Los usan y se les cuelgan

Por: ERNESTO OSORIO
Posted on diciembre 02, 2019, 6:06 pm

Otra vez, Andrés Manuel López Obrador sacó a la gente a las calles.

El Presidente de la República, fiel a sus ideales y hábitos de hacer política, convocó al “pueblo”, su amo -como él mismo lo reconoce- para que lo acompañaran en un acto masivo en el Zócalo de la Ciudad de México en el que rindió un tercer informe de sus actividades desde que ocupó el cargo. Fue mediante su cuenta de twitter como López Obrador se comunicó a sus seguidores y militantes de Morena, usando su cuenta personal, no la de la Presidencia de la República.

La convocatoria fue replicada por militantes, servidores públicos, legisladores, alcaldes, secretarios de estado (algunos, usando las cuentas oficiales en redes sociales como el Gobernador de Veracruz Cuitláhuac García y el Director del Instituto Mexicano del Seguro Social Zoé Robledo). El Partido Morena, hizo lo propio, y a través de sus estructuras sociales y secciones electorales, acarrearon a sus militantes hacia la Plaza de la Constitución.

Pero más allá de la logística de partido, los gobernadores de estados de filiación Morenista fletaron cientos de autobuses para poder trasladar a seguidores. Sin obstáculo alguno, con el auxilio de la policía capitalina y la permisividad de poder colocar los autobuses en espacios prohibidos por el Reglamento de Tránsito, más de un centenar de camiones identificados con mantas o cartulinas de Morena se estacionaron en avenidas como Paseo de la Reforma, Avenida Hidalgo, Bucareli, Pino Suárez, Guerrero, Independencia y la calzada de Tlalpan, entre algunas otras.

Minutos antes del discurso oficial, los acarreados de los estados de la República recibieron su “kit de lunch”. Algunos con torta, otros con sándwich, unos más de fruta y barras de granola y bebidas en Tetrapak guardadas en bolsa de plástico. El comercio ambulante, hizo su agosto en diciembre y fue una tarde de ganancia neta por los artículos promocionales de Morena, muñecos de plástico o trapo del mismo AMLO, gorras y sombrillas que fueron de gran demanda ante el inclemente sol que cayó sobre la plancha del zócalo.

No faltó tampoco quien diera la nota, como el padre Solalinde, asesor del Presidente quien tuvo que sortear dificultades con el personal de seguridad, el cual le prohibió el paso en 3 ocasiones, o el polémico Gerardo Fernández Noroña quien a punta de “mentadas de madres” se abrió paso para ingresar hasta la primera fila, no obstante haber llegado tarde.

Todos querían estar ahí. Todos los que en 2018 se candidatearon con mantas donde lucían fotografiados con su líder con lo cual obtuvieron el cargo que ahora ostentan, se colocaron en sus lugares previamente reservados.

El ambiente era festivo, sin lugar a dudas. Pero en sus comentarios los asistentes dejaban entrever su resentimiento, un odio hacia los políticos del pasado, que en cada frase que les dedicaba el Presidente siempre traía aparejada una rechifla de “chinga tu madre”. Los reporteros, fuimos objeto de ataques, de insultos. Cualquier persona con una cámara o chaleco de fotógrafo, una cámara o un micrófono, le resultaba incómoda a la gente. Irving Pineda, un reportero de TV Azteca que en una conferencia de prensa logró sacar de sus casillas al Presidente, fue identificado poruna señora quien le reclamó acremente. Poco a poco el periodista fue rodeado y de los insultos pasaron a los empujones. Personal del gobierno capitalino logró rescatarlo y ponerlo a salvo en una oficina para evitar mayores agresiones.

Desde su púlpito, López Obrador enlistó sus principales logros. En 84 minutos habló de los beneficios que han dejado sus programas sociales, animó a la gente a celebrar esa política, que según él, se habrá consolidado para el 2020. “Denme un año más”, pidió el primer mandatario a la multitud que agradecida, respondió de manera afirmativa.

El tema de la seguridad, fue un tema que hizo improvisar al Presidente. Fuera de su discurso que previamente se había entregado a la prensa, López Obrador reconoció que aún sigue siendo el gran pendiente de su administración y se dirigió a los jóvenes, para reiterarles que aquellas series de televisión donde los criminales viven de manera ostentosa es un espejismo y les pidió rencausar sus vidas hacia la educación y el entorno familiar.

Y mientras en el zócalo la clase política, fiel a la tradición del besamanos oficialista lanzaba loas y aplausos al máximo líder, que a diferencia de otros mítines del pasado, ahora si cuenta con los recursos y la infraestructura del Estado; en otra plaza no muy lejana, los ciudadanos, la gente que de manera espontánea salió a protestar por la inseguridad y la violencia que vive el país pedían la renuncia del Presidente concentrados en el Monumento a la Revolución.

Otra vez, los de blanco.

Así como en el año 2000, los capitalinos tomaron las calles para protestar por la inseguridad que vivía (y vive) la Ciudad de México a la que gobernaba Andrés Manuel López Obrador, este domingo primero los ciudadanos, en su mayoría espontáneos, volvieron a tomar las calles para exigir la paz que desde entonces no encuentra.

