Alertan de nueva conducta del coronavirus

Staff/GC
Posted on abril 25, 2020, 7:17 pm

Diversas publicaciones periodísticas difundieron esta semana, una serie de artículos que hablan de una variación en el patrón de conducta del coronavirus, la pandemia que ha causado la muerte a más de 2 millones de personas en el mundo.

Sin embargo, The Washington Post recogió la opinión de varios especialistas que coinciden en que es urgente en que la Organización Mundial de la Salud y las investigaciones que se realizan en todo el mundo, recojan este nuevo patrón del Covid-19 y entiendan que se trata de una enfermedad que va más allá de ser una simple neumonía.

“Hace un mes, mientras Estados Unidos entraba en cuarentena para prepararse para la primera oleada de casos de coronavirus, muchos médicos se sentían seguros de saber con qué estaban lidiando. Basado en los primeros reportes, el Covid-19 parecía ser una variedad estándar de un virus respiratorio, aunque contagioso y letal, sin vacuna ni tratamiento. Pero desde entonces, se han ido convenciendo de que el COVID-19 no solo ataca los pulmones, sino también los riñones, el corazón, los intestinos, el hígado y el cerebro” inicia el artículo firmado por Ariana Eunjung Cha

Explica que sin patrones claros en términos de edad o condiciones crónicas, algunos científicos han propuesto la hipótesis de que al menos algunas de estas anormalidades podrían ser explicadas por cambios severos en la sangre de los pacientes. Refiere que algunos médicos han propuesto la posibilidad de proporcionar preventivamente anticoagulantes a todos los pacientes con COVID-19, incluso a aquellos lo suficientemente estables como para sobrellevar la enfermedad desde sus casas.

“Las autopsias han revelado pulmones de algunas personas llenos de cientos de microcoágulos. Los coágulos de sangre errantes de mayor tamaño pueden desprenderse y llegar hasta el cerebro o el corazón, causando embolias o infartos. El 18 de abril, el actor de Broadway Nick Cordero, de 41 años, tuvo que someterse a la amputación de su pierna derecha luego de haber sido infectado con el nuevo coronavirus y haber sufrido de coágulos que bloquearon el flujo sanguíneo hacia los dedos de su pie”, refiere el doctor Lewis Kaplan, médico de la Universidad de Pensilvania y director de la Sociedad Estadounidense de Medicina Crítica. El testimonio fue recogido en otra publicación argentina suscrita por Valeria Chavez  de Infobae, Argentina.

De acuerdo con el especialista, se ha encontrado en los pacientes que alcanzan cuadros graves de coronavirus que la mecánica respiratoria está intacta. De ahí que concluyan que la dificultad respiratoria no es por falta de oxígeno sino por incapacidad de las células para transportarlo.

Otra hipótesis -refiere el artículo- es que el virus ataca células de los pequeños sacos pulmonares (alvéolos) causando su colapso, lo que impide que pase oxígeno a la sangre.

“El virus entra al organismo, ingresa en el receptor de la enzima convertidora y rompe la célula pulmonar, se multiplica, hace carga viral y el sistema inmune, reacciona con fuerza y produce un estado inflamatorio tremendo, que se exagera en pacientes obesos, hipertensos, diabéticos, en los que predominantemente se genera un estado protrombótico.

En concreto, lo que los especialistas observan son microtrombos en pequeños vasos a nivel del pulmón y esto es lo que provoca falta de oxígeno en el paciente, en consonancia con un aumento del dímero D, “un marcador de que en el organismo está ocurriendo la formación de coágulos”

En Argentina, la Sociedad Argentina de Hematología emitió guías de recomendaciones sobre qué hacer con pacientes con COVID-19 desde el punto de vista hematológico.

¿Cómo se encontró esta variante?

La primera señal de que algo se estaba saliendo de control se encontró en las piernas, las cuales estaban hinchándose y poniéndose azules. Incluso pacientes que estaban tomando anticoagulantes en la UCI estaban desarrollando coágulos, lo cual no es inusual en uno o dos pacientes en una unidad, pero sí lo es para tantos al mismo tiempo. Luego vinieron las obstrucciones en las máquinas de diálisis, las cuales filtran impurezas en la sangre cuando los riñones fallan. Las máquinas empezaron a atascarse varias veces al día.

