Odio, mala hierba fuera de control

Posted on diciembre 31, 2019, 6:00 am

Mónica fue asesinada de siete puñaladas en Rosario, Argentina; su cuerpo, atado a la cama, fue calcinado; en Mississippi, Graham y Louie incendiaron, por motivos raciales, una zona residencial predominantemente afroamericana; un supremacista blanco intentó un atentado contra una sinagoga en Colorado; otro sujeto irrumpió con un rifle en una sinagoga en California y abrió fuego contra los asistentes; Terry y Raylaine explotaban laboralmente a una persona con discapacidad en Louisiana; Curtis, Gavin y Patrick pretendían activar explosivos para matar inmigrantes somalíes en Kansas; en Oaxaca, Ponciano y su hijo atacaron con ácido a la saxofonista María Elena; la islamofobia y el sentimiento antiinmigrante prevalece en Europa; los ataques a la comunidad LGBTTTI se acentúan en América Latina; los feminicidios no se pueden detener en México.

El reconocimiento de la diversidad es sustituido con agresiones y crímenes contra musulmanes y judíos, contra cristianos y protestantes; contra mujeres y niñas, contra discapacitados y homosexuales, afrodescendientes, gitanos y latinos.

Así, las huellas de los intolerantes, de los prejuiciosos, de los xenófobos, de los racistas, de los que odian, se extiende como maleza sin control por el planeta.

Se odia en la vía pública, donde un automovilista puede caer abatido a balazos luego de un simple desencuentro vial; se odia en los espacios de convivencia, como los estadios de futbol, que se convierten en escenarios donde se da rienda suelta a manifestaciones racistas, homofóbicas o machistas; se odia en la intimidad, donde miles de mujeres mueren a manos de su pareja.

La diputada mexicana Lorena Villavicencio ha sostenido que México ocupa el segundo lugar en crímenes de odio por homofobia, sólo detrás de Brasil; además, siete de cada 10 personas de esta comunidad son discriminados y 75 por ciento recibe hostilidades en el ámbito laboral. Pero el dato es viejo.

“La discriminación, la intolerancia y la consideración de la diversidad sexual como amenaza social han alcanzado su nivel más vergonzoso en los crímenes de odio por homofobia, que han colocado a México en segundo lugar entre los países Latinoamericanos”, alertó desde hace NUEVE AÑOS la entonces secretaria de Vinculación con la Sociedad Civil de la otrora Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, María José Morales.

En enero pasado (2019), Julia Suárez Cabrera, directora de análisis legislativo y asuntos internacionales del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), demandaba (todavía) que el Estado mexicano adopte medidas en el ámbito legislativo para garantizar los derechos de las personas y que eviten la discriminación por motivos de identidad sexual.

Los crímenes de odio no son exclusivos de países tercermundistas como México, en los Estados Unidos el Buró Federal de Investigaciones (FBI) reveló que en los últimos 16 años los crímenes de odio se manifestaron con mayor intensidad en 2018.

Ese año se reportaron 7,120 incidentes de delitos de odio en todo Estados Unidos.

“El 57.5% estaba motivado por un sesgo racial / étnico. El 20.2% fue motivado por prejuicios religiosos. El 17.0% resultó del sesgo de orientación sexual. 2.4% fueron motivados por el sesgo de identidad de género. 2.3% fueron motivados por el sesgo de discapacidad. 0.7% (47 incidentes) fueron motivados por prejuicios de género.

En Europa, la Organización para la Seguridad y la Cooperación registró  5,735 incidentes de odio en 2018, que abarcó 178 grupos de la sociedad civil, en 44 Estados.

Paz Alterada

Organismos internacionales ya tienen encendidos los focos rojos ante esta realidad.

El odio es una amenaza para todos, ha advertido el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, quien ha instrumentado medidas urgentes para frenar la creciente violencia que está generando ataques de odio alrededor del mundo.

“Tales incidentes se han vuelto demasiado familiares. Musulmanes asesinados a tiros en mezquitas, sus sitios religiosos destrozados; judíos baleados en sinagogas, sus lápidas desfiguradas con esvásticas; cristianos asesinados en oración, sus iglesias a menudo incendiadas”, difundió Guterres el pasado mes de abril.

El titular de la ONU agregó que, en lugar de ser refugios seguros, las casas de culto se han convertido en objetivos, señalando que más allá de los asesinatos, existe una retórica repugnante: “la xenofobia dirigida no solo a grupos religiosos sino también a migrantes, minorías y refugiados (…) veneno dirigido a cualquiera que se considere diferente”.