Encabezados por integrantes de la familia LeBarón, decenas de miles marcharon desde el Ángel de la Independencia hacia el Monumento a la Revolución para exigir al Presidente resuelva la falta de medicamentos, rescatar la economía nacional y detener la violencia que cada vez se agudiza en todos los estados de la República.

Pero la convocatoria no solo convocó a quienes se han visto perjudicados por la nueva administración presidencial. Aprovechándose de la solidaridad ciudadana que despertó la tragedia de la familia Le Barón ocurrida en Sonora, dirigentes del PAN, el PRI y el PRD se “colgaron” de la marcha ciudadana para alzar la voz y protestar contra el nuevo gobierno.

Lo que no han logrado hacer desde su trinchera, en las tribunas legislativas o desde los gobiernos que encabezan, la dirigencia opositora se encargó de lanzar ataques y consignas en contra de Morena y su gobierno. Hombro con hombro se vió marchar a los “Chuchos” Zambrano y Ortega, a una trasnochada del perredismo capitalino como la desempleada Nora Arias; al priísta Guillermo Lerdo de Tejada, diputado local del PRI, muy amigable con su par panista Jorge Triana con quien compartió playera; al dirigente nacional del PAN Marko Cortes y el coordinador de los diputados azules en San Lázaro Juan Carlos Romero Hicks quien por momentos platicaba con Mariana Moguel Robles, hija de Rosario Robles y ex diputada local del PRI.

El discurso de la oposición generó incomodidad entre los ciudadanos de a pie, quienes vieron con disgusto que la oposición se colara a su movilización.

“¿Qué hacen aquí?, si no pueden hacer nada en las Cámaras o en sus gobiernos, pues que no vengan aquí nada más a retratarse. Ellos no nos trajeron, no venimos con ellos. Dijo María de Jesús, una ama de casa de la colonia Roma quien junto con su familia marchó y molesta intentó correr de la marcha a un militante camaleónico que alguna vez, a instancias de AMLO se hizo Delegado en Iztapalapa: “Juanito”, quien con su tradicional banda tricolor pidió la renuncia del “traidor” López Obrador que, para él, es peor que Judas.

Entre las consignas que lanzaba la gente eran: “Despertemos México”; “López Obrador, México no es tu propiedad”; “Ni fifí, ni chairo, soy mexicano” y “Fuera López”.

Otras consignas reclamaban el desabasto de medicinas, la falta de crecimiento económico, el desempleo que se ha incrementado por causa de la austeridad aplicada al aparato burocrático.

Durante el recorrido, los opositores al régimen fueron objeto de ofensas por parte de seguidores de AMLO que al coincidir en el cruce de Reforma y Juárez intercambiaban insultos.

Pasado el mediodía la marcha ciudadana llenó la explanada del Monumento a la Revolución. Hicieron uso de la palabra la periodista Beatriz Pages, Elena Morera de Causa en Común y  Adrián LeBarón, padre y abuelo de las víctimas del ataque del 4 de noviembre, quien fue el orador principal del acto.

“Mi hija y mis nietas desde el cielo nos piden que no nos quedemos callados. Yo invito a las buenas conciencias, a las más valientes, a sembrar vida cada día y a plantarle cara sin descanso a cualquier tipo de violencia”, dijo con la voz entrecortada.

“Perdonen si ofendo a alguien, pero mi corazón está sangrando. Hoy estoy aquí sin que me importe el aeropuerto ni los colores. Perdonen si no es mi interés mentarle la madre a los presidentes. Perdonen, pero mi corazón está lleno de dolor. En este país perdemos la vida solo por querer vivir.

“Hago un grito desesperado para preguntar ¿cómo podemos unirnos antes de que nos maten a todos?

“Matar mujeres, niños y bebés es un acto despiadado para una familia y para todo un país. Pero seguir viviendo como si nada sucediera, es un acto de cobardía infinita”

Casi al final de su participación, pidió a los mexicanos unidad ante todo. Lamentó la polarización que vive la sociedad mexicana, alimentada desde el Poder Ejecutivo.

“Yo creo que tenemos que trabajar juntos para poder detener la violencia. Dividirnos entre nosotros nunca nos va a hacer un país civilizado y libre. Tenemos que cambiarlo todo, ningún presidente puede resolver el problema de la violencia porque los sicarios viven entre nosotros”, habría dicho Julián LeBarón antes de iniciar la marcha.

Al terminar su discurso, Adrián pidió un minuto de silencio en memoria de su hija y nietos acribillados por el crimen organizado, un gesto que dejó en el ambiente una sensación de tristeza e impotencia entre los asistentes.

Cuando los asistentes se dispersaron, la familia LeBarón se dirigió hacia el Museo Memoria y Tolerancia en la avenida Juárez para colocar una manta con la leyenda “manos inocentes por el derecho a la vida” en la que Adrián LeBaron pidió a los ciudadanos llevar a sus niños para plasmar sus manos y entregarla de manera simbólica este lunes al Presidente durante el encuentro que sostendrán con el.

Mientras la familia hacia esta petición, simpatizantes de Morena provocaron a los manifestantes hasta obligarlos a retirarse por considerar “que eran yanquis y rechazaron toda clase de intervencionismo extranjero”