Desigualdad, la raíz de la crisis

Staff/GC
Posted on enero 31, 2020, 6:22 pm

Las protestas masivas, los regímenes populistas, el lento crecimiento, la inseguridad laboral, la falta de oportunidades, la migración, la desconfianza en el gobierno, la cohesión social rota, el odio, y la sensación de injusticia que prevalece en países desarrollados y subdesarrollados tienen una raíz común: la creciente desigualdad económica.

La desigualdad económica en la que el 1% más rico de la población tiene cada vez más dinero, mientras que el 40% más pobre obtiene menos de un 25% de los ingresos.

La confederación de ONG Oxfam afirma que la desigualdad económica está fuera de control y exhibe que en 2019 los 2,153 multimillonarios que hay en el mundo poseían más riqueza que 4,600 millones de personas.

La creciente disparidad entre ricos y pobres está socavando la lucha contra la pobreza, dañando nuestras economías y fragmentando nuestras sociedades. Foto: Oxfam/Eleanor Farmer.

La creciente disparidad entre ricos y pobres está socavando la lucha contra la pobreza, dañando nuestras economías y fragmentando nuestras sociedades. Foto: Oxfam/Eleanor Farmer.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) apunta que la creciente desigualdad tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados podría exacerbar las divisiones y ralentizar el desarrollo económico y social, pues más de dos tercios de la población mundial vive actualmente en países donde la desigualdad ha crecido, y la desigualdad está aumentando nuevamente, incluso en algunos de los países que han visto disminuir la desigualdad en las últimas décadas, como Brasil, Argentina y México.

Warren Buffett y Bill Gates en 2015.

Warren Buffett y Bill Gates en 2015.

Las crecientes desigualdades están beneficiando a los más ricos. Las tasas impositivas máximas han disminuido tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, haciendo que los sistemas impositivos sean menos progresivos. En los países desarrollados, las tasas impositivas más altas cayeron del 66 por ciento en 1981 al 43 por ciento en 2018.

Y en los países en desarrollo, los niños de los hogares más pobres, y los de los grupos étnicos más desfavorecidos, han experimentado un progreso más lento en la asistencia a la escuela secundaria que los de las familias más ricas, que cada vez envían a sus hijos a escuelas de mejor calidad. Las disparidades y desventajas en salud y educación se transmiten de una generación a la siguiente.

De acuerdo con el “Informe Social Mundial 2020: Desigualdad en un mundo que cambia rápidamente” de la ONU, la desigualdad de ingresos ha aumentado en la mayoría de los países desarrollados y en algunos países de ingresos medios, incluidos China e India, desde 1990.

Los países donde ha aumentado la desigualdad albergan a más de dos tercios (71%) de la población mundial. Sin embargo, la creciente desigualdad no es una tendencia universal, ya que la desigualdad de ingresos ha disminuido en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe y en varios países africanos y asiáticos en las últimas dos décadas.

No obstante, señala el informe, a pesar del progreso en algunos países, prevalece la concentración de los ingresos y la riqueza.

“La proporción de los ingresos destinados al 1 por ciento más rico de la población mundial aumentó en 46 de 57 países y áreas con datos de 1990 a 2015. Mientras tanto, el 40 por ciento inferior obtuvo menos del 25 por ciento de los ingresos en los 92 países” señala el informe elaborado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU.

La creciente desigualdad -añade- crea descontento, disfunción política y puede conducir a conflictos violentos.

“La desigualdad real o percibida entre los grupos sociales en el acceso a los recursos económicos, los servicios públicos, los procesos políticos y el poder, junto con otros aspectos de la vida cívica y cultural, se ha asociado estrechamente con intensas quejas que, a su vez, a menudo se han movilizado para alimentar la violencia y el conflicto. La investigación sugiere que cuando la distribución del ingreso y la riqueza cae claramente en distintas líneas étnicas o religiosas, puede ser particularmente dañino para la cohesión social, inspirando odio, envidia y una sensación de injusticia”.

Destaca que las sociedades altamente desiguales son menos efectivas para reducir la pobreza que aquellas con bajos niveles de desigualdad, además de que crecen más lentamente y tienen menos éxito en sostener el crecimiento económico.

