El Apocalipsis según ‘Sant’ Marc

Marc Moncusí: La gente puede prescindir de ir a un concierto
Posted on marzo 06, 2017, 1:32 pm
Por Ernesto Osorio y José Antonio Sandoval

A Marc Moncusí no le disgustan los aplausos espontáneos mientras dirige alguna orquesta, sabe que los protocolos en las salas de conciertos deberán cambiar y a su visión “apocalíptica” agrega que se reducirá el número de orquestas.

Mi opinión -quiero equivocarme- es que habrá una reducción considerable de orquestas a mediano plazo. Sólo quedarán las mejores; no serán de plantillas tan amplias de músicos, y si necesitan más músicos, dependiendo del tipo de repertorio, los contratarán”, dice en entrevista con Gaceta Ciudadana el director catalán.

Y ante el recorte de presupuestos en materia de cultura, el maestro añade que el proceso de reducción de orquestas ya se lleva a cabo:

“Países tan musicales como Italia ya hace años que han cerrado orquestas importantes; Alemania no es que se quede corta, hacen juegos de manos para mantener orquestas.

“La música es cara, el arte es caro, pero si el dinero público no lo inviertes para educación…”.

El músico, de Natural de Valls, Tarragona, se presentó en diciembre pasado dirigiendo la Orquesta Sinfónica de Yucatán y en junio estuvo al frente de la Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM) con la que tuvo dos estrenos en América: “Estampes simfòniques”, del compositor catalán Joaquim Serra, y “Concertango”, basada en temas de Astor Piazzolla y otros tangueros, del también catalán Melani Mestre.

Después de presentarse en Toluca, la OSEM viajó a Jilotepec, donde el entusiasmo de los asistentes rompió el a veces férreo protocolo de los conciertos.

“Hablábamos con Melanie de porqué la gente no puede aplaudir cuando le viene de gana porque al final y al cabo la música es para que la gente disfrute. Porque aquellas personas del público no pueden aplaudir o demostrar su satisfacción al final de un movimiento.

“¿Porqué? Porque lo manda el protocolo.

“Si la música es para que las personas que vengan al concierto disfruten, que la pasen bien, si la pasan bien en el primer movimiento, que aplaudan, es una cosa espontánea. A mí no me molesta, y va a cambiar todo esto, y ya está cambiando”.

Y es que, comentó el maestro, el concierto de Melanie Mestre tiene cuatro movimientos y el de Serra dos y lo “normal” es que la gente aplauda al final de la obra, pero en Jilotepec aplaudían al final de cada movimiento.

“Queremos que la gente vaya al concierto, que disfrute y resulta que disfruta y le prohibimos que aplauda o exteriorice su alegría. A mí no me desconcentraría y a los músicos tampoco”, asegura Moncusí, quien se ha formado musicalmente en Barcelona, Madrid, Pittsburgh y Cincinnati.

Los nuevos públicos y los derechos

– ¿Cómo conseguir nuevos públicos?

Se hacen audiciones para escolares, lo cual está muy bien, y también las orquestas han salido de su auditorio.

Lo vimos con la Sinfónica del Estado de México. Tiene su sede en Toluca, toca en Toluca, pero cada concierto que hace en Toluca lo repite en una ciudad del Estado de México.

En Jilotepec estaban contentísimos de que la orquesta hubiera ido al Tecnológico.

También me encontré con lo mismo en San Luis Potosí, que tocamos en un pueblo a 20 kilómetros de San Luis. Dadas las condiciones de transporte y las condiciones sociales de esta gente era imposible que acudieran a San Luis a ver el concierto.

Foto: Sacniteil Sandoval.

“Queremos que la gente vaya al concierto, que disfrute y resulta que disfruta y le prohibimos que aplauda o exteriorice su alegría”

Si ellos no pueden venir aquí, acerca la música a esta gente.

Esto ya lo hacía la Orquesta de La Scala de Milán en los 70 con Claudio Abdado. Llevaban la música a industrias del entorno de Milán. Iban quizá dos veces al mes para que los trabajadores de origen más humilde que no podían acceder a La Scala de Milán ni podían acceder a un ticket para un concierto pudiesen disfrutar de la música.

Como hizo Leonard Bernstein en Nueva York.

Es una asunto ya social y además, si (las orquestas) son cosas públicas, por qué unos ciudadanos de una localidad alejada del Estado de México o de donde sea no pueden beneficiarse de una orquesta que también está construida con sus impuestos y esto es en México y Barcelona y Madrid, en todas partes.

Yo creo que se debe potenciar en este sentido, si no puedes tener gente aquí, invitaciones, más boletos más baratos, ¿porqué no desplazarse?

