Educadores sin barreras

Staff/GC
Posted on marzo 02, 2019, 6:45 am
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Matías Alanís junto con su madre Patricia Alanís tras recibir el contrato del nuevo docente de la UNAM. Foto: UNAM

Cuando la tenacidad y el deseo por ayudar a los demás es una convicción, no existen barreras que puedan detener los sueños, y este es el caso de Matías y Nico, el primero un joven mexicano con parálisis cerebral y el otro un niño argentino de apenas 12 años que han abrazado la docencia y el amor por la academia con limitaciones que no fueron ningún obstáculo para lograr sus sueños.

La semana que concluyó con febrero pasado, destacó estas dos historias que a través de las redes sociales se convirtieron en tendencias en sus respectivos países. Su ejemplo, es motivo para compartir sus respectivas historias de vida.

Matías

A través de su cuenta de Facebook, el pasado 16 de febrero, Matías Alanis Álvarez anunció un nuevo reto: “Acabo de firmar mi contrato de profesor del Sistema Universidad Abierta y Educación a Distancia de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM; parafraseando lo que se dijo cuando se llegó a la Luna: un pequeño paso para mí, pero un gran paso para la inclusión…”

Nunca en la historia de la Universidad Nacional Autónoma de México se había contratado a un docente con encefalopatía atetoide (parálisis cerebral, condición que le dificulta el habla, la visión y el movimiento).

En su Facultad, listo para iniciar clases este domingo 3 de marzo, en el SUA. Foto: UNAM

En 2016, el joven universitario logró mención honorífica en su examen profesional como licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública con la tesis:  “El sistema político mexicano, sus principales mecanismos de preservación (1968-1994)” y tras alcanzar este logro, decidió impartir clases y devolverle a la máxima casa de estudios algo de lo mucho que le dio. A partir de la próxima semana, Matías impartirá a distancia la clase de “Sociedad y Estado en México II”, de la carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales dentro del sistema abierto.

“Mi contratación como docente muestra que las personas con discapacidad tenemos la capacidad de desempeñarnos laboralmente si nos dan la oportunidad en igualdad de condiciones, lo que me obliga aún más a poner todo mi empeño y dedicación en esta responsabilidad para que la sociedad mexicana vea que la discapacidad no es un impedimento para nuestro desarrollo integral”, afirmó en entrevista con la UNAM.

En su conversación, Matías recordó que desde que era estudiante de licenciatura se dio cuenta que ser profesor a distancia podría ser una buena opción laboral. “En el momento en que me consideré con la preparación suficiente, tomé la decisión de empezar a buscar cuál era la manera para ser contemplado como candidato”.

Inicialmente envió su currículum, y una vez que el coordinador de la licenciatura lo evaluó, lo mandó a la comisión correspondiente, “que me propuso para ser profesor de una asignatura. Me solicitaron que hiciera una crítica al programa de esa materia, que fue evaluada junto a mi currículum por el Consejo Técnico de la Facultad, que dio su visto bueno”.

Su trabajo, aprendizaje y desarrollo lo ha realizado con ayuda de un par de software instalados en su computadora y en la silla de ruedas que utiliza: el Jaws, que convierte la imagen a texto, y el Open book, que lee el texto, y con una voz elegida permite que él escuche el contenido.

Pero su principal aliciente ha sido su madre, Patricia Alaniz Álvarez.

Ahora, el joven académico, digno ejemplo a seguir, dará clases a través de la plataforma de educación a distancia, “comprometiéndome a calificar y retroalimentar los trabajos de mis estudiantes en tiempo y forma. Poseo los conocimientos académicos y prácticos para orientar a los alumnos en su proceso de aprendizaje”.

Los impedimentos están en el cuerpo, no en la mente, por eso Matías años atrás presentó su examen de admisión a la UNAM, y en tiempo récord acreditó, desde su computadora ubicada en su hogar en Guadalajara, todas las materias de la licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública, y además se graduó con mención honorífica.

Su condición le dificulta el habla, la visión y el movimiento, pero su inteligencia y tenacidad lo llevaron a acceder a la educación a distancia y así desaparecieron los impedimentos físicos, sociales y geográficos. Ahora puede enfrentar al mundo y a la adversidad.

Nicanor

A sus 12 años, este pequeño, pero gran profesor se convirtió en leyenda en su propia comunidad. Foto: Twitter

Tener 12 años no es inconveniente para tener 36 alumnos y ser su profesor. Así lo demuestra Leonardo Nicanor Quinteros un pequeño originario de la localidad de “Los Barrios”, ubicado en San Juan, Argentina, quien decidió ayudar a los niños y adultos más vulnerables y humildes. Para lograr su objetivo, “Nico”, que es como lo identifican, decidió crear la escuela llamada “Patria Y Unidad” en el patio de la casa de su abuela, hace 4 años.

Claramente no tiene reconocimiento oficial, pero sus alumnos aprenden como si estuvieran en una escuela formal. Es curioso también ver cómo todos los habitantes que viven en 20 kilómetros a la redonda reconocen fácilmente la escuela. Desde el policía, hasta el alcalde.

Tras concluir sus clases, Nico imparte educación inicial a los adultos. Su mayor logro es haberles enseñado a leer y escribir. Foto: Twitter.

El deseo por enseñar confrontó a Nico con una dificultad: la pobreza. Las puertas de la escuela son dos prendas de camas viejas, las paredes son de cartón, y dentro de las aulas los espacios son reducidos, cada una son de 2 × 2 metros, divididas por trozos de tela que hacen de cortinas. Cada sala tiene su pizarrón y un trozo de lata donde se guardan los gises. Los salones para los niños se ubican en el jardín, donde las bancas son unos ladrillos alrededor de una mesa, “Allí empiezan primero jugando” señala Nico. Los otros dos salones de clase son para primero, segundo, quinto y sexto grado; en la parte de afuera estudian los niños de tercero y cuarto.

Pese a su corta edad, Nico se toma su trabajo muy en serio y testigo de ello es la señora Mirta Donoso, la estudiante de 40 años, quien es la mayor de la clase.

“A veces le pregunto si una cuenta está bien o mal, sino me pone un uno así de grande”, dice la señora que camina media hora bajo el intenso sol todos los días para llegar a su escuela, Mirta señala, llorando: que gracias al pequeño profe Nico ella ya puede escribir y leer su propio nombre.

En 2018 la historia de Nico se difundió por todo el país, generando un sinnúmero de reconocimientos que le permitieron a su abuela obtener un crédito para comprar materiales de construcción para ampliar la escuela y cumplir al fin el sueño de su muy amado nieto.

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