez y más del 20% de los habitantes con sobrepeso).

En la década de 2010, en comparación con la de 1990, 14 nuevos países con algunos de los ingresos más bajos del mundo se habían incorporado a los países afectados por la doble carga de malnutrición. En cambio, el problema afectaba a menos países de ingresos bajos y medianos situados en los niveles superiores de esos grupos, en relación con la década de 1990. Los autores afirman que ello refleja la creciente prevalencia del sobrepeso en los países más pobres, donde las poblaciones siguen padeciendo retraso en el crecimiento, emaciación y delgadez.

“En la nueva realidad nutricional, aplicar las mismas medidas de siempre no funciona. La buena noticia es que existen oportunidades excelentes de utilizar las mismas plataformas para abordar formas diferentes de malnutrición. Ahora es el momento de aprovechar las oportunidades de aplicar ‘medidas de doble finalidad’ para obtener resultados”, declaró la profesora Corinna Hawkes, del Centro de Política Alimentaria de City University, Universidad de Londres (Reino Unido).

Ante la nueva realidad nutricional no funciona aplicar las mismas medidas de siempre, sino que se deben implementar estrategias que tengan el doble objetivo de prevenir o reducir tanto la desnutrición como la obesidad, y con el fin de gestar los cambios sistémicos necesarios para poner fin a la malnutrición en todas sus formas, los autores hacen un llamamiento a los gobiernos, Naciones Unidas, sociedad civil, sector académico, medios de comunicación, sector privado y plataformas económicas para que luchen contra la doble carga de malnutrición y den cabida a nuevos agentes.

“Dada la economía política de los alimentos, la mercantilización de los sistemas alimentarios, y las pautas crecientes de desigualdad en todo el mundo, la nueva realidad nutricional requiere una mayor comunidad de agentes que trabajen a escala mundial de forma interconectada y se refuercen mutuamente”, señala el Dr. Branca. “Sin una transformación profunda de los sistemas alimentarios, los costos económicos, sociales y medioambientales de la inacción entorpecerá el crecimiento y el desarrollo de las personas y las sociedades durante décadas”.

***