Sin tiempo que perder

Por: CRISTIAN NÚÑEZ
Posted on octubre 16, 2017, 7:00 am

“La estancia aquí, en la calle, es triste, porque nadie sabe nada y mucho menos nadie de los que estamos aquí, pensó que algún día íbamos a estar viviendo así, en estas condiciones, soportando agua, frío. La verdad sí es bastante incomodo pero pues ya me estoy adaptando a estar en esta situación, afrontarla y salir adelante lo más pronto posible”

Lo anterior se le oye decir a Enrique Alcantar, un hombre de cabello cano que perdió todo durante los sismos del 19S y que a dos semanas de la tragedia, deja caer su pesado rostro hacia el piso, pensado en las risas, las fiestas y la vida que quedaron atrás, llenas de polvo y debajo de los escombros.

Siete días después del sismo, Don Enrique Alcantar buscó como reiniciar su negocio. Foto: Cristian Núñez/GC

Siete días después del sismo, Don Enrique Alcantar buscó como reiniciar su negocio. Foto: Cristian Núñez/GC

El cuarto de servicio, de cuatro por cuatro metros en el que vivía junto con su hijo Felipe de 20 años, y la tintorería en la que trabajó durante casi una década, se ubicaban en un edificio que colapsó en la calle Concepción Béistegui 1503 esquina con Yácatas, en la colonia Narvarte  y que se desplomó a la mitad dejando a decenas de personas sin patrimonio y en la calle.

Los propietarios del inmueble de Concepción se mudaron con familiares, pero se turnan estos días para hacer guardia en un pequeño campamento ubicado a unos 30 metros (100 pies) del edificio semicolapsado.

Los mismos vecinos llevan material a Don Enrique para que recupere su negocio. Foto: Cristian Núñez/GC

Los mismos vecinos llevan material a Don Enrique para que recupere su negocio. Foto: Cristian Núñez/GC

Tenía seis plantas, y sobre la parte media en donde cayeron los muros, aún se pueden ver el mobiliario y los cuadros colgados en paredes de algunas casas. Abajo, un grupo de topógrafos trabaja sobre el terreno para evaluar la estructura, su inclinación y la estrategia de demolición.

Es una tarde fría, amenaza lluvia y en el campamento algunas personas nos comentan que Don Enrique, nuestro entrevistado, había salido por unos minutos. El escenario es desolador, en casas de campaña se apilan montones de ropa; cartulinas por doquier brindan información sobre las gestiones que se deben realizar para obtener alguno de los apoyos que ha ofrecido el gobierno de la CDMX y la Delegación Benito Juárez.

Aquí, un mosaico de historias se escriben a diario, con las experiencias de los que perdieron todo  después del terremoto y ahora, deben empezar de nuevo.

La de Enrique Alcántar García es una de ellas, pues al igual que decenas y decenas de capitalinos que perdieron su patrimonio, la vida les dio un giro de 180 grados.

Así quedó el edificio donde Don Enrique tenía su casa y su domicilio. Foto: Cristian Núñez/GC

Así quedó el edificio donde Don Enrique tenía su casa y su domicilio. Foto: Cristian Núñez/GC

 

Enrique se hizo popular en las redes sociales, luego de que a iniciativa de un vecino que le prestó un burro de planchar y la plancha, divulgó un video en el que ofrecía sus servicios de tintorería. Al sitio comenzó a llegar el apoyo de la comunidad que llevó su ropa a planchar, y un sinnúmero de representantes de medios de comunicación, que hacen fila para documentar esta historia.

Sin ningún apoyo gubernamental, Enrique Alcántar García, de 69 años de edad, decidió montar su propia planchaduría en plena calle ya  un costado del campamento que desde el 19 de septiembre se habilitó por los vecinos afectados.

A sus 69 años, Enrique Alcántar García comienza de nuevo su negocio. Foto: Cristian Núñez/GC.

A sus 69 años, Enrique Alcántar García comienza de nuevo su negocio. Foto: Cristian Núñez/GC,

“Me dedico a planchar ropa. Tengo 9 años de planchador y trabajaba yo aquí en la esquina del edificio que se cayó, en una tintorería que se llamaba La Docena. Los demás años trabajé en una oficina, yo ejercí mi carrera de administrador de empresas y después de cierto tiempo no encontré trabajo por la edad. Afortunadamente me encontré con un patrón muy buena gente que me dio la oportunidad de trabajar con él, hasta la fecha y aquí seguimos,  al pie del cañón y trabajando para poder seguir adelante”, comenta Enrique en una charla con Gaceta Ciudadana.

“A mi vida la vida me dio un giro de 180 grados, un cambio total porque perdí mi fuente de trabajo, perdí el cuarto donde vivía. Tenía un pequeño cuarto que me prestaban  para dormir y descansar pero todo eso ya quedó, no en el olvido, pero sí en la parte de atrás de mi vida. Ahora lo que nos queda es dar gracias de que estamos con vida”.

