Discriminación, también en el deporte

Staff/GC
Posted on marzo 06, 2020, 5:42 pm

El separatismo en el deporte es algo con lo que muchos, tanto hombres como mujeres, estuvieron de acuerdo en un principio. Primeramente, las mujeres se vieron obligadas a aceptar las diferencias biológicas como excusa de separación y no fue hasta el siglo XX cuando se tomó en cuenta una relación ética.

La difusión del deporte es amplia, pero al mismo tiempo es cada vez menor en algunas disciplinas. Por ejemplo, mientras el fútbol o básquetbol se ven en todos lados, el esgrima, el bádminton o el tae kwon son deportes que sólo se buscan durante eventos como Juegos Olímpicos. Y si sabemos poco de estos deportes, ¿qué sucede cuando además es una rama femenil? La lógica nos dice que, al no tener una gran difusión el sueldo de las atletas se ve reducido.

La realidad de la mujer en el deporte está cambiando progresivamente, pero todavía no se le da la misma importancia a un éxito conseguido por un equipo femenino que por uno masculino. Las mujeres tuvieron que conseguir múltiples victorias y medallas para empezar a ser conocidas tanto por los medios de comunicación como por la sociedad en general.

Discriminar por prejuicio

La discriminación siempre ha sido un tema polémico. Incluso el fundador de los Juegos Olímpicos, el Barón Pierre de Coubertin, afirmó en 1896: “Sin importar qué tan fuerte sea una atleta, su organismo no está hecho para soportar ciertos shocks”. A partir de ahí, la igualdad de género en los deportes ha avanzado exponencialmente.

La UNESCO reconoció al deporte y la actividad física como un Derecho Humano, no sólo para los hombres, en 1978.

En muchas especialidades deportivas, la mujer tuvo y tiene que soportar adjetivos descalificadores por practicar deportes que son considerados sólo aptos para los hombres por su fuerza y rudeza, como por ejemplo el fútbol o el rugby.

Las investigaciones respaldan la noción de que se valoran menos los deportes femeninos, lo que conlleva salarios y cobertura desigual en comparación con los deportes masculinos. Según la Fundación Deportiva de Mujeres de los Estados Unidos, a pesar de que, aproximadamente, un 40% de los practicantes de deportes y actividades físicas son mujeres, sólo entre un 6% y 8% de la cobertura de los medios de comunicación deportivos se dedican a sus atletas.

Violencia deportiva

Por violencia de género no sólo nos referimos a abusos físicos, también a maltrato psicológico y a que muchas mujeres y niñas tengan que llevar en los entrenamientos sus cuerpos a unos niveles inhumanos.

Desde la infancia, una mujer que se quiera dedicar al deporte profesional a simple vista podría decirse que tiene las mismas posibilidades que un hombre, pero no es así. Una mujer tiene que aceptar las críticas de la sociedad en la que vive por practicar un deporte que fundamentalmente es practicado por hombres.

Un ejemplo claro en España de discriminación ha sido y es el de Gala León, quien ha sido cuestionada por su género al ser nombrada capitana de la Federación Española de Tenis. Otro ejemplo que pudimos ver hace escasos meses fue el del vóley playa, donde se abrió un amplio debate sobre la vestimenta que llevaban las jugadoras a la hora de practicar dicho deporte. Muchas fueron las críticas sobre la normativa vigente por ser “sexista”.

Este, como otros muchos, es un caso en el que se utiliza el cuerpo de las mujeres en el deporte para aumentar el “espectáculo” y no para fomentar el deporte.

El fútbol, un caso peculiar

La mujer ha sido excluida de la práctica deportiva porque no encajaba en su rol de género, pues se consideraba que no reunía las condiciones necesarias para practicar una actividad que realizan los hombres. Esto se debe a que desde la infancia nos hacen ver que el fútbol es cosa de niños y la gimnasia cosa de niñas, cuando podemos ser eficaces los dos sexos en los dos deportes. En lo que se refiere a los deportes, el fútbol es el deporte rey, pero sólo se destacan futbolistas masculinos y apenas existen equipos femeninos ni se nombra algún detalle sobre la liga femenina de algún país.