Hay que contrarrestar la perturbadora ola de violencia basada en el odio y la intolerancia y dirigida a practicantes de todas las religiones antes de que sea demasiado tarde, aseguró el Secretario General de la ONU, quien, en respuesta a la situación, ha puesto en marcha dos iniciativas urgentes: la elaboración del plan de acción para movilizar completamente la actuación del sistema de la ONU contra el discurso de odio, dirigido por el Asesor Especial sobre la Prevención del Genocidio, Adama Dieng, y un esfuerzo dirigido por el Alto Representante para la Alianza de Civilizaciones,  Miguel Moratinos, para ayudar a garantizar la seguridad de los santuarios religiosos.

“El mundo debe actuar para eliminar el antisemitismo, el odio musulmán, la persecución de los cristianos y todas las demás formas de racismo, xenofobia, discriminación e incitación al odio”, aseguró Guterres, y agregó que el odio es una amenaza para todos, por lo que este es un trabajo de todos. “Los líderes políticos y religiosos tienen la responsabilidad especial de promover la coexistencia pacífica. Contaré con el fuerte apoyo de los gobiernos, la sociedad civil y otros socios en el trabajo conjunto para defender los valores que nos unen a una sola familia humana”.

Redes de Odio

La Organización de Estados Americanos advierte que de la Alemania nazi y el Ku Klux Klan en Estados Unidos, a Bosnia en los 90 y el genocidio de Ruanda en 1994, se han empleado expresiones de odio para

acosar, perseguir o justificar privaciones de los derechos humanos y, en su máximo extremo, para racionalizar el asesinato.

Tras el Holocausto alemán, y con el crecimiento de Internet y de otros medios modernos que facilitan la divulgación de expresiones de odio, muchos gobiernos y organismos intergubernamentales han tratado de limitar los efectos perniciosos de este tipo de discurso. Sin embargo, estos esfuerzos chocan con el derecho a la libertad de expresión garantizado por numerosos tratados, constituciones nacionales y legislaciones internas.

Es en ese brete en el que están metidos la ONU con los gigantes de las redes sociales.

Guterres aseguró que algunas partes del internet se estaban convirtiendo rápidamente en “invernaderos de odio”, ya que los fanáticos intolerantes con ideas afines se encuentran en línea.

Con puntos de vista viles que se mueven desde la periferia a la corriente principal, Guterres aseguró estar profundamente preocupado de que “nos estemos acercando a un momento crucial en la lucha contra el odio y el extremismo”.

Michael Møller, director general de la ONU en Ginebra, dijo a los participantes en la Segunda Cumbre Mundial sobre Religión por la Paz y la Seguridad que el discurso del odio se estaba “extendiendo como la pólvora a través de las redes sociales”.

“Es una amenaza para nuestros valores, para la estabilidad social, para la paz misma. Y tal discurso del odio es a su vez el caldo de cultivo para el mal insondable. Ante tales eventos horribles es crucial recordar que la mayoría de las personas muestran comprensión, amabilidad, justicia y reconciliación”, señaló Møller.

Al dar a conocer un informe histórico que refuerza las normas legales para combatir el odio en línea, David Kaye, Relator Especial de la ONU sobre libertad de opinión y expresión, advirtió que la prevalencia del odio en línea plantea desafíos para todos, en primer lugar las personas marginadas que son sus objetivos principales. “Desafortunadamente, los estados y las compañías no están evitando que el ‘discurso de odio’ se convierta en la próxima ‘noticia falsa’, un término ambiguo y politizado sujeto a abuso gubernamental y discreción de la compañía.

“El odio en línea no es menos dañino porque está en línea”, dijo el Relator Especial. “Por el contrario, el odio en línea, con la velocidad y el alcance de su difusión, puede provocar graves daños fuera de línea y casi siempre tiene como objetivo silenciar a los demás. La pregunta no es si abordar ese abuso, es cómo hacerlo de una manera que respete los derechos que todos disfrutan”.

Alertó que los gobiernos y la ciudadanía tienen preocupaciones legítimas sobre el odio en línea, pero las nuevas leyes que imponen responsabilidad a las empresas están fallando los estándares básicos, aumentando el poder de esos mismos actores privados sobre las normas públicas, y corren el riesgo de socavar la libre expresión y responsabilidad pública.

“Las empresas tampoco están tomando en serio sus responsabilidades de respetar los derechos humanos”, dijo. “Es en sus plataformas donde se propaga el contenido odioso, impulsado por un modelo comercial y herramientas algorítmicas que valoran la atención y la viralidad. Tienen un impacto masivo en los derechos humanos y, sin embargo, no logran articular políticas basadas en los derechos humanos, como los Principios Rectores de la ONU sobre Empresas y Derechos Humanos les exigen que hagan”.

