Policías y ambulantes, como al gato y al ratón, en el Metro

Por Cristian Núñez, Kevin Ruiz y Ernesto Osorio
Posted on mayo 23, 2017, 1:51 pm

Los usuarios del Metro suelen ser el público de una tragicomedia protagonizada por la SSP, autoridades del sistema de transporte y vendedores ambulantes, la cual diario es representada en las 12 líneas de la red.

Mientras la policía y el organismo que encabeza el ex diputado de Nueva Alianza Jorge Gaviño activan operativos de “cero tolerancia”, “operativo subterráneo”, y “códigos rojos”, los ambulantes los eluden y mantienen su actividad.

El Reglamento de Transporte de la capital prohíbe el comercio ambulante en el Metro; sin embargo, los vendedores utilizan la red para darle salida a sus productos.

Además, los vagoneros son un dolor de muelas para los usuarios, porque en sus maniobras impiden “el libre cierre de puertas” y los bocineros ponen su música a todo volumen.

Uno de los objetivos que iba a cubrir el incremento de la tarifa era evitar a los vagoneros en la red.

“Incorporar 1,200 policías adicionales, para fortalecer la seguridad del Metro evitando el comercio informal en sus instalaciones”, decía el Acuerdo publicado en diciembre de 2013.

Durante los recorridos realizados por Gaceta Ciudadana se observó que el ambulantaje obstruye los accesos en la estación Observatorio y la vigilancia es contrastante, pues es omisa ante los vagoneros, mientras los comerciantes en pasillos pueden ser sufrir la mano dura de las células de 15 a 20 policías auxiliares.

Venta de audífonos y cargadores para celular en la Línea 1. Foto: Gaceta Ciudadana.
Venta de audífonos y cargadores para celular en la Línea 1. Foto: Gaceta Ciudadana.
Chicles, cortaúñas, discos piratas, pomadas, libros, dulces, chocolates, entre el catálogo de productos que se ofertan en el Metro. Foto: Gaceta Ciudadana.
Chicles, cortaúñas, discos piratas, pomadas, libros, dulces, chocolates, entre el catálogo de productos que se ofertan en el Metro. Foto: Gaceta Ciudadana.
La pomada mariguanol sigue en venta en los trenes del Metro, a pesar de la prohibición y operativos de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios. Foto: Gaceta Ciudadana.
La pomada mariguanol sigue en venta en los trenes del Metro, a pesar de la prohibición y operativos de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios. Foto: Gaceta Ciudadana.

Un “operativo” de 12 elementos en la estación Boulevard Puerto Aéreo, al filo de las 14:00 horas del 10 de mayo, detuvo a un anciano que ofertaba cortaúñas en el puente que conecta a los andenes.

Gaviño ha declarado que la actividad de los vagoneros es una de las denuncias que más realizan los usuarios, de ahí la implementación del programa «Cero Tolerancia», para inhibir el comercio informal y reforzar la seguridad en la zona de torniquetes para evitar el ingreso de los vendedores.

Si bien el comercio informal que obstruye en los accesos es propiciado en su mayor parte por los mismos usuarios, es notorio que los policías actúan sólo por instinto y carecen de protocolos para erradicar el comercio informal.

“Se pasan con mochilas como cualquier persona, pero al interior sacan su mercancía y pues es difícil detectarlos”, comentó un uniformado en la estación Salto del Agua.

Esta es la salida que te espera cuando vayas al Metro Observatorio. Foto: Gaceta Ciudadana.

Esta es la salida que te espera cuando vayas al Metro Observatorio. Foto: Gaceta Ciudadana.

En nuestro recorrido por la Línea 1 contamos en tan sólo 6 estaciones y al interior de los carros a 8 vagoneros que ofertaban cargadores para teléfonos, discos MP3 con música del género banda, pomadas de marihuana, guías para el examen de ingreso a la UNAM, el libro de Adán y mazapanes.

Apenas el pasado 7 de abril, la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México puso en marcha el “Operativo Subterráneo” para inhibir el ambulantaje y los delitos en la red del Metro.

Para ello se desplegaron 600 elementos, coordinados con policías auxiliares, bancarios, industriales y personal de seguridad del Metro.

Las cuentas de la Secretaría de Seguridad Pública de la CDMX coinciden con la dimensión del problema. De acuerdo con un boletín de la dependencia del 16 de abril, de enero a febrero de este año se habían realizado 65 remisiones de comerciantes informales al Ministerio Público con 72 detenidos, así como cinco mil 656 remisiones al Juzgado Cívico con cinco mil 673 detenidos y 401 auxilios a la ciudadanía en cinco estaciones de toda la red.

De este tamaño es el problema.

 

El ganado y la mona

Línea 2 del STC Metro, Tasqueña-Cuatro Caminos, el abordaje se atrabanca en día lluvioso, desde el inicio es complicado el viaje en el vagón. Aquí no existe la máxima de dos cuerpos no pueden ocupar el mismo lugar en el espacio.

El recorrido inicia a las 14:51 horas en Tasqueña. El convoy llega a General Anaya a las 14:55, cuatro minutos en recorrer los 1,330 metros de interestación.

