‘Lo que ves en mí es todo lo que tengo’

Por OFICINA DE LA ONU PARA LA COORDINACIÓN DE ASUNTOS HUMANITARIOS (OCHA) / Fotos: UNOCHA/YAYE NABO SÈNE
Posted on enero 30, 2018, 3:29 pm

Cuando llegamos a la iglesia protestante de Saramandja, en la ciudad de Paoua, en el norte de la República Centroafricana (RCA), nos recibió Larissa Néoumangue, una madre de 16 años, madre de un niño de un año.

Larissa es una de las miles de personas que huyeron de la violencia en las aldeas al norte de Paoua y se refugiaron en sitios religiosos o con familias. La historia de Larissa es brutal.

Ella le dijo a la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA): «Mi esposo fue asesinado ante mis ojos cuando nuestra aldea fue atacada el 3 de enero. Huí con mi bebé. Lo que ves en mí es todo lo que tengo conmigo. Dejé todo atrás para salvar nuestras vidas. Vine aquí porque no tengo adónde ir».

El conflicto se reanudó nuevamente en la República Centroafricana. En esta parte del país, los grupos armados se enfrentan por el control de los corredores de pastoreo y el acceso a tierras ricas en minerales. Y como en la mayoría de las zonas de conflicto, los civiles están pagando el precio más alto.

Desde que estallaron los enfrentamientos en diciembre de 2017, 65,000 personas han huído de sus hogares y granjas a Paoua, otros todavía se esconden en la selva y otras 22,000 personas han huido al vecino Chad.

Para responder a las crecientes necesidades humanitarias, el Plan de Respuesta Humanitaria 2018 está solicitando US $516 millones para ayudar a 1.9 millones de personas.

Thomas Marabian es de las pocas personas que se quedaron en su aldea fuera de Pauoua.

Thomas Marabian es de las pocas personas que se quedaron en su aldea fuera de Pauoua.

Cinturón de granos abandonado

Los pueblos que la gente dejó atrás están casi vacíos, a excepción de pocas personas ancianas o discapacitadas que no pudieron huir. El área fue una vez uno de los cinturones de granos de l República Centroafricana, y ahora los cultivos están listos para la cosecha, pero todos han abandonado sus granjas. Esto es devastador para los agricultores, quienes trabajaron durante meses para preparar esta cosecha.

El agricultor desplazado Bellon Begoto estaba desconsolado: «He dejado el ajonjolí, la mandioca y todo lo que necesito para vivir sin que nadie lo cuide», dijo. «Necesito seguridad para regresar a mi casa. No tengo nada que hacer aquí. Quiero volver a Begatra, de donde vengo, y cultivar mi tierra».

Como los agricultores no pueden acceder a la cosecha, se espera que la inseguridad alimentaria empeore. La escasez de alimentos ya está causando que los precios se disparen en los mercados: la yuca, un alimento básico, ahora es de dos a tres veces su precio habitual.

Zahra, dueña de un puesto en el mercado, dice que teme lo peor: «Nuestras existencias se terminarán en una semana. No sabemos cómo ayudaremos a la gente».

12 de enero de 2018, Paoua. Los niños y las mujeres embarazadas se han visto particularmente afectados por el desplazamiento.

12 de enero de 2018, Paoua. Los niños y las mujeres embarazadas se han visto particularmente afectados por el desplazamiento.

Los niños y el hambre

Muchos de los niños y bebés que huyeron con sus padres ahora están enfermos de malaria, diarrea o enfermedades respiratorias, y muchos tienen hambre. Marie-Claire Denaidi-Gabita, una madre, caminó 57 kilómetros desde la aldea de Bemal a Paoua durante cinco días. Ella alimentó a sus hijos con hojas de hibisco para evitar el hambre.

Gisèle Maraba, otra joven madre que huyó, no podía ocultar su ansiedad: su hija de 9 meses contrajo un mal caso de malaria en la caminata de 22 km.

Las familias anfitrionas también están luchando para hacer frente a la contingencia. Gisèle Aladjikimi posee una cabaña de una habitación que ahora es el hogar de 24 miembros de la familia extendida que huyeron de Begatra, a 19 km al este de Paoua. «Hemos compartido todo lo que tenemos, pero ahora necesitamos alimentos, jabón y medicinas… todo sería útil».

Muchas de las personas desplazadas, potentes, dan vueltas alrededor de las bombas de agua, ya que no cuentan con contenedores para llevar el agua a casa.

Ayuda humanitaria

Ante la llegada de los desplazados, grupos humanitarios han aumentado su respuesta. El Programa Mundial de Alimentos inició entregas de ayuda alimentaria y planea incrementarla. El Comité Internacional de la Cruz Roja ha reparado 26 pozos y está distribuyendo kits de higiene para que las personas puedan limpiar el agua a la que pueden acceder. Médicos Sin Fronteras, Mentor Initiative y la Organización Mundial de la Salud brindan atención médica gratuita, incluidos tratamientos contra la malaria, a personas desplazadas y comunidades de acogida.

Pero se necesita más ayuda, asistencia y, fundamentalmente, proteger las prioridades inmediatas de las personas, quienes lo único que desean es asegurar sus granjas y aldeas para que puedan regresar a sus hogares y vivir sus vidas en paz.

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