Para Enrique, el impacto de ver el edificio derruido fue un choque muy fuerte en su ánimo de vida, por su trabajo y por su familia a la cual continua apoyando para salir adelante. Con la voz entrecortada  mencionó que no tiene un lugar para vivir y que la calle es su único refugio.

“Fue un choque muy fuerte porque, teniendo unas cosas seguras, en menos de dos minutos se acabó todo. Pero seguimos de pie, velando por los interés de toso los vecinos que sufrieron los daños que dejó este terremoto. Los vecinos me han acogido, me han dado la protección y su cariño. Practicante vivo y trabajo en la calle desde el sismo, ya no sé ni en qué tiempo vivo.

“Lo que sigue es empezar otra vez, sacar adelante a mis hijos y a mis nietos. Necesito ver por ellos, nunca me he negado al trabajo, siempre estoy dispuesto a trabajar. Las cosas que tenía pendientes en la tintorería siguen adentro del edificio que se va a caer, no nos dan ya oportunidad de entrar por el riesgo de un derrumbe. Espero que tirando los dos últimos pisos nos den la oportunidad de entrar y sacar lo más que se pueda y entregárselo a sus dueños”, refiere Enrique al referirse a la ropa que tenía lista para entregar a sus clientes.

“Un vecino me hizo el favor de prestarme el burro para planchar. Me dijo que le echara muchas ganas, que empezara a trabajar y conforme pasaba la gente, pues me empezaron a traer ropa para trabajar”, recuerda al momento de meter alguna ropa que tenía en la calle para continuar planchando.

Los clientes que procuraban esta tintorería son los únicos que velan por la salud, el trabajo y el recuerdo de ver salir adelante a Enrique, “la  ropa que me traen la dejo al mismo precio que cuando estaba en la tintorería aunque los vecinos, de su propia mano, me dejan algo extra. Yo no les pido más que lo que es de mi trabajo.

“Me han traído también los ganchos y las herramientas para poner la ropa y que no se moje o se ensucie. Me traen camisas, pantalones, chamarras. Al día, llego a tener hasta ocho docenas para planchar y entregar a sus dueños. Lo poco que genere lo voy a ir juntando para ver hasta dónde puedo llegar Ahorita no me puedo aventar una renta de una vivienda o algo porque no tengo  un ingreso fijo, mensual y suficiente; no puedo echarme un compromiso de esa naturaleza, tal vez más adelante”, señaló mientras volteaba a ver la casa de campaña en la que vive en este momento.

Así luce el nuevo hogar de Don Enrique. Foto: Cristian Núñez/GC.

Pero la motivación y las ganas de luchar por construir de nuevo una vida no paran para este incansable trabajador.

“Mi motivación, la fuerza y la voluntad de seguir adelante son inmensas, porque a pesar de la edad que tengo me siento fuerte, sano y con disponibilidad de salir adelante. Realmente estamos empezando de cero, es como si empezara a abrir un negocio y no tengo nada pero afortunadamente los clientes me echan la mano. Ellos vienen y me dan ánimo para salir adelante me preguntan que cómo me siento, cómo estoy,  pero lo principal es que tengo salud y ganas de trabajar, esto no me va a tirar.

A pesar de la desgracia que los vecinos de este inmueble que están por comenzar su demolición, las risas y la alegría no se vencieron con el sismo, menos para Enrique, a quien los vecinos ya lo hicieron famoso y estrella del barrio.

“Todos me tiran carrilla porque dicen que ya soy famoso por salir en la televisión y en entrevistas pero a todos, quiero decirles que sigo siendo el mismo de antes, la misma persona, no voy a cambiar y dar la espalda sino al contrario, siempre estaré con la frente en alto, viendo a todos de frente y apoyando a todos hasta el final de mis días”.

Este edificio de Concepción Béistegui, es uno de los 13 que la Secretaría de Obras y Servicios (Sobse) de la capital ha calificado «en condiciones de demolición» por su elevado riesgo de colapso, al igual que otros 200 inmuebles que el Instituto para la Seguridad de las Construcciones capitalino considera que deben ser demolidos.

Hasta el momento las personas damnificadas que viven afuera del edificio marcado con el número 1503 han sido atendidas por las autoridades y están en espera de que se les den respuesta sobre de qué manera o cómo les darán apoyo para reconstruir sus viviendas.

“Nos han traído despensas, vivires, no nos abandonan aun las autoridades de diferentes instancias de gobierno, pero necesitamos ver de qué manera nos van a ayudar en la reconstrucción de las cosas y tener una casa digna para olvidar estos malos momentos, aunque sé que es muy difícil de superar u olvidar en el alma y el corazón. Uno quisiera cerrar los ojos y ver que todo sigue igual o mejor pero la realidad duele, menciona Don Enrique mientras dobla la ropa y continúa planchando, con una sonrisa en el rostro, y con la incertidumbre a cuestas de no saber a dónde lo llevará el destino.

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