Luego vinieron las autopsias. Cuando diseccionaron algunos pulmones de pacientes fallecidos, los especialistas esperaron conseguir alguna evidencia de neumonía o de lesiones en los pequeños sacos de aire que intercambian oxígeno y dióxido de carbono entre los pulmones y el torrente sanguíneo. En vez de eso, encontraron pequeños coágulos por todas partes.

Se convocaron reuniones en Zoom en algunos de los centros médicos más importantes a nivel nacional: Tufts, Yale-New Haven, Universidad de Pensilvania, Brigham and Women’s, el Hospital presbiteriano de Nueva York. Se compartieron teorías y se debatieron tratamientos.

Aunque no hubo consenso sobre la biología de por qué estaba sucediendo esto y qué se podía hacer al respecto, muchos llegaron a la conclusión de que los coágulos podrían ser responsables de una parte importante de las muertes por COVID-19 en Estados Unidos. Incluso podrían ser la explicación del por qué tantas personas están falleciendo en sus casas.

Helen W. Boucher, especialista en enfermedades infecciosas del Centro Médico Tufts, afirmó que no hay razones para pensar que el virus pudiera ser distinto en Estados Unidos. Lo más probable, dijo, es que el problema hubiera sido más evidente para los médicos estadounidenses debido a las características demográficas únicas de los pacientes estadounidenses, que incluyen grandes porcentajes de personas con enfermedades cardíacas y obesidad que los hacen más vulnerables a los daños de los coágulos de sangre. Boucher también señaló algunas pequeñas pero importantes diferencias en el monitoreo y tratamiento de los pacientes en las UCI de este país, que hacen que los coágulos sean más fáciles de detectar.

La causa principal de muerte

En su investigación, The Washington Post destaca que el sistema cardiovascular o circulatorio del cuerpo es descrito a menudo como un entramado de calles de un solo sentido que conecta al corazón con otros órganos. La sangre es el sistema de transporte, responsable de mover los nutrientes a las células y de recoger y alejar los desechos. Un resfriado común o una cortada en el dedo pueden generar cambios que ayuden a reparar el daño, pero cuando el cuerpo sufre un trauma más grave, la sangre puede reaccionar de manera exagerada, generando un desequilibrio que puede causar exceso de coágulos o hemorragia, y a veces incluso ambos.

Harlan Krumholz, especialista cardiológico del Centro Hospitalario Yale-New Haven, afirmó que nadie sabe si las complicaciones sanguíneas son el resultado de un ataque directo a los vasos sanguíneos o una respuesta inflamatoria hiperactiva al virus generada por el sistema inmunológico del paciente.

“Una de las teorías es que una vez que el cuerpo está muy concentrado en una lucha contra un invasor, el cuerpo empieza a consumir los factores coagulantes, lo que puede generar coágulos sanguíneos o hemorragia. En el ébola, la balanza se inclinaba más hacia la hemorragia. En el COVID-19, hay más coágulos sanguíneos”, afirmó.

Si bien el síndrome de dificultad respiratoria aguda todavía parece ser la causa principal de muerte en los pacientes de COVID-19, las complicaciones sanguíneas no están muy lejos, afirmó Behnood Bikdeli, becario de cuarto año del Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia, quien ayudó a presentar un artículo sobre los coágulos sanguíneos en Journal of The American College of Cardiology.

“Yo diría que es una de las tres principales causas de muerte y deterioro en pacientes de COVID-19”, afirmó.

Algunos centros médicos han comenzado a administrarle a todos los pacientes hospitalizados por COVID-19 una pequeña dosis de anticoagulantes como medida preventiva, y muchos están incrementando las dosis para los más gravemente enfermos. El problema es que mientras más dosis se administre, más grande es el riesgo de alterar el balance hacia la otra dirección y causar que el paciente se desangre.

Varios investigadores médicos afirmaron que la relación entre el COVID-19, la coagulación y las mujeres embarazadas es “un área de interés”. Las mujeres en proceso de parto pueden experimentar complicaciones en el sangrado y la coagulación debido a la implicación de la placenta rica en sangre, pero es posible que el COVID-19 pueda estar detonando casos adicionales al hacer que los cuerpos de algunas mujeres “pierdan el balance”.