A 6 años de #Ayotzinapa ¡Nos faltan 40!

STAFF/Gaceta Ciudadana
Posted on septiembre 25, 2020, 9:29 pm

Este sábado se cumplen 6 años de “la noche de Iguala”, una fecha que debe quedar en nuestra memoria como el día en que la corrupción gubernamental y el crimen organizado arrebataron de sus familias a 43 estudiantes normalistas para desaparecerlos.

¡Nos faltan 40! 3 de ellos aparecieron, pero muertos.

Apenas en julio pasado, el departamento del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Innsbruck con sede en Austria logró identificar los restos óseos de Christian Alfonso Rodríguez Telumbre, uno de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, así lo dio a conocer la Fiscalía General de la República (FGR).

Con él, se ha logrado identificar los restos óseos de 3 estudiantes de la Escuela Normal “Raúl Isidro Burgos”, desaparecidos entre el 26 y 27 de septiembre de 2014.

Christian Alfonso Rodríguez Telumbre

Christian tenía 19 años, era el único hijo varón del matrimonio entre Clemente Rodríguez y Luz María Telumbre. Creció en el barrio de Santiago, en Tixtla, Guerrero, junto con sus tres hermanas.

La barranca La Carnicería, en el estado de Guerrero, fue donde se encontró un fragmento de hueso que corresponde al pie derecho de Christian, a poco más de 800 metros de distancia del basurero de Cocula, sitio donde, según la polémica “verdad histórica” difundida por la entonces PGR de Jesús Murillo Karam, habían sido asesinados y calcinados para luego arrojarlos al río.

Alexander Mora Venancio

En diciembre de 2014, la Procuraduría General de la República (PGR), informó sobre el hallazgo de los restos de Alexander Mora Venancio. Fue el primero en ser identificado. Originario de la comunidad El Pericón en Chilpancingo, Guerrero.

Aunque en un primer momento, ni los padres de Alexander ni su abogado, Vidulfo Rosales, creyeron en la hipótesis de las autoridades sobre la incineración de los cuerpos por parte del grupo criminal “Guerreros Unidos”, los peritos forenses confirmaron la identidad del cuerpo.

Jhosivani Guerrero de la Cruz

El 16 de septiembre de 2015, se informó sobre la identificación de los restos óseos de Jhosivani Guerrero de la Cruz, originario de Omeapa, en Tixtla Guerrero y a quien sus compañeros conocían como “el Coreano” por sus rasgos orientales.

En estos últimos casos y según información del gobierno federal, los restos de los estudiantes normalistas fueron hallados en una bolsa en el río San Juan, cercano al basurero de Cocula, donde presuntamente habrían sido incinerados, junto con los otros jóvenes de Ayotzinapa.

Desaparición forzada

La identificación del normalista Christian Rodríguez derrumbó la llamada ‘verdad histórica’ de la extinta PGR según el Fiscal General Alejandro Gertz Manero y con ello, quedó al descubierto la hipótesis de que los normalistas fueron objeto del delito de desaparición forzada

En entrevista con la revista Proceso, el fiscal especial para el caso Ayotzinapa, Omar Gómez Trejo, fue detenido por la Policía Municipal que junto con funcionarios municipales, federales y militares no actuaron ante la privación de la libertad, negaron esa privación de la libertad y ocultaron la misma.

“Al ser testigos unos y protagonistas otros y no actuar para evitar que se llevaran a los estudiantes detenidos y luego desaparecidos incurrieron en omisión, pues están llamados a proteger a su sociedad, a su comunidad”

La cadena lógica de eventos en los que los estudiantes son detenidos por policías municipales, quienes luego lo negaron y ocultaron a las personas, permiten que se encuadre la desaparición forzada, insiste Gómez Trejo en la entrevista.

Según informes del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) y de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) Christian estaba en el autobús que fue detenido abajo del Palacio de Justicia, de ahí en adelante incurren en omisión todas las autoridades municipales, federales y militares enteradas del hecho y/o protagonistas del mismo.

Sobre la caída de la “verdad histórica” sostenida por la entonces PGR, Gómez Trejo considera que la confirmación de la Universidad de Innsbruck sobre la identidad del normalista es suficiente.

Los restos óseos fueron ubicados a 800 metros de distancia del basurero de Cocula donde según Murillo Karam los 43 normalistas habían sido asesinados y luego calcinados sus cuerpos.

En el caso de Christian se realizó una búsqueda derivada de información de una fuente, se da con el lugar en la Barranca de la Carnicería, se recolectan piezas propensas a posibles resultados genéticos en un escenario de 177 a 200 metros cuadrados y se obtiene la coincidencia genética con los padres del normalista.

La “verdad” histórica

La fiscalía de Guerrero se encargó inicialmente de la emboscada que retuvo a los estudiantes normalistas el 26 de septiembre de 2014 en Iguala. A principios de octubre, la unidad de secuestros de la SEIDO, la fiscalía federal de delincuencia organizada, atrajo la investigación. Los fiscales de la SEIDO unieron fuerzas con la Agencia de Investigación Criminal. El director de la agencia, Tomás Zerón (actualmente prófugo) coordinaba los trabajos.

En poco más de 33 días, Zerón y su equipo ya tenían una teoría. En noviembre de 2014, el fiscal federal, Jesús Murillo Karam, informó de que los 43 estudiantes desaparecidos habían sido asesinados, quemados en un basurero en el municipio de Cocula y sus restos arrojados a un río. En enero del año siguiente, la fiscalía abundó en esta teoría, dando el caso prácticamente por cerrado.

Testimonios obtenidos por los investigadores coincidían en el relato del basurero. Restos óseos rescatados en el río apuntaban en la misma dirección.

