#ElPuntoG – SCREWBALL – Entre balas y amenazas

Posted on julio 04, 2020, 12:33 am

ERNESTO OSORIO*

Una ola de violencia que vino a sembrar más incertidumbre a nuestro entorno, de por sí muy enfermo por el coronavirus, ensombreció el segundo aniversario de la victoria electoral de Morena y el presidente Andrés Manuel López Obrador. Quienes seguimos su mensaje del pasado miércoles coincidirán conmigo en que el funcionario público que subió ese día al atril del Salón Parlamentario de Palacio Nacional, no era el Presidente; la penumbra que lo envolvió fue en esta ocasión el único protocolo y no vimos arengar como en otras ocasiones, a ese líder carismático, desafiante, firme, afable y cercano a la gente, la gente que lo hizo llegar al poder.

En su primer informe a los mexicanos en 2019 Andrés Manuel López Obrador fue otro y muy distinto. Hace un año y días estuvimos en una explanada del Zócalo repleta, seguimos a los camiones que acarrearon a gente que vino de distintas partes del país para refrendar su apoyo al líder, y entre ellos, sus seguidores, se sentía todavía ese frenesí de victoria. Sus arengas, los “vivas” y los “aplausos” alimentaron el ego del líder y López Obrador se sintió en su estado natural.

Pero nadie podría imaginarse en aquel entonces que un año después el impacto de una pandemia viral hiciera lo que no pudieron los partidos de oposición en este país: minar la confianza de la gente hacia el proyecto de nación que López Obrador prometió impulsar.

El Presidente es actualmente un hombre distinto, se percibe a un sujeto enojado y resentido con la vida, un hombre triste, solo, confiado sólo en sí mismo y profundamente rencoroso que no perdonará nunca a sus adversarios el haberse montado en las secuelas de una emergencia sanitaria y aprovecharla para atacarlo. Hoy, a 19 meses de su victoria, el entorno de la economía nacional es incierto; la salud de todos está a merced de un virus que ha diezmado a la población, y el manejo político que el gobierno decidió darle a la información sobre el coronavirus, nos ubica en un contexto de decepción, enfado y… miedo, un terror que nos ha dejado una serie de eventos violentos que han sacudido al país en las últimas semanas.

Hoy, en plena dispersión de un virus que no sabemos a ciencia cierta a cuantas personas ha enfermado o matado, los capitalinos vivimos ya en la zozobra de vernos de pronto en medio de una ráfaga de metralleta como lo viven actualmente nuestros paisanos en Guanajuato o Sinaloa, en Michoacán o Guerrero. Hoy, la Ciudad de México, gobernada desde Palacio Nacional y administrada por la doctora Claudia Sheinbaum desde el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, es un blanco más del crimen organizado, que desde siempre ha convivido entre nosotros.

Las ejecuciones, los bloqueos de carreteras, la desaparición de personas que tanto asolan a otras entidades no las hemos visto aún, en gran parte gracias al eficiente trabajo desarrollado por el jefe de la Policía capitalina, Omar García Harfuch, pero el escenario no está lejos y eso debe preocuparnos.

Es cierto que la prioridad en este momento es atender y frenar la propagación del virus que ha lastimado a miles de hogares capitalinos, un número desconocido de víctimas que no podemos conocer porque desde Palacio se ungió a un vocero que conforme avanza la pandemia, va minando la desconfianza en su palabra. Pero no podemos dejar a un lado el tema de la inseguridad.

Sabemos, por fuentes cercanas, que la violencia se desatará muy pronto en la zona oriente del Centro Histórico.

Los comerciantes, formales e informales que se han visto afectados por el confinamiento en su economía no pueden seguir pagando el derecho de piso que insisten en cobrar los cárteles como la Unión o la Contra Unión, duramente golpeados en sus finanzas por el gobierno federal y la Unidad de Inteligencia Financiera. Los comerciantes, y principalmente los informales con sus líderes al frente, regresarán a recuperar su calles y lo harán ante un incierto panorama de legalidad y regulación que la administración de Claudia Sheinbaum no ha sabido o ha podido concretar.

Pero ese contexto poco le importa al inquilino de Palacio. Hoy, el Presidente dice que se siente molesto por no poderse alimentar de sus súbditos, y lo ha dicho. Le irrita el no poder acercarse a la gente, abrazarla, besarla. El Presidente también está enfadado con sus lugartenientes de Morena que se han enfrascado en una confrontación interna por la disputa del poder con miras al 2021, con lo cual nos han demostrado que ese partido, no es diferente a los otros como nos decían.

El escenario es poco alentador, y podríamos dejarlo ahí. Pero lo que preocupa es que en lugar de retomar el rumbo, ver hacia adelante y cerrar filas con todo México para enfrentar los dos principales problemas que nos aquejan -la violencia y la pandemia- el Presidente ha puesto sobre la mesa un amago, una advertencia que mas parece una declaración de guerra a sus críticos.

“Estoy buscando la manera de que cooperen, porque el atacarme es para ellos una empresa lucrativa, ¿cuánto les dan para atacarme? ganan por eso; entonces, deberían de cooperar en algo, que sigan atacando, no, pero que de lo que les paga, por qué es prensa vendida o alquilada, pues que ayuden en algo. O sea, si son un millón o 500 mil, pues que aporten 50 mil para una causa justa, y ya con eso este mantienen su permiso, su licencia para seguirme atacando”.

La declaración no debe echarse a saco roto. La ruta por la cual el Presidente busca callar la boca a sus críticos y frenar los comentarios adversos a su gestión de gobierno, es la ruta fiscal. Buscará aplicar la misma estrategia con la que  ahoga a los criminales para acallar a sus críticos y con ello, el Presidente se equivoca, alguien debería aconsejarle que erigirse en el censor de lo que se puede decir, y que no, sólo confirmaría muchas de las críticas de las que tanto le molestan.

La ruta del autoritarismo, no es la más recomendable, no en momentos en que los mexicanos, los capitalinos, estamos a doble fuego. Necesitamos un Jefe de Estado, no a un enemigo que amague y se distraiga en pleitos para desviarse de su única obligación que en este momento es gobernar para todos.

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*ERNESTO OSORIO

PERIODISTA

ERNESTO OSORIO GONZÁLEZ es fundador y Director editorial de los portales digitales: www.discursoydebate.com y www.gacetaciudadana.com.

Cuenta con 25 años de trayectoria periodística trabajando la fuente política y social de la Ciudad de México.

Su columna “Screwball” se publica en www.gacetaciudadana.com y en El Influyente.

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