Morena se quiebra

Staff/GC
Posted on enero 31, 2020, 7:49 pm

El poderoso Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que en 2018 se erigió como el partido político con mayor respaldo de la sociedad y que encumbró a su fundador Andrés Manuel López Obrador en la Presidencia de la República, está por sucumbir y fracturarse en corrientes diversas, producto de en una guerra intestina por mantener el control de todo y la ausencia de un liderazgo al que el mismo López Obrador ha renunciado.

Desde que en 2018 Morena se erigió en la principal fuerza política del país, tras los resultados electorales que le entregaron la mayoría en 20 de los 32 Congresos y el Congreso federal, así como siete gobiernos estatales y la Presidencia, ha encontrado dentro de sus filas la principal oposición. Las disputas intestinas le han impedido renovar su dirigencia desde noviembre de 2019, año en que debieron renovar su Comité Ejecutivo Nacional y algunos estatales.

Desde el 2011, año de su nacimiento como un movimiento social que encabezó López Obrador, Morena se preparó para ser un partido político que rescataría los mejores cuadros políticos de la izquierda socialdemócrata militante del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y de sus aliados el Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano, mientras preparaba una campaña presidencial para el año 2012.

Tras la derrota en los comicios presidenciales y luego de la alianza que el priísta Enrique Peña Nieto hizo con el PRD y Movimiento Ciudadano en el Pacto por México, López Obrador convocó a sus huestes de la derrotada alianza para fortalecer a Morena y comenzar una campaña de seis años para consolidar su oferta política: el cambio verdadero.

El resultado fue el resquebrajamiento total del PRD, partido que llevó a AMLO en el año 2000 a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal en un contexto de alternancia política que había logrado el panista Vicente Fox y que le serviría para llevarlo a ser el candidato presidencial del sol azteca en el 2006, el año del desafuero y en el que el triunfo de Felipe Calderón en la contienda presidencial se vio ensombrecido por la acusación de un nuevo fraude electoral.

Para 2014 Morena logró su registro como partido con solo 319.000 afiliados y fue el mazo que rompió el tablero político mexicano en 2018 con 30 millones de votos en los comicios presidenciales. El resultado electoral también abrió las puertas al partido a mil 500 millones de pesos de financiamiento público en 2019, aunque por decisión del mismo Presidente López Obrador, tuvo que renunciar a la mitad.

El éxito envilece

La victoria sin precedente de Morena, provocó un mal de alturas -como lo llamó el periódico español “El País”- en referencia a la disputa por el trono partidista, el cual dejó vacante López Obrador, quien como última decisión colocó a una empresaria conversa a política Citlali Ibáñez, (alias Yeidckol Polevnsjky) para ocupar la Secretaria General del partido en funciones de presidencia, figura inexistente en los Estatutos de Morena, pero que le servía a López Obrador para dejar que la militancia de su movimiento, eligiera a su nuevo dirigente nacional.

En octubre del año pasado, cuando se acercaba la fecha elegida por el partido para escoger nuevo líder, comenzaron a aflorar públicamente las diferencias. En algunas asambleas preparatorias hubo fraudes, peleas a puñetazos y hasta cuatro lesionados por una balacera registrada en Jalisco, que hizo recordar las viejas asambleas del PRI o del PRD para elegir candidaturas.

El malestar se ha agudizado en la antesala de 2021, cuando se celebrarán las elecciones más grandes de la historia de México. El próximo año será renovada en su totalidad la Cámara de diputados (500 asientos), 29 congresos locales, 15 gubernaturas y cerca de 2.000 alcaldías. Quien dirija el partido definirá miles de candidaturas y guiará al partido por este proceso, que será de consolidación o de fin del fenómeno.

Es justamente el poder que representa esta decisión, la manzana de la discordia que ha sumido a Morena a su muy corta edad, en una crisis similar a la que vivió el PRI en 70 años de liderazgo o al PRD en 25.

Las corrientes

Los grupos que se han conformado a partir de liderazgos pequeñitos que se atribuyen ser el factor de triunfo del movimiento son hasta el momento cuatro. Por un lado, la actual secretaria en funciones de presidencia, quien ostenta el respaldo de la mayoría de los Comités estatales.

Bertha Luján

Citlali Ibáñez (a) Yeidckol Polevnsky

En un partido tan vertical, creado a imagen y semejanza de López Obrador, las figuras cercanas al presidente no podían estar lejos de esta disputa por el poder. Bertha Luján ha sido una de las mujeres que han acompañado al mandatario desde que era jefe de Gobierno del Distrito Federal. Hoy es una de las aspirantes que busca suceder a Ibáñez y también ha denunciado el torpedeo legal que algunos militantes han instrumentado para evitar que el partido tenga nuevo líder.

Alejandro Rojas Díaz Durán.

Alejandro Rojas es el tercer aspirante y el responsable de una de esas estrategias legales. El político, senador suplente de Ricardo Monreal, es señalado como el autor de diversos recursos legales dedicados a empantanar el proceso sucesorio y cuestionar el padrón de militantes con el que se pretendía votar el nuevo liderazgo, con resolutivos que le han dado la razón en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Finalmente está el diputado federal Alfonso Ramírez Cuéllar,elegido como presidente interino de la organización en un Congreso celebrado el pasado 26 de enero y que a decir de la actual dirigente es ilegal, pues su convocatoria fue anulada por un fallo de la Sala Superior del TEPJF.

El legislador forma parte del círculo político de Claudia Sheinbaum, la jefa de Gobierno de Ciudad de México, una de las gobernantes de Morena de más alto perfil. Ramírez Cuéllar fue dirigente “El Barzón” y busca erigirse ahora en el símbolo de unión y consenso que el partido busca.

Mario Delgado

Alfonso Ramírez Cuellar.

«Mi nombramiento es para organizar el proceso de elección de la dirigencia y restablecer la institucionalidad y de esta forma sacar al partido de los tribunales», dijo en una entrevista con el diario Milenio. Pero ese futuro es, de momento, poco probable. Polevnsky ya ha amenazado con impugnar la elección del domingo con el argumento de que no existía el cuórum necesario y carecía de legitimidad.

Porfirio Muñoz Ledo.

Por si fuera poco, en el Congreso de la Unión, crisol donde se pretenden fundir los lineamientos normativos que garanticen el proyecto político de López Obrador, Morena muestra también distintas caras.

En 2019, la renovación de la presidencia de la Mesa Directiva del Senado dejó entreve las pugnas entre Martí Batres y el zacatecano Ricardo Monreal, quien ha sido reiteradamente acusado de traicionar a su bancada con alianzas y acuerdos con la oposición.

Ricardo Monreal (izq.), Martí Batres (der.)

En la Cámara baja, el ex priísta y ex perredista Porfirio Muñoz Ledo ha cuestionado duramente la política migratoria del Presidente, lo cual ha generado la molestia de sus compañeros de bancada, que leales a su gran líder, lo defienden a capa y espada, aunque ello implique pasar por encima del gran maestro, calificado así por el coordinador Mario Delgado, quien como fiel súbdito a su jefe político Marcelo Ebrard, pretende también contender por la dirigencia de Morena y controlar la elección del actual canciller como “el tapado” para 2024.

La trama en Morena se enreda día con día ante la mirada indiferente de su creador, quien utilizó la estructura política del partido como trampolín electoral.

El método democrático es el que Morena ha buscado desde hace meses, pero parece haberse perdido en un laberinto sin fin, que lo conduce al cementerio donde yacen sus progenitores: el PRI y el PRD.