Una Semana Santa…triste

Staff/GC
Posted on abril 10, 2020, 10:37 pm

Los habitantes de la alcaldía Iztapalapa dicen que ésta, fue una Semana Santa triste, mucho más triste que todas.

Debido a la contingencia sanitaria para evitar contagios de Coronavirus, por primera vez la representación de la crucifixión de Jesús en Iztapalapa, se llevó a cabo a puerta cerrada..

Esta vez no hubo Romerías, tampoco nazarenos; el Vía Crucis que por lo general sube por el Cerro de la Estrella este año, estuvo ausente y en su lugar, un grupo reducido de actores trataron de cumplir con su rito de fe en el atrio de la Catedral o templo de “La Cuevita” que lució confinado, con vallas metálicas, rodeado por policías que remplazaron a los fornidos soldados romanos;  sin Nazarenos que no hicieron como siempre sus recorridos cargando una cruz a cuestas, remplazados por hombres o mujeres con trajes que parecían seres espaciales y que cargando tanques de sanitizante, con caretas, guantes y botas, dejaban un olor a insecticida en los sitios donde se realizaban las escenas de la representación.

La Representación de la Pasión y muerte de Cristo, es quizá la actividad social más importante dentro de Iztapalapa, según el Comité Organizador de esta fiesta que todos los años se coordina con la Alcaldía y del Gobierno de la Ciudad de México.

La escenificación se realizó este viernes desde el medio día en el atrio de la iglesia Del Señor de la Cuevita y mañana concluirá con el tradicional Sábado de Gloria a las 20 hrs.

Mauricio Luna, de 19 años y habitante del barrio de San Ignacio personificó a Jesús de Nazaret, un Cristo que en los recesos de la representación no paraba de frotarse las manos con gel anti bacterial y ocasionalmente usaba un cubrebocas para evitar la propagación del Coronavirus que mantiene en cuarentena a miles de personas.

Los personajes, fueron monitoreados constantemente, se les tomó la temperatura y el Comité Organizador aseguró que en todo momento se siguió el protocolo de prevención y sanitización de los lugares donde se congregaban para evitar el contacto requerido entre persona a persona.

En 1843 comenzó esta tradición que surgió -curiosamente- para dar gracias a Dios por el fin de la epidemia de cólera, la cual asoló a la entonces Nueva España en el pueblo de Iztapalapa y produjo gran mortandad. En esos años, sus habitantes temiendo por sus vidas; solicitaron al Señor de la Cuevita detener las muertes. El gran milagro se produjo, el pueblo no se extinguió y en agradecimiento, la comunidad de Iztapalapa volvió a realizar la representación de la Semana Santa que continúa hasta la actualidad.

La Pasión de Cristo hermana a los ocho barrios de esta demarcación y su preparación se inicia meses antes de los días santos. En ella se destaca el trabajo, esfuerzos y aportaciones de los habitantes de los ocho barrios; siendo una reminiscencia prehispánica del tequio: que es el trabajo y aportes de la comunidad hacia la comunidad. Participan las mayordomías de los barrios, pero también los habitantes en forma individual; ya sea aportando donativos, en la organización o como actores de las procesiones y escenas de la Pasión.

Esta herencia es fomentada por los padres, madres, tíos, tías, abuelos, abuelas; en suma, por la misma comunidad. La tradición se transmite de generación en generación, los jóvenes concursan en la selección del elenco principal como son: los Apóstoles, las Vírgenes y por supuesto, Jesús Nazareno que es el centro de atención.

En esta ocasión y a diferencia de otros años en que esta representación convoca a millones de fieles católicos , se anunció que este año se celebraría sin público, así que las calles de esa alcaldía al oriente de CDMX lucieron vacías, como pasa con algunos otros puntos que normalmente son centros de aglomeraciones.

La procesión de la edición 177 de esta representación comenzó a mediodía rodeada de un operativo de alrededor de 580 policías y un rito que por lo general marca el inicio del juicio a Jesús que es cuando Poncio Pilato condenó a Jesús a morir crucificado y para evitar ser condenado “se lavó las mano”, en esta ocasión obtuvo aplausos por los 20 actores que acompañaron la escena.

Y a diferencia de otros años en que al momento en que Jesús muere colgado de la Cruz, al filo de las 3 de la tarde, la lluvia, esa temerosa llovizna que cae sobre el cerro de la Estrella convertido en el Gólgota, esta vez estuvo ausente….Un virus, rondó durante todo el día, un virus que en viernes santo deja ya a 233 muertos en todo el país…Los actores cerraron el telón y esperan, que en septiembre próximo puedan volver a las calles y entonces, representar una nueva procesión que agradezca, como lo hicieron hace 177 años, que la salud volvió al pueblo de Iztapalapa.