Algas, fuente de alimentación en 35 países

Staff/GC
Posted on marzo 09, 2019, 7:04 am
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En noviembre de 2013, el tifón Haiyan (Yolanda) causó graves daños y destruyó muchas instalaciones de cultivos de algas marinas de Filipinas, perjudicando los ingresos de los productores costeños que dependían principalmente de esta actividad para su subsistencia. Filipinas es uno de los principales productores de algas marinas del mundo y las evaluaciones iniciales realizadas después del tifón indicaban que solo en la acuicultura y la producción de algas se perdieron 12.2 millones de dólares.

Para Jessica Paguia, de 31 años y perteneciente al grupo indígena Tagbanua en la isla de Corón, el cultivo de algas marinas es un negocio familiar y ha sido su principal fuente de ingresos en la pequeña comunidad costera durante los últimos 20 años.

Alga verde.

Alga verde.

“Cuando llegó, el tifón Yolanda arrasó nuestras casas y todos nuestros materiales de cultivo”, dice Jessica, observando el agua que cubre sus medios de vida. “No sabíamos por dónde comenzar, porque lo perdimos todo y durante muchos años habíamos dependido del cultivo de algas marinas. Todos fueron afectados, no solo nuestra familia.”

Las algas forman parte de la dieta en Asia, y se cultiva a gran escala sobre todo en Japón y China, y en menor medida en República de Corea.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) el valor total anual de la producción de algas se estima entre 5,500 y 6,000 millones de dólares.

“La recolección comercial se realiza en unos 35 países esparcidos entre los hemisferios norte y sur, en aguas que varían de frías, hasta tropicales, pasando por templadas”, señala la FAO, que además informa que las tres algas marinas más importantes utilizadas como alimento humano son varias especies de Porphyra (cuyo nombre popular en Japón es nori), Laminaria (kombu) y Undaria (wakame).

Estas tres algas, añade la FAO, se obtenían al principio de especies silvestres, pero en la actualidad sólo es posible cubrir la demanda utilizando métodos de cultivo en gran escala. Porphyra está clasificada como un alga roja, mientras que Laminaria y Undaria son algas pardas.

Las algas marinas se han utilizado como alimento humano desde la antigüedad. Al emigrar a otras regiones, japoneses, chinos y coreanos han llevado el uso de las algas marinas a sus nuevos países, por lo que pueden encontrarse productos a base de algas saladas, desecadas y frescas en casi todas las partes del mundo.

Un documento de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) Señala que las algas han sido reconocidas como una excelente fuente de nutrientes, sino que, además, se ha demostrado que algunos de sus componentes poseen propiedades fisiológicas importantes como anticoagulantes, antioxidantes y antitumorales.

Un artículo publicado por el Centro Nacional de Información Biotecnológica de los Estados Unidos (NCBI) precisa que además de su valor nutricional, las algas se están comercializando cada vez más como “alimentos funcionales” o “nutracéuticos”, términos que no tienen estatus legal en muchas naciones, pero describen alimentos que contienen compuestos que pueden beneficiar a la salud más allá del papel de la nutrición básica.

“Entre las macroalgas marinas, las algas rojas y verdes (laver, nori, dulce, y lechuga de mar) a menudo contienen altos niveles de proteína en contraste con niveles más bajos en la mayoría de las algas pardas.

La Conabio añade que los chinos y japoneses recurrieron a las algas marinas para tratar la gota y otros problemas glandulares desde el año 300 a.c.; los romanos las usaron para curar heridas, quemaduras y salpullidos; los ingleses utilizaron la nori para prevenir el escorbuto y la Chondrus (musgo perlado) para tratar varios malestares internos. Los malestares intestinales tales como el estreñimiento, los dolores de estómago y las úlceras se han tratado con Chondrus, Gracilaria, Gelidium y Pterocladia.

Un acuerdo de la Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación publicado en el Diario Oficial, detalla que en México, en la península de Baja California, se explotan comercialmente cuatro especies de macroalgas, tres de las cuales se distribuyen en el Pacífico de Baja California y una en el Golfo de California.

Investigadores del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (CICIMAR) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), promueven el Programa de Alimentación con Algas Marinas para el consumo humano desde hace 25 años.

En el Laboratorio de Macroalgas del CICIMAR, ubicado en La Paz, Baja California Sur, la doctora Margarita Casas Valdez en un principio utilizó las algas marinas Sargassum “Sargazo” y Macrocystis pyrifera “Sargazo gigante”, para alimentar cabras, ovejas y gallinas a nivel experimental e implementó campañas para explicar a los ganaderos del estado de Baja California Sur los beneficios de la misma.

Los especialistas del IPN comprobaron que las gallinas alimentadas con algas marinas produjeron huevos con 26 por ciento menos de colesterol y lo mismo ocurrió cuando se incorporaron al alimento de los camarones, reduciendo en un 27 por ciento el colesterol en los crustáceos.

El artículo del NCBI añade que, según los balances de alimentos publicados por la FAO, la República de Corea es el mayor consumidor de algas marinas, seguida de China y Japón.

“La producción de algas marinas cultivadas se ha más que duplicado en todo el mundo desde el año 2000, con una expansión particular observada en Indonesia debido a sus vastas áreas de luz solar poco profundas adecuadas para sitios de cultivo”.

Ante el daño causado por el tifón Haiyan la FAO prestó asistencia a los productores filipinos distribuyendo paquetes para el cultivo de algas marinas consistentes en cuerdas de nailon, materiales flotantes y de siembra, junto con instalaciones domésticas de secado y el establecimiento de viveros de algas marinas para permitir la diversificación y el cultivo de especies de algas marinas.

Aunque los daños ocasionados al cultivo de algas fueron considerables, el tifón también brindó la oportunidad de introducir mejores prácticas de cultivo en el marco de las actividades de recuperación y rehabilitación. Se impartió capacitación sobre cómo seleccionar los sitios de cultivo más adecuados, la preparación de los implantes, el mantenimiento de las granjas de algas marinas y cómo tener acceso a los mercados.

“Aprendimos cosas como el correcto tipo de corte, la transferencia a las zonas de cría y el tiempo que tardan las algas en reproducirse”, afirmó Jessica. “Antes nos limitábamos a recoger las algas y secarlas, con lo que se encogían. No sabíamos que teníamos que transferirlas antes de secarlas, por eso la capacitación nos ayudó a reducir nuestras pérdidas”.

Productor de algas en Filipinas. Foto: FAO.

Productor de algas en Filipinas. Foto: FAO.

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