En años recientes se ha incrementado la lucha por la paridad salarial en competiciones deportivas. El Día Internacional de la Mujer de 2018, un grupo de 28 jugadoras de la selección de fútbol de los Estados Unidos demandó a la Federación de Fútbol de ese país en un pleito de “discriminación de género institucionalizada”. Además de equidad salarial y trato, las jugadoras buscan un pago en recompensa por daños anteriores. Cabe señalar que la selección femenina supera ampliamente en términos de resultados a su contraparte masculino, siendo triples campeonas mundiales, una vez sub-campeonas y cuatro veces medallistas olímpicas, y esto en unas competencias que comenzaron apenas en la década del 1990.

Brecha salarial

De los cien atletas mejores pagados en el mundo, solo figura una mujer y es la tenista Serena Williams. Cabe señalar que es precisamente el tenis uno de los deportes en los cuales, al menos a nivel estructural en sus máximos torneos (los cuatro Grand Slam) se ha equiparado el premio al hombre y a la mujer, aunque la brecha se abre con los auspicios y otros extras.

Muchos de los argumentos de quienes justifican esta disparidad salarial se basan en que en muchos deportes no compiten de la misma manera, por ejemplo en tenis un juego masculino es a un máximo de cinco sets mientras que el femenino es a un máximo de tres. O también usan el argumento de que realmente es por los patrocinios y los que compran los derechos televisivos y éstos a su vez se escudan en las audiencias. En fin, que es un ciclo vicioso, aunque con algunas excepciones. En Noruega, por ejemplo, ya hay paridad salarial en las selecciones de fútbol desde el año pasado.

En Puerto Rico aunque hay atletas con un gran reconocimiento y exposición mediática como Mónica Puig y Adriana Díaz, todavía queda un largo trecho por recorrer. Por ejemplo, recientemente la boxeadora Amanda Serrano logró una hazaña boxística, al sumar su séptimo título mundial en enero de este año, siendo la primera atleta de este deporte de cualquier género en lograrlo. Con este título Amanda superó a Oscar de la Hoya y a Manny Pacquiao quienes tenían seis títulos cada uno en seis categorías de peso. Aún así, las ganancias fueron millonarias para los hombres, pues en el caso de las mujeres, apenas sumaron algunas decenas de miles.

De acuerdo con la revista Forbes, apenas hay una mujer entre los 100 deportistas internacionales con más ingresos. Una situación que se produce, en gran parte, por la escasa inversión publicitaria que reciben, apenas una pequeña parte de lo que se destina anualmente a nivel mundial, más de 62 mil millones de dólares.

Solo Serena Williams, la tenista con mejor palmarés en los últimos años, ha sido capaz de colarse en el informe que refleja los ingresos anuales de los deportistas, sumando lo que ganan por premios deportivos y por patrocinios. Ella ocupa el puesto 51 con unas ganancias de 27 millones de dólares en el último ejercicio analizado. Su posible equivalente a nivel masculino, el suizo Roger Federer, que ocupa la cuarta posición del ranking, ganó más del doble en el mismo tiempo, 64 millones. Encabeza la lista el futbolista portugués Cristiano Ronaldo, con 93 millones.

La publicidad

El último informe de mercado realizado a nivel global cifraba en un 0,4% lo destinado por los patrocinadores a deporte femenino. Es evidente que las marcas apuestan por aquellos eventos donde van a conseguir más rentabilidad para su inversión, y para ello se basan en los posibles índices de audiencia o en la popularidad de un deportista. Que las competencias de mujeres tienen menos seguimiento es un hecho incuestionable. La pregunta es por qué. ¿No interesan a los aficionados, ni siquiera a la mitad de la población, que es femenina? ¿O tendrá que ver más bien con la escasa repercusión que se les da a través de los medios de comunicación e incluso del peor tratamiento que reciben en cuanto a horarios y fechas por parte de los organizadores de algunos torneos?

Un estudio de la Universidad Carlos III de Madrid revela que la presencia de la mujer en la prensa deportiva impresa se reduce a un 5,11% de los casos, mientras que el hombre protagoniza el 92,2%  de las informaciones. El porcentaje restante son de noticias neutras. Del correspondiente a las mujeres, hay que separar las noticias que hablan de las propias deportistas de las que hacen referencia a las parejas y familiares de deportistas o a famosas por otros ámbitos. En este último caso, además, el estereotipo más presentado es el relacionado con el físico femenino, bien como elemento decorativo o como objeto de deseo.

