Coyolxauhqui, 40 años de su regreso

Staff/GC - Fotos: INAH
Posted on febrero 21, 2018, 9:19 am

Hace 40 años la diosa Coyolxauhqui regresó a convivir con los mexicas en el corazón de la antigua Tenochtitlan.

El 21 de febrero de 1978, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, “La que se ornamenta las mejillas con cascabeles” fue descubierta de pura chiripa por trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza que laboraban a más de dos metros de profundidad en la esquina de las calles de Guatemala y Argentina.

En una pieza de roca andesita rosada en forma discal, la hija de Coatlicue emergió de la tierra para transformar ese pedazo de ciudad durante cuatro décadas.

Arqueólogos del INAH, en el rescate de la diosa lunar.

Arqueólogos del INAH, en el rescate de la diosa lunar.

Estaba cubierta por arenilla y un equipo de arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) la desenterró luego de permanecer en el subsuelo por 500 años.

Este hallazgo detonó el Proyecto Templo Mayor, encabezado por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, que desde el 20 de marzo de 1978 surgieron nuevos descubrimientos de representaciones de la diosa lunar. Una de ellas es la realizada en piedra de tezontle con la que armaron las piernas, brazos y tórax, y que corresponde a una fase constructiva anterior del Templo Mayor.

El monolito pesa casi ocho toneladas.

Durante 40 años se han encontrado más de 100 mil objetos en la zona de unos 14,000 metros cuadrados. Muchos de ellos se exhiben; otros se encuentran en las bodegas del Museo del Templo Mayor.

El éxito del proyecto fue tal, que el 12 de octubre de 1987 fue inaugurado el Museo del Templo Mayor. Allí se exhiben los hallazgos de las excavaciones. Lo construyó Pedro Ramírez Vázquez y Jorge Ramírez Campuzano. Su museografía estuvo a cargo de Miguel Ángel Fernández.

Desde 1913 se intuía que en la esquina de Seminario y Santa Teresa (hoy República de Guatemala) se encontraba el Templo Mayor de la antigua Tenochtitlan.

Desde 1913 se intuía que en la esquina de Seminario y Santa Teresa (hoy República de Guatemala) se encontraba el Templo Mayor de la antigua Tenochtitlan.

Desnudez y color de la diosa

Relacionada con la luna, es una de las pocas esculturas tenochcas que muestran la desnudez femenina.

En el monolito hallado hace 40 años, la diosa aparece desnuda y desmembrada, porque aludía a una de las últimas etapas de la derrota de los enemigos, que consistía en despojarlos de sus ropas.

Según el mito, Coyolxauhqui era la dirigente del grupo Huitznahua, uno de los barrios que salieron de Aztlan, quienes al llegar al cerro Coatepec se enfrentan a Huizilopochtli, su hermano, quien los derrota y a ella la decapita y arroja, quedando desmembrada al pie del monte.

De casi 8 toneladas y 3.25 metros de diámetro, la pieza prehispánica ya era mencionada en las crónicas de Diego Durán, Tezozómoc y fray Bernardino de Sahagún, como parte del panteón mexica, pero fue hasta la década de los años 70 cuando se descubrió la más grande de las seis esculturas de la deidad que hasta el momento se han descubierto.

La belleza de la escultura de andesita que fue descubierta hace 40 años ha sido materia de múltiples investigaciones entre las que se encuentran la realizada por los investigadores Lourdes Cué, Fernando Carrizosa y Norma Valentín, quienes identificaron los colores con los que fue pintada este monolito.

A partir del descubrimiento, el Centro Histórico de la Ciudad de México ha sido transformado.

A partir del descubrimiento, el Centro Histórico de la Ciudad de México ha sido transformado.

Los cinco colores que sobreviven en las porosidades de la piedra son el rojo que se obtenía de la amatita, el ocre de la geotita, el blanco de la calcita, el negro del humo y el azul maya de la combinación de hojas de añil y poligorskita. Todos ellos corresponden al patrón cromático del Templo Mayor.

Un estudio, publicado por la investigadora Lourdes Cué, explica que esos colores se localizan en los detalles como son los pezones azules, los manchones de rojo sangre en el tórax, el ojo enrojecido, como en los códices, y el penacho azul.

La especialista también menciona tres valores iconográficos en la Coyolxauhqui: Los caracoles que adornan sus tobilleras, que son emblema de los guerreros muertos y asociados al sacrificio y a entidades como el sol.

Otro es el tocado azul, color del cielo diurno y ámbito de Huitzilopochtli, y un tercer elemento son las falsas coralillos del cuerpo anillado atadas en diversas partes del cuerpo de la diosa. Estos réptiles se asocian a Cihuatéotl, que representaba a la mujer que moría en parto, pero en el caso de la deidad lunar las serpientes tienen dos cabezas, son las temibles maquizcoatl culebra mítica asociada a la muerte. Es la prueba más clara de una unión simbólica entre ambos hermanos a través de estas serpientes, el verdugo, el dios solar deja su signo sobre el cuerpo de la diosa.

Los 40 años del retorno de la Coyolxauhqui fue celebrado por especialistas, académicos, instituciones y ciudadanos pues, finalmente algo de lo que nos identifica y nos acerca es motivo de aplaudirlo siempre.

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