¿Qué tal, una copita y botana con historia?

Staff/GC
Posted on mayo 11, 2019, 6:27 am
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En tiempos de la Cuarta Transformación, en que lo mismo se habla de una disculpa pública del rey Felipe de Borbón por las atrocidades de la conquista hasta de las propuestas para derrumbar estatuas de Cristobal Colón y de Hernán Cortez, pasando por las sesudas iniciativas de ley para prohibir la venta de cerveza fría, existen silenciosos recintos donde se antoja una charla debatiendo sobre estos temas.

Nuestra sugerencia apunta hacia una tarde en una cantina o pulquería del primer cuadro de la capital; silenciosos lugares que han visto el correr de los años con acontecimientos históricos a los que han sobrevivido, y seguramente, lo seguirán haciendo, a pesar de la 4ª.T

Un cronista de esta capital como Carlos Martínez Rentería, escribió para el Fideicomiso del Centro Histórico, que la conquista de los españoles, generó dos importantes consecuencias en el ámbito de las bebidas alcohólicas en nuestro país: por un lado, desaparecieron los rígidos controles legales que limitaban la cantidad de pulque que bebían los mexicas; y por otro, se introdujeron el vino y los procesos de destilación para obtener bebidas de alta graduación alcohólica.

Durante el Virreinato, el pulque —que contaba con acogida entre indios y mestizos— convivió con el vino y otros destilados —que estaba destinado para españoles y criollos—.Con el paso del tiempo, el proceso de fermentación del pulque se fue dificultando para mantenerlo fresco, además de que la cerveza que fue introducida en México a principios del siglo XX fue desplazando al tradicional curado.

Con el correr de los años, llegaron de la península ibérica las tabernas, que eran lugares donde se vendían bebidas alcohólicas, pero a menudo también se ofrecía comida y en algunos casos hospedaje.

Durante los meses de ocupación norteamericana de la Ciudad de México, entre 1846 y 1848, se dio un incremento de la demanda de bebidas alcohólicas y el surgimiento efímero de establecimientos al estilo del saloon estadounidense, que dejaron su recuerdo en los futuros nombres que detentarían varias cantinas legendarias, como el Salón Correo y el Salón Bach, entre muchas otras.

El porfiriato abrió las puertas a la oportunidad de los grandes comercios en el Centro, especialmente en el giro de los abarrotes, los muebles y la ropa.

Los españoles comenzaron a vender en sus establecimientos de abarrotes, bebidas alcohólicas, hasta que en 1931, el gobierno de la ciudad lo prohibió.

Esto dio lugar a que se separaran tales actividades, dividiendo los locales con un muro. Es así que nacieron las clásicas cantinas que formaron parte fundamental de la vida de la ciudad durante el siglo XX.

El consumismo y la irrupción de otros giros mercantiles en el Centro, han ido poco a poco borrando estos negocios, aunque aún quedan algunos para deleite de quienes visitan las calles del Centro Histórico. Aquí, algunas de ellas.

La Ópera

En 1876 este lugar se convirtió en el espacio para ir después de las funciones vespertinas del Teatro Nacional. Ubicada en la calle 5 de mayo, presume en su techo, la bala incrustada que dejó ahí Pancho Villa durante una borrachera.

El Gallo de Oro

En Venustiano Carranza número 35 está esta peculiar cantina, abierta en 1874 y que fue lugar predilecto para poetas, políticos y toreros. Su botana principal son los pepitos de lomo de res con jitomate, cebolla y rajas, aunque vale la pena saborear el pollito de leche adobado y cocinado a las brasas.

La Peninsular

Esta cantina inicia actividades desde las doce del día. De su centenaria barra han salido tragos de todo tipo y en su carta destacan los tacos de cecina, el caldo de pollo y la clásica milanesa. La encuentras en la calle de Alhóndiga 26, local 4 atrás de Palacio Nacional.

El Tío Pepe

En la calle de Independencia, muy cerca del Barrio Chino se encuentra esta típica cantina, que aún conserva en su barra un letrero que advierte que el sitio, era prohibido para damas. Sin embargo, es mero atractivo visual para los parroquianos que pueden disfrutar la tradicional botana, además de una gran variedad de tragos.

La Faena

Fundada en 1954, esta cantina se convirtió en uno de los lugares más visitados por toreros de época. En sus paredes aún pueden verse los trajes de luces y fotografías de varias figuras de la fiesta brava. Te recomendamos platicar con sus meseros o el tabernero, que tienen historias que te harán pedir más de dos tragos. La comida, es en realidad de muy poca variedad, aunque los tacos de guisado son muy demandados.

Pulquerías.

Las tradicionales, algunas centenarias, conservan el altar a la Guadalupana, la música de rocola, la botana de la una de la tarde y hasta el mingitorio.

Aunque las pulquerías tradicionales son como cualquier otra antigüedad, sobreviven con algunos elementos que han tenido que sumar para no perder a los nuevos consumidores, que llegan con audífonos a beberse uno o dos litros de buen pulque para mitigar la sed.

La Antigua Roma

En la esquina de las calles de Perú́ y Allende, sobrevive este lugar que próximamente cumplirá́ cien años de vida. Los jóvenes han desplazado a los viejos en este local donde solo se ofrecen uno o dos curados y el infaltable natural, todos provenientes de Tlaxcala.

Los Chupamirtos

Enclavado en pleno barrio de la Merced, en la calle de general Anaya, entre Rosario y Santa Escuela. Es un galerón que ofrece pulque de Singuilucan, Hidalgo, y botana diaria a clientes tan antiguos como este negocio.

Las Duelistas

Esta en Aranda, casi esquina con Ayuntamiento. Se traga de un local rebosante de jóvenes que disfrutan cinco curados diarios hechos con pulque también de Tlaxcala (Nanacamilpa)— y con esmero, más botana bien guisada; la música permanente y sus coloridos dioses prehispánicos que decoran todos sus muros dan la bienvenida al ambiente más que juvenil ¡a pesar de sus casi ciento cinco años!

La Hermosa Hortensia

En el callejón de la Amargura número 4 en plena plaza de Garibaldi, se encuentra este local que se engalana son sus muros con barras de azulejo pero que las afean con las fotos de políticos.

El Recreo de Manzanares

En la calle de Manzanares número 6, este lugar tiene sabor a barriada, sabor tradicional, auténtico es la segunda pulcata de la Merced donde ofrecen tres curados diarios y charales dorados botaneros. Tiene también azulejos, altarcito, mesas codo con codo apretujadas y azulejo en la fachada la hacen digna del museo de lo auténtico.

La Rosita

En el callejón de San Antonio Abad y La Viga, muy cerca de Fray Servando Teresa de Mier, tiene 82 años de vida siempre ha servido pulque de Tlaxcala, entre dos rocolas, salsas picosas, infaltable altar y coloridas pinturas en paredes.

Patricia Cardoso, difusora del consumo del pulque y administradora de la página de Facebook Pulquipedia, escribe:

“Las pulquerías tradicionales son museos, lugares que guardan energía. Al estar en una de ellas siento que viajo en el tiempo; imagino los amores y desamores, tristezas y alegrías, platicas y llanto que ahí́ se vivieron… y en algunas durante más de un siglo. Las pulquerías del Centro puedes visitarlas y luego irte a comer, a comprar o a buscar atractivos… eso es una maravilla. Es hora de conocerlas para revivir la historia, la esencia del Centro de nuestra ciudad”

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