En Níger, el 80% de la población es rural y dos tercios de los habitantes son analfabetos. Los niños en el pueblo de Guéchémé usan un espacio de oración para continuar sus estudios mientras se construía su nueva escuela en 2015. Foto: Banco Mundial/Stephan Gladieu.

En Níger, el 80% de la población es rural y dos tercios de los habitantes son analfabetos. Los niños en el pueblo de Guéchémé usan un espacio de oración para continuar sus estudios mientras se construía su nueva escuela en 2015. Foto: Banco Mundial/Stephan Gladieu.

“Sin políticas e instituciones apropiadas, las desigualdades concentran la influencia política entre aquellos que ya están en mejor situación, lo que tiende a preservar o incluso ampliar las brechas de oportunidades. La creciente influencia política entre los más afortunados erosiona la confianza en la capacidad de los gobiernos para abordar las necesidades de la mayoría. Esta falta de confianza, a su vez, puede desestabilizar los sistemas políticos y dificultar el funcionamiento de la democracia. Hoy, el descontento popular es alto, incluso en países que se han recuperado completamente de la crisis financiera y económica de 2008 y se han beneficiado del crecimiento constante en los últimos años”, advierte el informe de la ONU.

En el prólogo del informe, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, señala que el informe se se produce al enfrentar las duras realidades de un paisaje global profundamente desigual.

“Tanto en el norte como en el sur, han surgido protestas masivas, alimentadas por una combinación de problemas económicos, crecientes desigualdades e inseguridad laboral. Las disparidades de ingresos y la falta de oportunidades están creando un círculo vicioso de desigualdad, frustración y descontento entre generaciones”, señaló.

Marta Roig, autora del informe, señaló en una entrevista con Noticias ONU que más allá de la globalización o la revolución tecnológica, “la causa mayor de la tendencia hacia la desigualdad son las políticas de los Gobiernos”.

Mujer prepara alimentos en Haití. Foto: ONU/Logan Abassi.

Mujer prepara alimentos en Haití. Foto: ONU/Logan Abassi.

El informe revela que el extraordinario crecimiento económico registrado en las últimas décadas ha fracasado en cerrar las divisiones entre los países y dentro de ellos:

“Las desigualdades espaciales dentro de los países son a menudo más dramáticas que las que existen entre países. Las regiones más pobres de los países de ingresos medios, por ejemplo, son con frecuencia tan pobres como los países de bajos ingresos. En Argentina y México, por ejemplo, el PIB per cápita en las regiones administrativas más pobres es 16 veces menor que el de las regiones más ricas. Por lo general, las desigualdades espaciales representan una proporción significativa de la desigualdad total en el país: explican más del 60 por ciento de la desigualdad del ingreso total en países africanos como Angola y Madagascar, por ejemplo, y alrededor del 40 por ciento en Zambia.

“Estas divisiones espaciales están arraigadas y, a menudo, son persistentes, a pesar del crecimiento económico general, las mejoras en infraestructura y las ganancias tecnológicas que deberían mejorar el acceso a oportunidades y recursos en todas partes. Ciertas áreas se benefician más de estos avances por una variedad de razones, incluidas las dotaciones de recursos naturales, las condiciones climáticas, la integración del mercado y el acceso a las instituciones públicas. Al mismo tiempo, la concentración de actividades dentro de las ciudades crea economías de escala y efectos de redes que benefician aún más a las regiones más ricas”.

Aunque las disparidades en salud y educación hacen que sea difícil para las personas salir del ciclo de la pobreza, lo que lleva a la transmisión de desventajas de una generación a la siguiente, el informe de la ONU y António Guterres  señalan que la creciente desigualdad no es inevitable. Oxfam coincide en ello y agrega que se trata de “una elección política. Los Gobiernos de todo el mundo deben tomar medidas urgentes para construir una nueva economía más humana que valore lo que realmente importa para la sociedad, en vez de alimentar una carrera sin fin por el beneficio económico”.

Susana, de 14 años, baña a su pequeño sobrino detrás de su vivienda en un barrio pobre de una ciudad brasileña. Foto: UNICEF/Versiani.

Susana, de 14 años, baña a su pequeño sobrino detrás de su vivienda en un barrio pobre de una ciudad brasileña. Foto: UNICEF/Versiani.

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