Presagios de la conquista en el MTM

Staff/GC
Posted on noviembre 15, 2019, 7:08 pm

Moctezuma II y Hernán Cortés tenían formas opuestas de entender al mundo, pero coincidían en un aspecto poco abordado: su creencia en las voluntades divinas.

El primer encuentro entre ambos personajes cumplió 500 años el pasado 8 de noviembre y, en este contexto, se ha inaugurado la muestra “Tetzáhuitl. Los presagios de la conquista de México” en el Museo del Templo Mayor (MTM) que ilustra cómo las dos partes de aquel episodio, propios y extraños, vencedores y vencidos, se explicaron su encuentro con ‘el otro’ y los acontecimientos previos y posteriores al 8 de noviembre de 1519.

Santiago, patrono de los conquistadores.

Santiago, patrono de los conquistadores.

La titular del MTM, Patricia Ledesma, señaló que la comprensión de los tetzáhuitl mexicas —vocablo nahua que usualmente se traduce como “presagio”, aunque significa “suceso extraordinario”— puede ayudar a entender que existieron y existen muchas otredades, con formas diversas de explicar al mundo que deben respetarse, “nuestra visión de las cosas es una más, no la única ni necesariamente la mejor”.

En este sentido, las 30 piezas de la instalación se dividen en dos módulos: a la izquierda del vestíbulo del MTM, se muestran 20 objetos que evocan, junto con imágenes complementarias y textos, el complejo y ancestral pensamiento mexica; a la derecha, la sala sur presenta 10 obras, además de fotografías y citas de documentos de su contraparte europea.

Y si bien, precisó la arqueóloga, fueron diversas las sociedades que registraron presagios relativos a la Conquista: tarascos, tahínos e incluso los propios incas del actual Perú, el montaje recrea ocho tetzáhuitl mexicas recogidos en las obras de los frailes Bernardino de Sahagún y Diego Durán.

Estos son: la caída de un rayo en el templo de Xiuhtecuhtli; el incendio repentino del Templo Mayor; la aparición de seres monstruosos; el paso de un cometa; la presencia de una mujer llorando por las calles tenochcas; una grulla con un espejo de obsidiana en la cabeza; una piedra parlante que se negó a llegar a la capital mexica; y el tetzáhuitl de un agricultor que, raptado por un águila, fue llevado a una cueva en la que atestiguó una visión de Moctezuma dormido, signo de que el tiempo del tlatoani estaba por terminar.

Ante el hecho de que algunos presagios en realidad ocurrieron, como el caso del cometa, y otros son de carácter imaginario e inmaterial, los museógrafos del MTM tuvieron que idear formas innovadoras de evocarlos físicamente.

Banqueta con procesión de guerreros.

Banqueta con procesión de guerreros.

El cometa se ejemplifica mediante un meteorito, prestado por el Museo de Geología de la UNAM; la piedra parlante, que acorde con las fuentes estaba destinada a convertirse en un temalácatl (piedra de sacrificios) por orden de Moctezuma, se ilustra con una de dichas obras en piedra, propiedad del Museo Regional de Puebla.

El módulo mexica inicia con los misteriosos tetzáhuitl que antecedieron al fin de Tenochtitlan, explicando la estrecha relación que existía en Mesoamérica entre los planos terrenal y sobrenatural, y con ello lo normales que eran los tetzáhuitl, en un mundo donde lo humano y lo divino convivían, y en el cual, dijo Guilhem Olivier -uno de los curadores- del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, las prácticas adivinatorias no eran tabúes o supersticiones sino maneras de ordenar al mundo.

“Incluso cuando eran funestos, cumplían un papel de aviso. Es importante resaltar que los tetzáhuitl no eran definitivos en una relación horizontal con lo divino; un humano podía negociar y hasta luchar frontalmente contra la voluntad divina: se tenían conjuros para revertir los presagios e incidir favorablemente en el destino”, comentó Patricia Ledesma.

