Revelan secretos del sacrificio humano mexica

Staff/GC
Posted on noviembre 04, 2017, 7:00 am

Con base en el análisis de 99 cráneos hallados en el lado dedicado al dios Huitzilopochtli del Templo Mayor -en su mayoría de individuos cuya edad oscilaba entre los 15 y los 40 años, además de los restos de un par de infantes-, la arqueóloga Ximena Chávez Balderas afirma que la decapitación se llevaba a cabo después de los sacrificios.

La arqueóloga Ximena Chávez Balderas expuso lo anterior con motivo de la presentación de su libro “Sacrificio humano y tratamientos postsacrificales en el Templo Mayor de Tenochtitlan”, que revela lo que fue realmente la práctica del sacrificio humano entre los mexicas, en particular, el tratamiento póstumo de la decapitación, a través del cual se recibía el tonalli (una entidad anímica relacionada con el nivel celeste del cosmos) de las víctimas.

“La decapitación se hacía de manera póstuma, porque es un proceso muy lento si se realiza con materiales líticos, recordemos que los mexicas carecían de herramientas metálicas que permitieran una decapitación de tajo. Por eso encontramos vértebras cervicales con 20 o hasta 30 huellas de corte”, señaló la investigadora del Proyecto Templo Mayor.

Ximena Chávez afirma que su obra no ataca ni reivindica el sacrificio.

Ximena Chávez afirma que su obra no ataca ni reivindica el sacrificio.

La carencia de esta tecnología —abundó—, requería por parte de los sacerdotes mexicas un amplio conocimiento de la anatomía humana, de manera que solían recurrir al corte de los discos intervertebrales en sentido antero-posterior (70% de las huellas registradas corresponden a esta técnica); mientras en el caso del sacrificio mediante extracción de corazón, reconocían que el acceso más viable a la cavidad torácica era desde el abdomen.

En “Sacrificio humano y tratamientos postsacrificales en el Templo Mayor de Tenochtitlan”, editado por el INAH, da cuenta cómo las cabezas de algunos individuos fueron depositadas inmediatamente en las ofrendas de consagración del Templo Mayor sin más tratamientos póstumos; en cambio, la mayoría fueron descarnadas para conseguir su aspecto esquelético, “estos cráneos podían ser exhibidos e incluso portados como atavíos o pectorales, según lo sugieren los monolitos de las diosas Coyolxauhqui y Coatlicue, entre otros.

“Ahora sabemos, gracias a las investigaciones del Programa de Arqueología Urbana, que muchos debieron provenir del tzompantli, de ahí fueron retirados para colocarlos en torres construidas con cráneos en lugar de ladrillos. Otros tantos eran transformados en las llamadas máscaras-cráneo que después de haber sido usados en otros contextos, terminaron fungiendo como efigies de deidades en las ofrendas de Templo Mayor, junto con otros cráneos”.

Ximena Chávez concluyó que su obra no ataca ni reivindica el sacrificio, sino que busca entenderlo desde una perspectiva antropológica: “El sacrificio sucedió, pero no en los números que los españoles narraron en algunas fuentes. Habla sí, de esa violencia inherente al humano, que en el pasado estaba ritualizada y ahora no lo está. Actualmente es importante conocer las formas de violencia humana y preocuparnos por la crisis de derechos humanos que nos aqueja”.

Eduardo Matos y Ximena Chávez compartieron con el público las “entrañas” del fenómeno sacrificial entre los mexicas.

Eduardo Matos y Ximena Chávez compartieron con el público las “entrañas” del fenómeno sacrificial entre los mexicas.

Durante la presentación del libro, durante la celebración de la pasada FIL del Zócalo, estuvo acompañada por Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

“En este sentido, lo que van a encontrar en el libro es una aproximación con la anatomía, la antropología y la arqueología forense, por eso tiene este toque de ir y contrastar con los restos. Es una manera de comprender, a veces, la distancia que separa el relato histórico, muchas veces exagerado por los españoles para justificar la encomienda, de la evidencia científica”, dijo Chávez.

Adelantó que su próximo libro cotejará información sobre la gran cantidad de animales sacrificados hallados en ofrendas, entre ellas las dedicadas al monolito de la diosa Tlaltecuhtli, junto con su colega, el arqueólogo Israel Elizalde, quien está preparando colecciones de referencia, en este caso en cadáveres de lobos.

Matos Moctezuma, explicó que las víctimas no sólo eran hombres, mujeres y niños —lo cual rompe con la idea preestablecida de que las víctimas eran guerreros—, sino también animales. Así lo confirma la autora en su libro, al abundar en el caso de un par de felinos a los que les fue extraído el corazón.

El arqueólogo planteó que quizás el famoso Zoológico de Moctezuma, espacio que debió existir desde periodos anteriores al gobierno de este tlatoani, pudo proveer las plantas y animales requeridos para las ofrendas en el Templo Mayor.

“Es muy importante comprender cómo esa aparente práctica necrófila, en realidad tenía relación con una búsqueda de la continuidad de la vida, de la marcha del universo y la aparición del sol en el horizonte. Por eso se inmolaba lo más precioso que se tenía: la vida del individuo”, señaló.

Matos Moctezuma explicó que la investigación de Chávez se da en el marco de las prácticas de anatomía que realiza dentro del posgrado que cursa en la Universidad de Tulane (Estados Unidos) y que estos procedimientos tienen la finalidad de conformar colecciones de referencia.

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