Donde los viejitos mueren solos

Staff/GC
Posted on abril 25, 2020, 12:47 am

Francia comenzó a vivir en cámara lenta después de un fin de semana soleado, días que aprovecharon los parisinos para despejarse, paseando en las calles, en los parques y aprovecharon el buen tiempo para divertirse a lo largo de muelles que circundan los canales y el rio Sena antes del encierro que se avecinaba.

Las fronteras se cerraron, Alemania anunció un cierre parcial de sus fronteras mientras Hungría se confinó totalmente; las autoridades francesas redujeron el número de trenes del sistema de transporte público, pidieron reforzar el trabajo en casa, no hacer viajes, no realizar paseos de fin de semana, ni realizar viajes al extranjero.

“¿A dónde podríamos ir quienes vivimos en este país si, según el Ministerio de Asuntos Extranjeros, al menos 100 naciones no desean que los franceses vayan a sus territorios y, si lo hacen, tendrían qué pasar por una cuarentena obligada”; ¿así quién tendrá ánimos de ir más allá de la frontera de su hogar?”, cuestionó la mexicana Patricia Arias, quien ha dado cuenta del día a día francés del confinamiento.

Entre las recomendaciones del aislamiento se encontraban olvidarse de las cenas o salir de copas con los amigos, y no realizar visitas familiares; no visitar a los padres o a los abuelos.

El martes 17 de marzo el presidente Emmanuel Macron decretaba que Francia se encontraba en “guerra sanitaria”, y la mexicana constató que que en ese país mucha gente está sola:

“Gente mayor que llamó a las líneas de atención explicando sus temores porque no sabe cómo le hará para abastecerse de víveres. Gente que vive lejos de las grandes urbes y a las que la información les llega a cuentagotas y no saben bien lo que deben o no deben hacer desde la puesta en marcha de la contingencia”.

Apenas una semana después de decretado el encierro, el miedo crecía en torno a las casas de retiro donde cada día morían más personas mayores.

“Lo triste de ello es que, como ha sido ya el caso en Italia o en España los viejitos mueren solos, pues el temor a infectarse o incluso a infectarlos, si por suerte aun no lo están, hace que cada día menos personas vayan a visitarlos”.

Y mientras las cifras de muertos y hospitalizados se incrementaban, los niveles de alarma aumentaban en torno a las casas de retiro destinadas a albergar a las personas mayores. Responsables de estos establecimientos advertían que centenas de ancianos podrían morir porque, en general, era gente con una salud frágil y, quizá, entre ellos, ya existían muchos que habían contraído el virus.

Cuando Francia contabilizaba ya 1,100 muertos, 240 en sólo 24 horas, las casas de retiro se encontraban en alerta máxima porque los adultos mayores estaban muriendo solos.

Según un articulo de la versión en linea del diario L’obs, los cuerpos de personas fallecidas infectadas por el virus eran puestos en una funda mortuoria y en un ataúd que cerraban inmediatamente.

“Los seres queridos no pueden ver el cuerpo ni despedirse. Hacer su duelo en tales condiciones es una doble pena para los dolientes”, relató Brenda, quien señaló que existía contabilidad sobre las personas que fallecían en sus hogares o en las casas de retiro, por lo que se pensaba que el número oficial de decesos ha sido subestimado por las autoridades y ha sido motivo de críticas por parte la oposición francesa. “De aquí a esa fecha, ¿cuántos muertos habrá que llorar aun? Las casas de retiro han estado en el ojo del huracán y en múltiples ocasiones los responsables de esas instituciones han manifestado su temor a la muerte masiva de ancianos”.

En las casas de retiro, donde la situación ha sido crítica, los pensionarios fueron aislados al interior de las residencias y encerrados en sus habitaciones para limitar la contaminación, no podían recibir visitas de la familia y su contacto con el exterior era prácticamente nulo.

El día 22 de confinamiento fue rebasada la línea de los 10,000 muertos en Francia a causa del Covid-19 (10 mil 328), y en esa cifra, más de 3 mil víctimas en las residencias de cuidados especiales para personas mayores, quienes han pagado un alto tributo en esta crisis sanitaria.

Estas cifras malditas siempre van acompañadas de historias trágicas.

“Se sabe que cuando una persona que entra a un hospital al área que hoy llaman «Covid 19» puede morir sin volver a ver jamás a sus seres queridos y viceversa”, relata la mexicana. “La muerte de personas mayores en las casas de reposo es uno de los escándalos de la crisis sanitaria en Francia. Se estima que poco más del 30% de las muertes por el Covid-19 corresponde a residentes de estas casas de reposo. La situación en estas residencias siguen siendo muy delicada por múltiples factores: la edad de las personas, las enfermedades crónicas de muchos de ellos y el hecho de que la protección ha sido casi inexistente”.

Brenda Arias comenta que cuando llegó a Francia hace 16 años, sentía un cierto orgullo de vivir en un país industrializado, que enarbola valores tan nobles como la fraternidad, la igualdad y la libertad.

“Este país es la sexta potencia mundial y la historia lo reivindica como una nación conquistadora, poderosa e influyente. Hoy frente a la crisis sanitaria, médicos, personalidades políticas y la población misma se cuestionan cómo es posible que esta nación esté gestionando esta pandemia como si fuera un país del ‘tercer mundo’”, señala Arias, quien ha dado cuenta de testimonios de enfermeras a las que sus vecinos les piden, literalmente, que se cambien de casa mientras existe la amenaza del virus. Les piden no estacionar su coche junto al de los vecinos o limpiar todo lo que puedan tocar a su paso. “En tiempos de guerra y con el miedo y la ansiedad que aumentan puede ser fácil olvidar los valores que defendemos en tiempos de paz: fraternidad, igualdad y libertad”.

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