Atentos al desarrollo de la investigación, los familiares de los 43 pidieron ayuda independiente. Cuando la teoría del basurero empezaba a cobrar forma, a finales de octubre de 2014, el Equipo Argentino de Antropología Forense, EAAF, llegó en ayuda de las familias. Meses después, en marzo de 2015, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, GIEI, amparado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) llegó a México y entonces, surgieron las dudas.

La actual administración de la fiscalía ha ubicado restos de uno de los 43 en la barranca de La Carnicería, un área donde la vieja fiscalía encontró cientos de fragmentos óseos que ocultó durante años y nunca mandó a analizar, como ha informado EL PAÍS. Zerón ya no es el superpolicía de México, sino prófugo de la justicia. La fiscalía lo acusa ahora de una serie de delitos e irregularidades supuestamente cometidos durante la investigación del caso Ayotzinapa. El ejemplo más claro es el hallazgo de los huesos del primer estudiante identificado, Alexander Mora.

El 7 de diciembre de 2014, la fiscalía anunció que los huesos que había encontrado a finales de octubre en el río San Juan, cerca del basurero de Cocula, eran de Alexander Mora, uno de los 43. El EAAF, que había trabajado con la PGR esos días en el basurero y en el río, denunció que no había estado presente en el momento del hallazgo de los huesos en el río.

Mercedes Doretti cuenta que los fiscales dejaron de avisarles para diligencias. Esto ocurrió en la segunda quincena de diciembre de 2014, después de que peritos oficiales fueron a levantar los restos ubicados allí por autodefensas del estado de Guerrero.

En el relato que hace Doretti de este conato de viaje a La Carnicería a la revista Forbes, en el municipio de Cocula, se ilustran las maneras de los investigadores. “Llegamos al aeropuerto, al hangar de la PGR y encontramos una escena extraña. Había un grupo de personas que decían que eran de una universidad, con gente de SEIDO. Decían que iban a colocar jaulas en La Carnicería. En las jaulas iban a poner comida, para atraer fauna cadavérica a la zona de la barranca”, explica la experta. “¿Con qué tiene que ver esto? SEIDO trataba de demostrar que la barranca y el basurero estaban vinculados. Y nosotros decíamos que no tenía que ver un lugar con el otro. Además, varios de los que se presentaron como biólogos de la universidad y peritos llevaban ametralladoras colgadas”.

El Equipo de forenses argentinos decidió entonces no viajar, Doretti y los demás no se sintieron cómodos. “Después de esa vez, no nos avisaron de más diligencias. Nos quedamos en el laboratorio analizando restos. Yo creo que no había interés en que nosotros fuéramos allá”.

Francisco Cox, abogado chileno y uno de los integrantes del GIEI, comenta que “Era habitual que hubiera líneas de investigación sin agotar. La Parota, Pueblo Viejo, el autolavado de Los Tilos…”, menciona Cox, en referencia a puntos que surgieron como posible destino de los 43, en interrogatorios a detenidos.

En julio de 2015, Cox y el perito que contrató el GIEI en materia de dinámica de fuego, José Luis Torero, visitaron la coordinación de servicios periciales de la fiscalía. Iban a revisar evidencias recogidas en el río y el basurero. “Contra la pared estaban las bolsas y unas vasijas. Y en unas bolsas decía La Carnicería”, recuerda el abogado. Cox no sabe por qué estaban esas bolsas ahí, ya que el acuerdo con la fiscalía era ver evidencia del río y el basurero. Así que tomó unas fotos de esas bolsas. “Recientemente me di cuenta de que nos hicieron firmar que nos exhibieron lo de La Carnicería, pero estoy casi seguro de que no lo abrimos”, dice.

La presencia de las bolsas frente a los expertos aquel día integraba la evidencia de La Carnicería en el universo del basurero y el río, parte central de la narrativa de la fiscalía. Con el acta que firmó la fiscal, la dependencia dejaba registro de que el grupo de investigadores independientes habían revisado la evidencia de la barranca, certificando dos cosas, la unidad de los tres lugares y la transparencia de la fiscalía, tantas veces criticada por el GIEI.

El grupo de expertos pidió repetidas veces copia de la investigación oficial sobre la barranca, pero la SEIDO nunca la mandó. En noviembre de 2015, parte del grupo fue finalmente al lugar. En su último informe antes de salir de México, los investigadores independientes escribieron que en el lugar “no se observaban variaciones en la tierra o que existieran indicios de que ahí se había realizado una quema o remociones para extraer cuerpos”. O sea, el GIEI nunca pudo confirmar que el lugar que revisó en la barranca, fue el mismo de donde los peritos habían levantado los restos.

Libres, los únicos detenidos

Los vicios en el debido proceso contra los presuntamente implicados en la desaparición de los 43 normalistas, se evidenciaron cuando su defensa pudo demostrar que les fueron fabricados los delitos por los que fueron detenidos.

A julio de este año, 78 de los 142 detenidos por su presunta participación en el caso Ayotzinapa fueron liberados luego de que se demostró su inocencia o se comprobaron fallas en el debido proceso como tortura, detenciones ilegales y fabricación de pruebas. Entre los liberados se encuentran algunos de los hombres que fueron el pilar en el que la extinta Procuraduría General de la República sustentó parte de la llamada “verdad histórica”: la que asegura que los estudiantes fueron asesinados, sus cuerpos calcinados en el basurero de Cocula, y sus cenizas y huesos esparcidos en el río San Juan de Guerrero.

Desde 2018 gozan de libertad Agustín García Reyes El Chereje, Jonathan Osorio Cortéz, El Jona y Patricio Reyes Landa, El Pato, acusados de los delitos de delincuencia organizada y secuestro de los 43 estudiantes.