¿Porqué no una orquesta pública como la de Bellas Artes, la Filarmónica de la Ciudad de México, la Sinfónica Nacional no pueden ir a barrios humildes de la Ciudad de México a tocar? Tienen derecho, ¿no?

Música para todos

Marc Moncusí afirma que a todo el mundo le gusta la música y a todo el mundo le gustaría saber tocar un instrumento.

“Independientemente del género, la música la gusta a todo el mundo, no tiene que ser música clásica, el jazz, el reggaetón; creo que a todo el mundo le gusta la música, sea la que sea.

“Es como si dices a cualquier hombre que le guste el deporte ‘¿te gustaría jugar en el Barcelona, en el Madrid, en los Pumas, en el Bayern Múnich?’ 99.9% te diría que si.

“Creo que durante años el estudio de música fue elitista y además no había perspectiva de trabajo; ahora no es que haya mejorado, pero sí se ha acercado más la música a la gente, se ha facilitado el estudio de la música”.

Para el director artístico de la Orquesta Filarmónica Juvenil de Cataluña y de la Asociación de Conciertos de Reus el recorte a los presupuestos destinados a la cultura, aunque dramáticos, no es nuevo, y pone de ejemplo a España.

“Los recortes más fuertes han venido, precisamente, en educación, en cultura, en salud, en servicios sociales; es decir, todo aquello que no se debe recortar lo recortan.

“Tú no puedes recortar educación, servicios sociales para niños pequeños, niños necesitados, de familias pobres , gente mayor, y si recortas la cultura, recortas los fundamentos de un país, la estructura de un país, ¿qué es un país sin cultura?”.

Todo empezó con un piano en casa

Para Marc Moncusí, el mejor director es aquél que procura hacer que la obra se interprete de la manera más clara y más fidedigna que el compositor escribió.

– ¿Es usted?, se le pregunta.

“Yo procuro hacerlo. Y creo que todos mis compañeros de profesión.

“Pero hablando de nombres yo estuve con Jesús López Cobos en Cincinnati, del que he aprendido mucho; estuve con Daniel Barenboim en Berlín tres años, y también me gusta mucho y he tomado muchas cosas prestadas de él directamente e indirectamente y hay un director que siempre me gustó mucho que era George Szell, director de los años 50, 60, me gustó mucho cómo trabajaba”.

“Siempre aprendes”, dice, y agrega que con el tiempo él ha ido encontrando su sitio; incluso, afirma que aún no tiene un “corte de caja” respecto a su carrera.

“No es decir ‘estoy arriba’; poco a poco vas subiendo. Hace unos años era inimaginable una serie de cosas, orquestas que he hecho, lo malo es que ya las has hecho, ahora quieres más. No son saltos muy fuertes, dos para adelante, uno para atrás. Es todo muy gradual”.

Y en ese crecimiento de escalón por escalón, afirma que ha encontrado un camino en el que se siente bien, con un repertorio de Richard Strauss, Gustav Mahler, Anton Bruckner, Wolfgang Amadeus Mozart y Joseph Haydn.

Para el maestro catalán toda actividad artística es muy complicada, más que nada porque no es una cosa de primera necesidad.

“Si alguien se gana la vida como farmacéutico, médico u otras cosas, son cosas necesarias; sin embargo, de una actividad artística –que para mí es necesaria, porque la actividad artística es buena para las personas- la gente puede prescindir de ir a un concierto, pero no puede prescindir de comer o de ir al médico”.

Y aunque no fuera un artículo de primera necesidad, para llegar a dirigir su primer concierto en la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh a ser dirigente asistente en el Teatro de La Zarzuela de Madrid, a dirigir en el Gran Teatro de La Habana; dirigir agrupaciones como la Orquesta Sinfónica del Estado de México, la Filarmónica de la Ciudad de México, la Sinfónica de Barcelona y otras agrupaciones de Chile, Polonia e Italia, todo inició con un piano en casa.

“Mi abuela materna era pianista, era profesora de piano y había estudiado en la escuela Marshall de Barcelona, que era la escuela directa de la de tradición musical pianística de Enrique Granados.

“Mi mamá también estudió piano. Yo también estudié música desde pequeño. Empecé con el piano porque además era un instrumento que yo tenía en casa. Mi papá era pastelero, tenía una pastelería. Pero si mi mamá hubiese sido violinista supongo que hubiese tocado el violín.

“Un día le comenté a mi mamá que me gustaría ser director de orquesta. Fue cuando era aún muy jovencito, y así surgió, supongo que yendo a conciertos o por arte de lo que sea aquello me interesó y pensé ‘esto es lo que me gusta’. Supongo que mi mamá pensó ‘ya veremos, tú ve hablando’”.

Foto: Sacniteil Sandoval.

Yo creo que toda actividad artística es muy complicada, más que nada porque, podríamos decir sin mal interpretar que no es una cosa de primera necesidad”

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