Un planeta hambriento

Staff/GC
Posted on mayo 11, 2019, 6:45 am
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El hambre está muy presente en este 2019, se encuentra donde la salud no es buena, donde el clima es extremo y ocurren desastres naturales, donde existen conflictos, donde existe pobreza extrema.

Apenas un informe dado a conocer esta semana advierte que tan solo en Oriente Medio y el norte de África alrededor de 52 millones de personas pasan hambre.

A nivel global, las estimaciones más recientes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indican que 821 millones de personas -aproximadamente una de cada nueve personas en el mundo- estaban subalimentadas en 2017.

Erradicar el hambre y la malnutrición para el año 2030 apunta a que el reto le ha quedado grande a las naciones, pues la organización afirma que los avances para abatirlos han resultado insuficientes.

“A pesar de los grandes avances realizados en el aumento de los ingresos y la riqueza a nivel mundial, miles de millones de personas siguen enfrentándose a la pobreza generalizada, al hambre y la malnutrición, a diferentes niveles de desigualdad, al desempleo, a enfermedades y a la privación de bienes y servicios vitales”, señala la FAO en el informe El futuro de la alimentación y la agricultura Vías alternativas hacia el 2050.

El organismo de la ONU alerta que más de dos mil millones de personas en el planeta padecen diversas formas de carencia de micronutrientes.

“Por mencionar tan solo dos ejemplos: más de 600 millones de mujeres en edad reproductiva siguen padeciendo anemia, con frecuencia debido a la falta de hierro, y varios centenares de miles de niños se vuelven ciegos cada año por falta de vitamina A”.

Agrega que de no disminuir las desigualdades de ingresos, acceso a los recursos y oportunidades de generación de ingresos, no será posible eliminar el hambre y la pobreza extrema.

Y la situación pinta más negra. Debido al crecimiento demográfico, que calculan en alrededor de 10,000 millones de habitantes en el mundo, se incrementará la demanda de alimentos.

“Las diferentes necesidades alimentarias de personas jóvenes y mayores, así como los distintos patrones de consumo de las poblaciones urbanas y rurales, afectarán la demanda y calidad de los distintos alimentos, así como los requisitos mínimos calóricos de la dieta, que van ligados al tipo de trabajo realizado y al entorno vital. Por tanto, la dinámica de la población determinará en última instancia la demanda alimentaria, así como la disponibilidad de mano de obra en el futuro”, señala el informe.

El especialistas de la Universidad de Oxford Marco Springmann agrega que el sistema alimentario global se está volviendo cada vez más insostenible y que mantenerse dentro de los límites ambientales requerirá de un cambio global hacia dietas saludables y más basadas en plantas, reduciendo a la mitad la pérdida y el desperdicio de alimentos.

“La producción de alimentos es responsable de aproximadamente una cuarta parte de todas las emisiones de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, un motor importante del cambio climático. La agricultura ocupa más de un tercio de la superficie terrestre del planeta y ha provocado reducciones en la cobertura forestal y la pérdida de biodiversidad. La agricultura también utiliza más de dos tercios de todos los recursos de agua dulce, y la aplicación excesiva de fertilizantes en algunas regiones ha dado lugar a zonas muertas en los océanos”, difundió a raíz de un estudio publicado en Nature.

Advierte que sin una acción concertada, las presiones ambientales del sistema alimentario podrían aumentar del 50 al 90% para 2050 como resultado del crecimiento de la población y la continua “occidentalización” de las dietas.

“En ese momento, esas presiones ambientales superarían los límites planetarios clave que definen un espacio operativo seguro para la humanidad”, alerta.

Aunque -como afirma la investigadora de la UNAM Julia Carabias- el funcionamiento del planeta está alterado, Springmann señala que cruzar las fronteras planetarias aumentaría el riesgo de desestabilizar los ecosistemas esenciales. Entre otros, podría conducir a niveles peligrosos de cambio climático con una mayor ocurrencia de fenómenos meteorológicos extremos, afectar la función reguladora de los ecosistemas forestales y la biodiversidad, provocar interrupciones en los flujos de agua con impactos en el ciclo hidrológico mundial y contaminar cuerpos de agua.

Desde hace 10 años, antes del Foro de Expertos de Alto Nivel celebrado en Roma, la FAO ya planteaba como un gran desafío incrementar la producción de alimentos para el 2050, al tiempo que se combatía el hambre y la pobreza.

“La FAO es moderadamente optimista sobre el potencial del planeta para alimentarse a sí mismo en 2050”, aseguró el entonces director adjunto de la FAO Hafez Ghanem, quien desde entonces consideraba necesario un marco socioeconómico adecuado para hacer frente a los desequilibrios y desigualdades y garantizar que todo el mundo tuviera acceso a los alimentos y que la producción alimentaria se realizara de forma que se redujera la pobreza.

Sin embargo, hace dos años, de acuerdo con un documento difundido por la FAO, la capacidad futura de la humanidad para alimentarse está en peligro a causa de la creciente presión sobre los recursos naturales, el aumento de la desigualdad y los efectos del cambio climático.

“El aumento de la producción alimentaria y el crecimiento económico tienen a menudo un alto costo para el medio ambiente”, advierte el documento El futuro de la alimentación y la agricultura: tendencias y desafíos.

“Casi la mitad de los bosques que en tiempos cubrieron la Tierra han desaparecido. Las fuentes de agua subterránea se están agotando rápidamente. La biodiversidad ha resultado seriamente dañada”. Como consecuencia, “los límites del planeta pueden verse superados de continuar las tendencias actuales”, señaló el director general de la FAO, José Graziano da Silva, en su introducción al informe.

Para 2050, pronosticaba el informe, la humanidad rozará los 10,000 millones de personas. En un escenario de crecimiento económico moderado, este aumento de población impulsará la demanda mundial de productos agrícolas en un 50 por ciento más sobre los niveles actuales, intensificando la presión sobre unos recursos naturales que ya escasean.

Al mismo tiempo, habrá más personas consumiendo menos cereales y mayores cantidades de carne, frutas, hortalizas y alimentos procesados, resultado de una transición en curso de los hábitos alimentarios a nivel global que seguirá añadiendo mayor presión, lo que causará más deforestación, degradación de la tierra y emisiones de gases de efecto invernadero.

Junto a estas tendencias, el clima cambiante del planeta creará obstáculos adicionales.

“La subalimentación y la inseguridad alimentaria grave parecen estar aumentando en casi todas las regiones de África, así como en América del Sur, mientras que la situación de desnutrición se mantiene estable en la mayoría de las regiones de Asia.

“Los indicios del aumento del hambre y la inseguridad alimentaria nos advierten de que es mucho lo que resta por hacer para asegurarnos de ‘no dejar a nadie atrás’ en el camino hacia la consecución de un mundo con hambre cero”, señala el organismo de la ONU, que alerta que para 2050 el mundo estará alejado de haber resuelto el problema de la penuria económica y la malnutrición de gran parte de la población.

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