En la Línea 2, el promedio de tiempo para llegar a cada estación fue de alrededor de dos minutos y medio, diferenciado en la interestación Panteones-Cuatro Caminos, donde el tren se quedó a mitad de camino aproximadamente cuatro minutos.

A pesar de ello, el recorrido fue soportable; claro, siempre y cuando el usuario no lleve prisa.

En lo que va de 2017, los 69 millones de pasajeros que han utilizado esta línea se ven obligados a experimentar conflictos de diferente índole, por ejemplo, seis minutos después de haber salido, el tren comenzó a emitir un chillido, como si desinflaran un globo poco a poco, lo que hacía más lenta la marcha.

La Línea 2 también es escenario de esa lucha de el gato y el ratón.

Apenas el 7 de abril la SSP local y el STC realizaron un operativo con 1,100 elementos contra ambulantes.

Y cuando los policías se fueron, los vagoneros seguían allí.

El transbordo de la Línea A a la Línea 9 suele detenerse hasta que se despeja el andén. Foto: Gaceta Ciudadana.

El transbordo de la Línea A a la Línea 9 suele detenerse hasta que se despeja el andén. Foto: Gaceta Ciudadana.

Otra de las situaciones que molestan a los usuarios es la dosificación de pasajeros.

“Nos gritan como si fuéramos bueyes en una yunta; sólo gritan, pero no te explican para qué es eso que dibujaron en el piso”, comentó un pasajero.

El transbordo de la Línea A a la Línea 9 pasa por el tolerado comercio informal hasta que el usuario se detiene. Ni un paso atrás, ni para adelante. Durante 5 minutos –cuando te va bien- el usuario se encuentra estacionado hasta que se libera el andén y es posible soltar una nueva tanda para circular entre los barrotes que marcan la ruta hacia la estación.

“Como burros, como vacas, como caballos”, dice una señora de cabellera teñida, “somos el ganado del Metro”.

La misma señora platica con su hija: “¿te acuerdas cuántas veces tiraron a tu abue”, ¡pobrecita!”.

Pantitlán, Línea 9, 7:45 horas, el flujo de pasajeros en el andén dirección Tacubaya es incesante, contrario a la circulación de los trenes. Se hace tarde, la gente corre hacia los escasos espacios restantes del vagón. Un godín tropieza y una bolita marca barrio se burla y silba. Los cinco policías observan la escena.

El ritmo de circulación de trenes se observa en Mixiuhca. Cada tren que llega se detiene dos tres minutos y decepciona a los usuarios, pues cierra las puertas y después las vuelve a abrir.

En el día y en la tarde, cualquier hora es hora pico en el Metro. Los recorrido suelen ser lentos y en días lluviosos los usuarios no tienen mucho por hacer más que esperar.

“Va demasiado lento”, “pinche Metro”, “es por la lluvia, así se va a ir hasta el final”, “espérate a las cinco… a partir de ahí ya valió madres”.

En nuestro viaje por las catacumbas de la Línea 1 los contrastes son marcados, pues si bien son perceptibles las estaciones remodeladas, con nueva y más potente luz, los vicios de otras estaciones son marcados:

Falta de iluminación, maltrato y ausencia de señalizaciones también son evidentes.

Muchos usuarios tampoco cooperan para que el viaje sea más llevadero. Foto: Gaceta Ciudadana.

Muchos usuarios tampoco cooperan para que el viaje sea más llevadero. Foto: Gaceta Ciudadana.

En algunas estaciones como Balderas, Salto del Agua e Isabel La Católica se observa en los andenes dibujado sobre el suelo indicaciones para que los usuarios se coloquen a esperar el descenso de pasajeros.

En la Línea 2 han sido renovadas las estaciones como Revolución y la terminal Cuatro Caminos, donde se construyó un centro comercial que conecta con el sistema.

Anteriormente entrar y salir de la terminal era tarea complicada e insegura al pasar por los pasillos del mercado. No es que la delincuencia haya bajado, pero algunos sectores de las inmediaciones están resguardados por elementos de seguridad.

Al desfile de comerciantes ambulantes en el Metro, se le suman los contingentes de faquires y taloneros.

En la estación Universidad los pasajeros corren por las escaleras para alcanzar el tren que llevaba 7 minutos con los focos parpadeando y las puertas abiertas.

En medio de los andenes, rumbo a Indios Verdes, tres chavos sin camisa, con el cuerpo y caras sucias, con la mirada perdida, se llevaban la mona de solvente a la nariz.

Quién sabe cómo entraron, el Reglamento de Transporte también prohíbe “hacer uso de las estaciones o de los carros cuando se encuentre en estado de intoxicación por alcohol o por cualquier otra sustancia tóxica”.

Al abordar el vagón, los jóvenes comenzaron a empujar a la gente, señoras, niños y hasta personas de la tercera edad.

Los policías jamás llegaron.

“Cada vez que salgo de mi casa para subirme al Metro me entra el temor de qué es lo que me voy a encontrar en mi viaje hasta Deportivo 18 de Marzo.

“Este tipo de personas son las que meten miedo en los usuarios; no sabes lo que vayan a hacer o como vayan a reaccionar, o simplemente qué traigan encima, ya sabes, una navaja o la desgraciada pistola”, comentó Erika a otra una joven estudiante quien, temerosa, se hacía a un lado para que no le hicieran nada.

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