Serpientes en el estrado

En su informe, Kaye expresa especial preocupación por los gobiernos que usan el discurso de odio para restringir la expresión legítima bajo el disfraz de “blasfemia” o no definen ni hacen cumplir las reglas de “discurso de odio” de acuerdo con los rigurosos estándares de legalidad, necesidad y proporcionalidad y legitimidad de las leyes de derechos humanos.

La Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI) ha destacado que el populismo xenófobo y el discurso de odio racista continuaron dejando su huella en el clima político contemporáneo en Europa.

La creciente ansiedad pública sobre los cambios económicos, geopolíticos y tecnológicos, informó el organismo, ha sido explotada por los chivos expiatorios de migrantes y minorías, en particular los políticos populistas con el objetivo de dividir las sociedades a lo largo de líneas étnicas o religiosas nacionales.

“Las ideologías basadas en la supuesta incompatibilidad entre grupos nacionales / étnicos o religiosos presentan un peligro para las sociedades inclusivas, al igual que las que defienden la ‘superioridad racial’”, dice el informe de la ECRI, advirtiendo contra la amenaza del enfoque “nosotros contra ellos”.

En los últimos 75 años, la incitación al odio se ha visto como precursor de delitos atroces, incluido el genocidio, desde Ruanda hasta Bosnia y Camboya. Más recientemente, se ha relacionado fuertemente con la violencia que resultó en asesinatos en masa en varias partes del mundo, entre ellas la República Centroafricana, Sri Lanka, Nueva Zelanda y los Estados Unidos.

“Tanto en las democracias liberales como en los regímenes autoritarios, algunos líderes políticos están incorporando las ideas y el lenguaje alimentado por el odio de estos grupos a la corriente principal, normalizándolos, endureciendo el discurso público y debilitando el tejido social”, advirtió Guterres, quien el pasado mes de junio lanzó un plan contra los discursos que incitan al odio.

Guterres explicó que su Plan tiene dos objetivos principales. El primero, abordar las causas fundamentales de la incitación al  odio como la violencia, la marginación, la discriminación, la pobreza, la exclusión, la desigualdad, la falta de educación básica y unas  instituciones estatales débiles.

“El segundo objetivo primordial es permitir que las Naciones Unidas respondan de manera efectiva al impacto del discurso del odio en las sociedades”, explicó el titular de la ONU, añadiendo que las recomendaciones incluyen convocar a individuos y grupos con puntos de vista opuestos; trabajar con plataformas de medios tradicionales y sociales; participar en actividades de promoción; y el desarrollo de orientación para las comunicaciones para contrarrestar las tendencias y campañas del odio.

“A medida que los nuevos canales de los que se sirven quienes incitan al odio están llegando a audiencias más amplias que nunca y a la velocidad de la luz, todos nosotros, las Naciones Unidas, los gobiernos, las empresas de tecnología, las instituciones educativas, necesitamos intensificar nuestras respuestas”, dijo Guterres.

El discurso también es una plaga, y México tampoco escapa a este fenómeno.

Cuando aún era ombudsperson nacional, Luis Raúl González Pérez llamó al Poder Legislativo a generar un entorno de respeto al derecho a disentir y evitar discursos de odio y polarizantes que propicien que la mentira, el encono, el insulto y la descalificación infundada se vuelvan moneda común en la vida pública de México.

El ejercicio de la conciencia crítica frente a decisiones de gobierno debe dar pauta al debate plural e informado, y el Poder Legislativo es la tribuna idónea para ello. “Un Poder Legislativo sin autonomía o independencia, que sea un apéndice operativo de gobiernos o autoridades del corte ideológico que sean, no conviene a nadie, debilita la institucionalidad democrática y abre la puerta a decisiones autoritarias en las que aún los propios derechos humanos pueden desconocerse, relativizarse o dejarse de lado”.

Puntualizó que los derechos humanos no son patrimonio de partidos políticos, grupos o personas en lo individual, ya que son inherentes a todas las personas y están por encima de cualquier diferendo o interés político, económico o ideológico; son de todas y todos, con independencia de gobiernos o autoridades en el poder, y quienes ejercen la función legislativa tienen la responsabilidad y la capacidad de lograr, mediante la emisión de instrumentos normativos pertinentes y oportunos, que México sea un país donde los derechos humanos se reflejen en la vida cotidiana de las personas, y la ley sea efectivamente cumplida y aplicada.

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