Casi 700 años en el ombligo de la luna

Staff/GC* - Imágenes: TIRA DE LA PEREGRINACIÓN (CÓDICE BOTURINI)
Posted on marzo 13, 2018, 8:19 pm

La ciudad capital de los Estados Unidos Mexicanos está cerca de cumplir 700 años de fundada.

Se ha asignado el 13 de marzo de 1325 como la fecha fundacional de Tenochtitlan para convertirse en “El lugar de los mexicas” o “el ombligo de la luna” que se convirtió en la ciudad-Estado con mayor fuerza política de Mesoamérica alrededor del siglo XV. Sometieron a poblaciones aledañas y consolidaron una civilización avanzada y compleja.

Una ciudad populosa que para 1519 albergaba entre 80 mil y 300 mil habitantes. Al sumar la población que vivía a orillas del lago llegaban a 700 mil. Para comparar: por esos tiempos Londres tenía 100 mil habitantes.

Todo comenzó con un peregrinaje.

El relato de una larga peregrinación fue conservado por los mexicas como parte de su tradición y origen. Así fundaron la gran Tenochtitlan, guiados por su dios Huitzilopochtli.

Los mexicas habían salido de la mítica isla llamada Aztlán, por cuyo nombre también son conocidos como aztecas, situada probablemente en un lugar remoto al norte del México actual.

Este hecho está documentado, en especial en el códice conocido como la Tira de la Peregrinación, que es una tira de papel de maguey que representa el viaje del pueblo desde su salida de Aztlán. Los historiadores consideran que alrededor de los años 1150 y 1300 los mexicas peregrinaron por diversos lugares hasta asentarse en los lagos del Valle de México.

La mayor parte de las fuentes históricas señalan que la fundación de México-Tenochtitlan ocurrió en el año 1325. Esta fecha corresponde a la que declararon los propios indígenas en los años siguientes a la Caída de Tenochtitlan. Los estudios arqueoastronómicos indican que en ese año también ocurrió un eclipse solar, suceso astronómico que pudo ser tomado por los mexicas como un marcador mítico que pudiera legitimar la supuesta relación entre los toltecas y los tenochcas.

Huitzilopochtli dijo a su pueblo que fuera hacia nuevas tierras, también les ordenó que dejaran de llamarse aztecas porque a partir de ese momento serían todos mexicanos, así es recreado en el Códice Aubin y el Códice Durán.

La Tira de la Peregrinación (conocida como el Códice Boturini) señala que Aztlán estaba ubicado en una isla donde había seis calpullis (clan formado por un conjunto de familias) y un gran templo, probablemente dedicado a Mixcóatl, después que los mexicas llegaron a Teoculhuacan en el año 1-pedernal, partieron ocho calpullis encabezados por cuatro teomamaque (cargadores de los dioses); uno de ellos, identificado como Tezcacóatl, quien “cargaba” a Huitzilopochtli.

Según el mito, Huitzilopochtli ordenó que fundaran la ciudad donde estuviera «un águila parada sobre un nopal devorando una serpiente». Siguiendo este designio, los mexicas deambularon por varios lugares, siempre en busca de la señal.

De acuerdo con la Tira de la Peregrinación, la gente de Cuitláhuac se separó del resto de los calpullis.

Más tarde, los mexicas llegaron al Valle de México y pasaron por varios pueblos, hasta que se asentaron en territorio de los tepanecas de Azcapotzalco, a quienes les sirvieron como guerreros mercenarios.

Finalmente, encontraron el sitio señalado por Huitzilopochtli en un islote del lago de Texcoco.

Para el etnólogo Luis Barjau, quien ha dedicado más de 30 años al estudio del mito en la cultura de los pueblos originarios, la fundación hace alrededor de 700 años de México-Tenochtitlan, en la adversidad pura y a pesar de la tortuosa historia mexicana, tuvo la resonancia de poner los cimientos de un nuevo país, el nuestro, en el concierto de las naciones.

“Después de la caída de México-Tenochtitlan y de la independencia de España, el símbolo concentrado ondea hoy en la Bandera Nacional. La fundación mexica resultó así una voluntad de sobrevivencia, de lucha y de poder contra un entorno plagado de cuerpos ancestrales que rechazaban el sedentarismo de los advenedizos, una voluntad que se convirtió en la metrópolis central y superior del vasto territorio mesoamericano”.

México-Tenochtitlan emergió de un puñado de rocas en la inmensidad de sus grandes lagos, a los que el mexica chinampeó metro a metro hasta convertirla en la reina del Anáhuac y posteriormente en la ciudad que albergó el corazón y cerebro del imperio más extenso y poderoso de Mesoamérica. Esta empresa es incomparable en la historia del hombre y evidencia la vocación constructora de los aztecas.

La elección de este sitio fue excepcional, pues por su aislamiento natural concedía ventajas militares y económicas que revelaron la agudeza de los líderes aztecas para captar su valor estratégico, incluso para el desarrollo de una economía mixta basada en la agricultura, la caza y la pesca; con la posibilidad de comunicarse por el agua.

Su centro ceremonial alcanzó dimensiones sin precedentes: 325 metros de oriente a ponientes y 312 de norte a sur que comprenden una superficie de más de 100 mil metros cuadrados que casi duplica la de nuestra actual Plaza de la Constitución, que es una de las mayores del mundo.

Ahí se edificaban 78 templos y recintos de gobierno y disponía de cuatro accesos cardinales que eran arranques de los ejes viales de la Ciudad, construidos sobre los lagos que comunicaban la isla con tierra firme.

En el centro de la ciudad estaba el recinto sagrado, formado por decenas de templos y palacios, entre los que destacaba el Templo Mayor, dedicado a Tláloc, dios de la lluvia y a Huitzilopochtli, dios del Sol, a quien los aztecas consideraban su protector.

La ciudad estaba dividida en barrios, llamados calpulli, cuyos habitantes disfrutaban de tierras de cultivo. Los agricultores sacaban agua de los canales para regar sus huertos, y estaba muy extendida la siembra en chinampas, que siempre están húmedas y producen cosechas excelentes, pero que deben ser cultivadas a mano, delicada y laboriosamente.

En esta metrópoli se desarrolló una estructura de servicios municipales que el Viejo Continente llevaría al cabo hasta varios siglos después. En cuanto a la limpieza, Motolinía se refería a las calles de México-Tenochtitlan como las más limpias y barridas que «no habría que cosa tropezar y que aunque la planta del pie fuera tan delicada, no recibiría el pie detrimento alguno en andar descalzo. Pues qué diré de la limpieza de los templos, sus gradas y patios que no sólo estaban encaladas sino muy bruñidas». Clavijero estimó en mil el número de hombres que Moctezuma empleaba en la limpieza.

Moctezuma Xocoyotzin, Cuitláhuac y Cuauhtémoc perpetuarían su nombre en la historia como aquellos emperadores que tuvieron la difícil labor de conjeturar aquel enigma del retorno de Quetzalcoátl. Además de la pena de observar el paulatino deceso de la gran metrópoli que los dioses les habían encomendado.

* Fuentes: Museo del Templo Mayor; Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH); Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (INAFED); gob.mx.

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