El experto en marketing Carlos Cantó, CEO de SPSG Consulting, profesor de Sport Bussiness en ESADE y vocal de la Asociación de Marketing de España, reconoce que el dominio masculino en el ranking de los deportistas que más dinero ganan “se debe fundamentalmente a los derechos audiovisuales que se pagan por las grandes competencias, especialmente en Estados Unidos”.  Ese es un factor clave. Los grandes contratos están relacionados con las competencias jugadas por los hombres, como la NFL (fútbol americano), NBA (baloncesto), MLB (Liga de béisbol) o F-1 y ese dinero termina repercutiendo en la masa salarial disponible para los jugadores.

De esta manera, muchos de ellos están entre los mejor pagados a nivel mundial. Si sumamos los 5-7 jugadores top de tenis, el mismo número de golf, dos o tres boxeadores, futbolistas e incluso algún jugador de cricket, casi completan la lista. A nivel femenino hay casos como los de la esquiadora Lindsay Vonn, que tiene muchos ingresos por publicidad pero su deporte es estacional y sus premios son muy discretos. En golf, por ejemplo, no hay ninguna jugadora que domine”

La presidenta de la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP), Mar Mas, insiste en la necesidad de que la actividad de la deportista se pueda ver.  “Las mujeres ganan poco porque tienen poca visibilidad. El patrocinador lo único que quiere es que su producto se vea. Una de las cosas que estamos peleando es que el 50% de la información deportiva en la televisión y la radio públicas sean para el deporte femenino. No podemos tener un prime-time de 30 o 45 minutos diarios dedicados al fútbol masculino”.

La equidad en el deporte de México

México es un claro caso de exclusión deportiva de la mujer y parcialmente hasta del hombre. El número de personas físicamente inactivas sigue aumentando y las mujeres no sólo se ejercitan menos que los hombres en todos los grupos de edad, sino que dedican menos tiempo a las prácticas semanales (INEGI, 2016). Según la Encuesta Nacional de Cultura, Lectura y Deporte (2015) señala que 72% de las mujeres no practican deporte alguno.

Pese a la solidez de los argumentos respaldados por datos empíricos, la participación femenina en la organización directiva del deporte mexicano es limitadísima. El portal de empleo de la Secretaria de Educación Pública indica que sólo 23 de cada 100 profesionistas asociados al deporte o a la cultura física, corresponden a personal del sexo femenino.9

En contraste, otros países progresan en combatir exitosamente la desigualdad social de género. Destacan los avances del Reino Unido, también Canadá con la instrumentación del “Programa Actively Engaging Women in Sport.” También, cabe resaltar el caso de Estados Unidos. Ahí se impulsó la equidad de género en el deporte colegial. Cuando comenzó el programa (1971), la participación de las mujeres en el deporte universitario alcanzaba menos de 300 000 personas (7% de la población estudiantil). Ya en 2001, la cifra sube a 2.8 millones de mujeres representando 41.5% del alumnado. El impacto del programa ha sido extraordinario no sólo en términos de incorporación deportiva sino en apoyar la educación, la salud, el empleo de las mujeres. Asimismo, la Unión Europea impulsó una iniciativa análoga incorporando, además, efectos ambientales (Gender Equality in Sport Proposal for Strategic Actions).

En nuestro país no sólo es escaso el tiempo consagrado al ejercicio físico de las personas. Además, la dedicación y la selección del deporte practicado están influidos tanto por las agudas diferencias en el ingreso de las familias, como por tradiciones y prejuicios sobre lo que corresponde hacer a mujeres y hombres.

Eso explica mucho de las diferencias significativas entre hombres y mujeres en las preferencias deportivas. Las mujeres prefieren voleibol, yoga, “spinning” y “aerobics”. En el caso de los hombres se inclinan por el futbol soccer o americano, béisbol y karate. De otro lado, los hombres practican más deportes de contacto que las mujeres. Por último, son casi inexistentes, poco desarrollados, los deportes con participación simultánea de mujeres y hombres. Los casos señalados, ejemplifican la reproducción en el deporte de algunos estereotipos socialmente deformadores en el deporte.