PNUD: Algo no funciona

Staff/GC
Posted on diciembre 31, 2019, 6:00 am

Chile, Hong Kong, Bolivia, Haití, España, Irán, forman parte de las naciones en donde la oleada de manifestaciones que reflejan que algo no funciona en la sociedad globalizada.

El último trimestre de 2019 ha visto grandes manifestaciones de descontento popular alrededor del mundo, causadas mayoritariamente por dificultades económicas así como disgusto con la clase política.

La ciudadanía está tomando las calles por diferentes motivos: el costo del boleto de tren, el precio del petróleo, reclamaciones políticas de independencia; sin embargo, advierte el Informe sobre Desarrollo Humano 2019 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, existe un hilo conductor en esas manifestaciones de descontento y es la profunda y creciente frustración que generan las desigualdades.

Las manifestaciones en todo el mundo indican que, a pesar del progreso sin precedentes contra la pobreza, el hambre y las enfermedades, muchas sociedades no funcionan como deberían.

“Diferentes factores desencadenantes están llevando a las personas a las calles: el costo de un boleto de tren, el precio de la gasolina, las demandas de libertades políticas, la búsqueda de la equidad y la justicia. Esta es la nueva cara de la desigualdad, y como se establece en este Informe sobre Desarrollo Humano, la desigualdad no está más allá de las soluciones”, afirmó el Administrador del PNUD, Achim Steiner.

La OIT advierte de que algunos de los logros alcanzados durante la década de 2000 en el terreno laboral en América Latina se han perdido. Foto: PNUD El Salvador/César Avilés.

La OIT advierte de que algunos de los logros alcanzados durante la década de 2000 en el terreno laboral en América Latina se han perdido. Foto: PNUD El Salvador/César Avilés.

El Informe del PNUD, titulado “Más allá de los ingresos, más allá de los promedios, más allá de hoy: desigualdades en el desarrollo humano en el siglo XXI”, dice que al igual que la brecha en los niveles de vida básicos se está reduciendo para millones de personas, la necesidad de prosperar ha evolucionado.

“La desigualdad no es solamente la diferencia de ingresos entre una persona y su vecino. El problema radica en la distribución desigual de riqueza y poder, las arraigadas normas sociales y políticas que están empujando a la gente a lanzarse a las calles de pueblos y ciudades de todo el mundo, y los factores desencadenantes por los que lo seguirán haciendo en el futuro a menos que algo cambie.

“Una nueva generación de desigualdades está surgiendo en torno a la educación, y en relación con la tecnología y el cambio climático – dos tendencias que magnifican la situación y que impregnan un ya debilitado tejido social-. El primer paso es reconocer el verdadero rostro de la desigualdad: aquel que debilita la cohesión, socava la confianza de la ciudadanía en el Gobierno, las instituciones y los demás, y evita que personas con talento alcancen todo su potencial”, afirmó Achim Steiner en Bogotá, el 9 de diciembre en Bogotá, Colombia, donde fue presentado informe.

Se está abriendo una nueva generación de desigualdades, en torno a la educación, la tecnología y el cambio climático: dos cambios sísmicos que, sin control, podrían desencadenar una “nueva gran discrepancia” en la sociedad, no vista desde la Revolución Industrial, dice el informe.

“La Revolución Industrial situó a la humanidad en una senda que conducía a una mejora sin precedentes de los niveles de bienestar, pero también provocó la ‘gran divergencia’ al separar a las escasas sociedades que se industrializaron de las muchas que no lo hicieron. La diferencia hoy en día es que —puede que por

primera vez en la historia— buena parte de la tecnología que subyace a la transformación actual es accesible desde cualquier lugar. Sin embargo, se observan diferencias muy importantes entre países en cuanto a su capacidad

para aprovechar las nuevas oportunidades. Esto tiene consecuencias enormes tanto desde el punto de vista de la desigualdad como del desarrollo humano”, agrega el documento.

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 2019 y su índice hermano, el Índice de Desarrollo Humano Ajustado por la Desigualdad de 2019, establecieron que la distribución desigual de los niveles de educación, salud y vida obstaculizó el progreso de los países. Mediante estas medidas, el 20 por ciento del progreso del desarrollo humano se perdió debido a las desigualdades en 2018.

