#ElPuntoG.- SCREWBALL El buen morir y los holandeses

Posted on abril 18, 2020, 6:36 pm

ERNESTO OSORIO G*

Decidir entre la vida y la muerte no es fácil. Sólo quienes hemos pasado por una experiencia así entendemos sus alcances.

No es costumbre de quien esto escribe, compartir aspectos personales en el ejercicio de la profesión periodística, pero espero que este testimonio ayude a que se entienda más sobre el tema de la bioética, un asunto de difícil comprensión por los temas morales que implica, particularmente en estos días.

De acuerdo con la enciclopedia de Bioética del Instituto Joseph Rose Kennedy, ésta disciplina de la Medicina, busca dar una respuesta adecuada a la complejidad creciente que existe en la atención de pacientes y en las políticas de salud, fundamentalmente, en la ciudadanía en general y en los profesionales de la salud. Es una reflexión que debe ayudar a conocer cuáles pueden ser las mejores opciones a tomar respecto a nuestra vida.

“La bioética se preocupa por las cuestiones éticas involucradas en la comprensión humanas de la vida. Nace por la conciencia de la necesidad de una reflexión crítica sobre los conflictos éticos provocados por los avances de la ciencia de la vida”

Hace 12 años, los médicos no daban muchas esperanzas y ella, sufría. Lo sé, había aprendido a leer su mirada desde que un infarto cerebral le había dejado sin habla. Su calidad de vida había venido a menos en los últimos años. Recuerdo que era un jueves por la tarde en su cuarto del Hospital Enrique Cabrera de la colonia Hacienda de Tarango de la Alcaldía Álvaro Obregón. Me quedé un rato en silencio con ella, le tomé su mano y ella apenas estrechó la mía con una fuerza casi imperceptible y me miró como nunca antes lo había hecho. En ese momento entendí lo que quería decirme. Estaba cansada de vivir; un regreso más a casa significaría solo alargar un final que era inminente.

Al día siguiente hablé con mi familia. Mi hermana, al principio no quería aceptarlo, pero al escuchar con atención al médico tuvo que aceptar -como todos nosotros- la decisión más difícil de nuestras vidas: desconectarla del ventilador automático que la mantenía con vida. Mi madre falleció el 7 de octubre del 2008 por una neumonía fulminante, derivada de un quinto infarto cerebral y por complicaciones de diabetes e hipertensión. Tenía 79 años y permaneció dos días con respiración artificial.

Haber prolongado la vida de mi madre por más días, apoyada por un ventilador hubiera negado a otro paciente con mejores expectativas de vida la posibilidad de sobrevivir. Se dice fácil, pero entenderlo, costó muchísimo.

En el ámbito de la salud surgen conflictos entre la voluntad de los pacientes y el criterio de los profesionales. La bioética no es un protocolo que dictamina cuál de las dos actitudes es la correcta. Ahora me queda claro que esta disciplina sólo aporta unos elementos de reflexión que en un momento de toma de decisiones, ayudan a analizar la situación concreta con el fin de elegir la más acertada. La bioética no determina cual es el bien, sino que alienta a las personas inmersas en la situación del conflicto para que lleguen a un acuerdo a través del diálogo y el respeto.

En el ejercicio de la Medicina, los profesionales de la salud se rigen por leyes, Códigos, Protocolos y principios éticos en el ejercicio cotidiano de su profesión y un Código o Guía de Bioética, es inherente al desarrollo de médicos, enfermeras y personal de la salud. Ningún circulo de profesionales de la salud puede prescindir de ella.

En días recientes se desató un debate sin sentido, a partir de la inoportuna y apresurada publicación de una Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica —en la que se establecían las disposiciones científicas y éticas para atender los casos críticos de pacientes enfermos con Covid-19 en nuestro país.

El debate, se centró en la idea de que, en caso de insuficiencia o falta de equipo médico para la atención de pacientes graves, uno de los criterios para decidir la prioridad en la atención sería la edad, privilegiando el principio de “vida completa”. En pocas palabras, se sacrificaría a los más viejos por encima de los más jóvenes.

Torpemente, el documento se hizo público y despertó más dudas que certezas, pues además establecía en uno de sus párrafos, algo que molestó mucho a la población

”Si recurrir al principio de vida completa no desempata a los pacientes, entonces la decisión sobre quién recibirá acceso a los recursos escasos deberá tomarse al azar (por ejemplo, lanzando una moneda)”

Días después no enteramos que ese documento era inacabado, incluso el mismo Rector de la UNAM quien forma parte del Consejo Nacional de Salubridad General y cuyo voto es obligatorio para aprobar lineamientos o códigos como éste, desconoció el contenido de la polémica guía y públicamente se desligó del texto.

El pasado jueves, el documento fue retirado del sitio del Consejo de Salubridad que era donde estaba alojado; se modificó su título anteponiendo la palabra “proyecto” y el mismo secretario general del Consejo José Ignacio Santos anticipó que la guía aún esta en revisión y todavía no se ha aprobado.

Pero el documento en sí, la Guía va a existir y es mejor tener presente que habrá que tomar decisiones difíciles para la mejor atención de miles y miles de pacientes que llegarán a los hospitales en los próximos días. Deberán ser medidas éticas para distribuir los recursos médicos y restar presión moral a los médicos.

En países donde ya pasaron los días más críticos de la pandemia, estos casos ya se presentaron y tuvieron que resolverse al amparo de su guía de bioética. Suecia, Italia, España tuvieron que tomar decisiones difíciles y muchas personas con padecimientos de comorbilidad como diabetes o hipertensión, tuvieron que esperar en la segunda sala de atención. Hubo otras como Holanda, los países bajos donde una sociedad mucho más liberal contempla en la Ley a la eutanasia, como un derecho humano para garantizar el buen morir.

“Muchas personas no quieren pasar por eso (el entubamiento). Tampoco morir solos, en una sala desbordada como las que se ven cada vez con mayor frecuencia en distintas partes del mundo por el coronavirus. Por otro lado, muchos establecimientos para adultos mayores en Holanda cuentan con instalaciones que les permiten a los enfermos recibir cuidados paliativos y tener una muerte no dolorosa”, escribe Isabel Ferrer en un artículo para el diario español El País.

Que cada individuo tenga la libertad de decidir plenamente sobre su vida forma parte del arraigo que tiene el respeto por la libertad personal en la cultura holandesa.

Viviremos situaciones difíciles y es preferible tener una mentalidad abierta para entender que, en ocasiones críticas, habrá que decidir. Hagamos más sencilla la tarea a los profesionales de la salud. Escuchemos, y reflexionemos sobre las prioridades que habrá que atender y si no podemos avanzar hacia una sociedad más evolucionada, al menos liberemos a médicos y enfermeras de presión social. Aceptemos las directrices de la bioética.

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*ERNESTO OSORIO

PERIODISTA

Ernesto Osorio González es fundador y Director editorial de los portales digitales: www.discursoydebate.com y www.gacetaciudadana.com.

Cuenta con 25 años de trayectoria periodística trabajando la fuente política y social de la Ciudad de México.

Su columna “Screwball” se publica en www.gacetaciudadana.com y en El Influyente.

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