Teotihuacán se proyecta en San Francisco

Staff/GC
Posted on septiembre 15, 2017, 7:00 am

Una de las exposiciones más ambiciosas dedicadas a la ciudad prehispánica de Teotihuacán estará presente en el Museo de Young, en San Francisco, California.

Alrededor de 250 piezas integran “Teotihuacan: city of water, city of fire”, para abordar la que en su tiempo (150 a.C. – 650 d.C.) llegó a ser la sexta ciudad más grande del mundo, sólo detrás de urbes como Constantinopla y Alejandría.

La exhibición es organizada por la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en conjunto con el Museo de Young de San Francisco y el Museo de Artes del Condado de Los Ángeles (LACMA, por sus siglas en inglés).

Huehuetéotl. Su brasero representa el cráter del volcán que echa humo y arroja cenizas. Exposición Teotihuacán. Foto: INAH/Jorge Pérez de Lara.

Huehuetéotl. Su brasero representa el cráter del volcán que echa humo y arroja cenizas. Exposición Teotihuacán. Foto: INAH/Jorge Pérez de Lara.

“Teotihuacan: city of water, city of fire”, que se exhibirá del 30 de septiembre al 11 de febrero de 2018, también reunirá fragmentos de pinturas murales procedentes de la colección de The Fine Artes Museus of San Francisco y de la ciudad prehispánica. En 1986, el organismo estadounidense repatrió una serie de murales como parte de un acuerdo conjunto con el INAH, en el que establecieron un programa de conservación y exhibición colaborativo.

La muestra también integrará cerámica y esculturas de piedra encontradas en las áreas habitacionales, algunas de ellas sobrevivientes de un gran incendio que se suscitó en la antigua urbe cerca de 550 d.C.; y otras piezas más que componían ofrendas conmemorativas de las etapas constructivas de la Pirámide de la Luna.

El Museo de Young anuncia que “Teotihuacan: city of water, city of fire” explorará cómo las obras de arte de la ciudad antigua forman nuestra comprensión de Teotihuacán como un ambiente urbano. “Objetos monumentales y rituales de las tres pirámides de Teotihuacán se mostrarán junto a pinturas murales, cerámicas y esculturas de piedra de los compuestos de la ciudad”.

Diego Prieto, director general del INAH, afirmó que “esta exposición celebra los logros de la arqueología mexicana en el pasado y en el presente”, considerando que la colección reúne materiales obtenidos de excavaciones recientes en espacios sacros, como el interior de la Pirámide de la Luna, la cúspide de la Pirámide del Sol y el subsuelo de La Ciudadela.

Caracol esculpido. Proyecto Tlalocan, Teotihuacán. Foto: INAH/ Jorge Pérez de Lara.

Caracol esculpido. Proyecto Tlalocan, Teotihuacán. Foto: INAH/ Jorge Pérez de Lara.

Ejemplo de ello —continuó— son piezas que integraban ofrendas dispuestas en el túnel del Templo de la Serpiente Emplumada, cuya excavación dirigió el arqueólogo Sergio Gómez Chávez, proyecto del que se recuperaron más de 50 mil objetos y del que los visitantes del Museo de Young podrán admirar algunos que integraban la Ofrenda 48, como esculturas antropomorfas de piedra verde, grandes caracoles y cuentas de diversos materiales.

“Teotihuacán es una de las primeras zonas arqueológicas abiertas a su visita pública en México, justo en 1910 como acto conmemorativo del centenario de nuestra Independencia.

“Hoy sus visitantes alcanzan los tres millones anuales y las exploraciones arqueológicas no cesan de sorprendernos con sus hallazgos. Y no podría ser de otro modo, la estructura urbana del asentamiento, las construcciones monumentales, las esculturas en roca, la producción cerámica y en obsidiana, sus abundantes ofrendas compuestas con personajes y animales sacrificados dentro de algunos de sus principales edificios, su pintura mural, indican que la ciudad fue uno de los centros de peregrinación y culto más influyentes de América”, abundó el titular del INAH durante una conferencia con medios nacionales y extranjeros.

Máscara. Exposición Teotihuacán. Foto: INAH/ Jorge Pérez de Lara.

Máscara. Exposición Teotihuacán. Foto: INAH/ Jorge Pérez de Lara.

El curador de la muestra, Matthew Robb, dijo que el objetivo principal de la exposición es mostrar la complejidad de una urbe que contaba con barrios como La Ventilla; espacios residenciales de élite, caso del Conjunto Quetzalpapálotl ubicado al suroeste de la Plaza de la Pirámide de la Luna; y una vía, la Calzada de los Muertos, sobre la que estaban distribuidos los templos sagrados y partían los cuadrantes de la ciudad hacia los cuatro rumbos del cosmos.

Y entre los dioses que regían el equilibrio de este universo se hallaban los dioses del fuego viejo, Huehuetéotl, y del agua, Tláloc, como lo demuestra la variedad de efigies de ambas entidades halladas tanto en espacios domésticos como rituales de la metrópoli, de ahí el título “Teotihuacan: city of water, city of fire”.

En ese sentido, destacó Matthew Robb, será expuesta una de las esculturas más grandes de Huehuetéotl, registradas en el sitio. Su hallazgo en 2012, en la cima de la Pirámide del Sol, podría indicar que este monumento fue en su origen escenario de cultos dedicados al fuego y finales de ciclos calendáricos.

El arqueólogo Alejandro Sarabia, director de la zona arqueológica, comentó que de Teotihuacán es más lo que se ignora, pues de los 20 kilómetros que constituyeron la metrópoli durante su época de máxima expansión, únicamente se ha explorado alrededor de ocho por ciento; se desconoce su sistema de escritura, su lenguaje, el grupo étnico dominante (aunque se sabe era cosmopolita y daba cabida a gente venida de Occidente, de la Costa del Golfo y de Oaxaca, entre otras regiones), e incluso su nombre, pues cabe recordar que los mexicas la consideraron un lugar de peregrinación y la nombraron “La ciudad en la que los hombres se vuelven dioses”.

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