Un proyecto de distribución de agua a los desplazados en el campamento de Dolow en Somalia. Foto: PMA/Georgina Goodwin.

Un proyecto de distribución de agua a los desplazados en el campamento de Dolow en Somalia. Foto: PMA/Georgina Goodwin.

Steiner declara que esa desigualdad sistémica está causando un daño profundo a nuestra sociedad.

“La desigualdad no es solamente la diferencia de ingreso entre una persona y su vecino. Es preciso comprender que el problema radica en la distribución desigual de riqueza y poder: las arraigadas normas sociales y políticas que están empujando a la gente a lanzarse a las calles, y los factores desencadenantes por los que lo seguirán haciendo en el futuro a menos que algo cambie”.

El creciente poder de mercado de los empresarios está relacionado con la reducción de la proporción de los ingresos que reciben los trabajadores.

Por ejemplo, en los países con desarrollo humano muy alto las suscripciones a servicios de banda ancha fija están creciendo a un ritmo 15 veces más rápido que en los países con desarrollo humano bajo, y la proporción de la población adulta con estudios superiores también está creciendo a un ritmo más de seis veces superior que en los países de desarrollo humano bajo.

“Aspectos que solían considerarse como deseables, como ir a la universidad o disponer de internet de banda ancha, son cada vez más importantes para acceder a las oportunidades del mundo actual: quien solo tiene acceso a lo básico se enfrenta problemas para avanzar en su futuro”, argumenta Pedro Conceição, director del equipo del PNUD encargado de elaborar el Informe sobre Desarrollo Humano.

El informe destaca que en todos los países hay muchas personas con escasas perspectivas de vivir un futuro mejor y carecen de esperanza, sentido de propósito y dignidad, y desde su situación de marginación, solo les queda contemplar a otras personas que prosperan y se enriquecen cada vez más.

Señala que aunque muchos seres humanos han escapado de la pobreza extrema en todo el mundo, aún son más los que no tienen oportunidades ni recursos para tomar las riendas de sus vidas y, con demasiada frecuencia, el lugar que ocupa una persona en la sociedad sigue estando determinado por su género, su etnia o la riqueza de sus progenitores.

Steven, y otros tres amigos venezolanos, intentan que un carro les lleve por el Páramo de Berlín (3000 metros), el pico más alto en el recorrido de Cúcuta a Bogotá, en Colombia. Foto: OIM/Muse Mohammed.

Steven, y otros tres amigos venezolanos, intentan que un carro les lleve por el Páramo de Berlín (3000 metros), el pico más alto en el recorrido de Cúcuta a Bogotá, en Colombia. Foto: OIM/Muse Mohammed.

Las huellas de las desigualdades, destaca, están por todas partes y es una cuestión muy preocupante.

“En el ámbito del desarrollo humano, las desigualdades son más profundas. Piénsese en dos niños nacidos el año 2000, uno en un país con desarrollo humano muy alto y el otro en un país con desarrollo humano bajo. Hoy en día el primero tiene una probabilidad superior al 50% de estar matriculado en la educación superior: en los países con desarrollo humano muy alto, más de la mitad de los jóvenes de 20 años se encuentran cursando estudios superiores. Por el contrario, el segundo tiene una probabilidad muy inferior de estar vivo: alrededor del 17% de los niños nacidos en países con desarrollo humano bajo en 2000 habrán muerto antes de cumplir los 20 años, frente a tan solo el 1% de los nacidos en países con desarrollo humano muy alto.

“También es poco probable que el segundo muchacho esté realizando estudios superiores: tan solo el 3% de los jóvenes de esta generación lo logra en los países con desarrollo humano bajo.

“Las trayectorias tan desiguales (y, seguramente, irreversibles) que han seguido ambos niños están condicionadas por circunstancias sobre las que prácticamente no tienen control alguno. Las desigualdades también son muy elevadas dentro de los países, tanto desarrollados como en desarrollo. De acuerdo con las estimaciones disponibles, en algunos países desarrollados el diferencial de esperanza de vida a los 40 años entre el 1% de la población con mayores ingresos y el 1% con menores ingresos es de 15 años para los hombres y 10 años para las mujeres”.

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