#ElPuntoG – SCREWBALL – No, No es Cosa de Risa

Posted on agosto 07, 2020, 9:51 pm

ERNESTO OSORIO*

El entorno de incertidumbre que se ha generado por la pandemia del Coronavirus, advierte un incremento en los padecimientos mentales entre la población. Los sentimientos de ansiedad, impotencia y dolor están aumentando a medida que las personas enfrentan un futuro cada vez más incierto, y casi todos han sido afectados por alguna pérdida: el poder adquisitivo, la seguridad, la salud, los ahorros, el trabajo… un ser querido.

El encierro ha sido enfrentado desde la trinchera que la cartera proporciona y evadido por la falta de recursos económicos, aunque ambas formas, en mayor o menor medida han derivado en mecanismos de tensión que se reflejan en la convivencia cotidiana: Una persona que se opone a usar el cubrebocas en una tienda, la agresividad de un automovilista, la inseguridad en el espacio público manifestada por la delincuencia a punta de pistola.

La ansiedad, la impotencia, el dolor, la frustración y la ira se han instalado en las comunidades junto con el virus.

En una entrevista con el portal de noticias Infobae, la doctora Liliana Moneta, psiquiatra y psicoanalista de la Asociación de Psiquiatras argentinos, explicaba hace unos días que “en la práctica se observa que a aquellas personas que padecían determinados cuadros ansiosos sociales antes de la pandemia y que les generaba malestar y estrés el hecho de salir al exterior (a su trabajo, por ejemplo), el confinamiento los vino a relajar. En cambio, a aquellos que construyen la mayor parte de su andamiaje diario en el exterior, el encierro los afectó”.

Sin embargo, una revisión reciente de la revista médica de estudios The Lancet sobre el impacto psicológico durante los brotes del Covid mostró que la cuarentena ha ido más allá y generó trastornos emocionales como depresión, irritabilidad, insomnio, síntomas de estrés postraumático, confusión y enojo.

Una encuesta aplicada a 52 mil personas en China, Hong Kong, Macao y Taiwán, realizada por psiquiatras del Centro de Salud Mental de Shanghai entre el 31 de enero y el 10 de febrero, sobre cómo enfrentó la población el brote de Covid-19 encontró que casi el 35% de los encuestados experimentaron una angustia psicológica que se expresó de forma diversa, según la situación socioeconómica de las personas. Una familia con todos los recursos a su alcance, con la subsistencia garantizada, sin problemas para alimentarse y con una situación económica holgada o ingresos suficientes, resultó ser más proclive a moderar sus afectaciones psicológicas.

Pero en el caso de la quienes perdieron su empleo por la pandemia, que cumplieron varios meses en el encierro sin la certidumbre de un ingreso, con la pérdida de su patrimonio o, incluso, la falta de recursos para salvar la vida de algún ser querido, el impacto ha sido distinto y, a decir de los expertos, se generó un sentimiento de frustración ante las consecuencias que el encierro les ha dejado.

De acuerdo con la doctora Moneta, esta situación es la que más se repite en los hogares de Buenos Aires y es evidente que no es muy distinta de lo que ocurre en los hogares mexicanos.

Esta semana cumplimos ya 40 días de haber iniciado el regreso paulatino a las actividades cotidianas en medio de restricciones sanitarias con las que deberemos aprender a convivir por un largo tiempo, pero con una sensación de incertidumbre, de enfado, de enojo que ha dejado en muchos el saberse en crisis, con menos ingresos y más inseguros.

El coronavirus transformó todo lo que creíamos saber sobre nuestra vida cotidiana y nuestra salud en un “mundo raro”, como diría José Alfredo, y en el que las juntas por Zoom, las compras por Amazon son cada vez más comunes y cotidianas, pero al mismo tiempo nos enfrentamos a una crisis económica de grandes proporciones para quienes más o menos tenían un nivel de vida aceptable, pero letales para los más desfavorecidos.

Una desgracia en un país donde 78.1% de los mexicanos son pobres y/o vulnerables por ingresos y al que este año se le sumarán 12 millones más a las filas de la pobreza.

Este es el escenario en donde se desarrolla la agresión reactiva, dicho por los psicólogos, una respuesta violenta al entorno que se presenta adverso y amenaza la estabilidad emocional de las personas y en este contexto debemos entender la reacción violenta de muchas personas en estos días.

Esta semana y a través de las redes sociales, se volvió tendencia la forma en que los pasajeros de una pesera frustraron un asalto en su contra al propinarle una severa golpiza a un sujeto que intentó robarles sus pertenencias. La reacción de la gente fue en su mayoría de empatía y hubo hasta quien calificó a los agresores como “héroes anónimos”. Rápidamente fueron multiplicándose otros casos en redes y donde la gente decidió “hacerse justicia por propia mano”.

Más allá de la creatividad humorística que desató el acontecimiento, debemos ver con preocupación que hechos como este puedan repetirse, pero con lamentables consecuencias. La mayor parte de la población está enojada, frustrada y nadie busca al culpable de su estado anímico, sino que reacciona sin mediar raciocinio alguno en contra de quien le ocasione cualquier daño.

Necesitamos políticas públicas en materia de salud mental urgentes que atiendan el malestar de la población, no podemos esperar a que hechos como este se repitan, pues quizá para otra ocasión, los asaltantes ya no amagarán.

No, esto no es cosa de risa, es una situación muy seria pues la frustración puede y el enfado por los efectos del encierro alcanzaron también a delincuentes que también se han visto afectados en su actividad cotidiana y ante la agresividad de sus víctimas puede ser que para la próxima actúen de otra manera.

Esperar que la impartición de justicia resuelva su impericia o que la población crea en las instituciones encargadas de garantizarla es una utopía. Atendamos entonces los problemas de salud y frustración de la gente. Aún estamos a tiempo.

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*ERNESTO OSORIO

PERIODISTA

ERNESTO OSORIO GONZÁLEZ es fundador y Director editorial de los portales digitales: www.discursoydebate.com y www.gacetaciudadana.com.

Cuenta con 25 años de trayectoria periodística trabajando la fuente política y social de la Ciudad de México.

Su columna “Screwball” se publica en www.gacetaciudadana.com y en El Influyente.

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