Esculturas de la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología que representan a Quetzalcóatl, Tezcatlipoca y la diosa Cihuatéotl, entre otras obras de calidad única, también se integran al recorrido, lo mismo que apoyos visuales y extractos de fuentes documentales, a fin de que sea la palabra de los propios indígenas la que esté presente en la exposición.

Astrolabio Planisférico-siglo XVI-1554.

Astrolabio Planisférico-siglo XVI-1554.

En 1519, explicaron los curadores de la muestra, faltaba casi un siglo para que Galileo publicara los primeros ensayos científicos basados en la experimentación y la comprobación, de forma que quienes arribaron ese año a Mesoamérica todavía creían en voluntades divinas que guiaban sus pasos, o bien, surcaban los mares usando artefactos que combinaban la lectura zodiacal con la navegación.

“Las crónicas hablan de cómo los españoles veían al apóstol Santiago en el campo de batalla. Incluso, el propio Cristóbal Colón dejó escrito que, más que la matemática y la cartografía, sus descubrimientos fueron un cumplimento de la palabra del profeta Isaías”, señaló la arqueóloga Patricia Ledesma.

Es también sabido que entre los hombres de Cortés se encontraba Blas Botello, “el nigromántico”, un astrólogo que, según narra Bernal Díaz del Castillo, predijo su propia muerte durante los enfrentamientos de la llamada Noche Triste.

Para ilustrar este sistema de creencias, se muestran piezas como la escultura moderna de un caballo y una armadura de caballero del siglo XVI, préstamo del Museo Regional Cuauhnáhuac; dos esculturas del apóstol Santiago del Museo Franz Mayer; y un retablo de la Virgen de los Remedios, de la Pinacoteca de La Profesa, entre otras.

En este apartado, la exposición también presenta textos de los propios conquistadores, además de fotografías y otras herramientas museográficas que, en el cierre de su recorrido, se ven complementadas por dos piezas que entremezclan la adivinación prehispánica con la europea.

Se trata de la réplica de un espejo de obsidiana cuyo original —resguardado por el Museo Británico de Londres— perteneció a John Dee (1527–1608), un alquimista, matemático y astrólogo quien, en el siglo XVI, empleó sus conocimientos, mezcla de ciencia y magia, para ayudar a las empresas imperialistas de su monarca, Isabel I de Inglaterra.

“En esa época John Dee poseía la biblioteca más grande de su país”, narra la directora del MTM al hablar de cómo, en algún momento de mediados o fines del siglo XVI, este personaje adquirió aquel espejo de obsidiana que los mexicas usaban para la adivinación y lo empleó en sus rituales.

El alquimista fabricó una funda para el espejo que, a través de una imagen facilitada por el Museo Británico, puede ser vista en el MTM junto a la réplica del elemento arqueológico.

El otro objeto que se exhibe es un astrolabio que perteneció al propio maestro de John Dee, el astrólogo y matemático Gemma Frisius (1508–1555), prestado por el Museo Nacional de Historia. Estos aparatos de la temprana astronomía y de la navegación, eran usados para determinar las horas y las latitudes en función de los movimientos astrales.

“Si Isabel I de Inglaterra, la mujer más poderosa de su tiempo, creía en presagios y consultaba astrólogos para tomar decisiones, por qué nos resulta extraño que Moctezuma también lo haya hecho”, concluyó Patricia Ledesma.

“Esta exposición ejemplifica una de las tareas fundamentales del Instituto (Nacional de Antropología e Historia), que es la de, a partir de la antropología, registrar, comprender y dar cuenta de la diversidad cultural humana”, y con ello de los múltiples universos simbólicos y modos de pensar que las sociedades han generado en el transcurso de la historia, afirmó Diego Prieto, director del INAH.

Tetzáhuitl. Los presagios de la conquista de México permanecerá en el Museo del Templo Mayor (Seminario 8, Centro Histórico de la Ciudad de México) hasta marzo de 2020, su acceso es con boleto de entrada al museo. Los domingos la entrada es libre para público nacional y extranjeros residentes con identificación vigente.

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